Investigadores detectaron un 8% de ratones positivos para el virus Junín

Universidad Nacional de Río Cuarto - Facultad de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales

December 17, 2018 | 15 ′ 26 ′′


Investigadores detectaron un 8% de ratones positivos para el virus Junín


Se trata de la especie Calomys musculinus. Los resultados surgieron de análisis serológicos de muestras de sangre de estos roedores, causantes de la fiebre hemorrágica argentina.

Fue un hallazgo. Desde hace muchos años, ésta era considerada una región limpia, pero en la zona rural de Chucul, investigadores de la Universidad Nacional de Río Cuarto encontraron hasta un 8 por ciento de prevalencia de ratones con anticuerpos del virus Junín.
La presencia de anticuerpos para ese virus es preocupante porque, si bien en esta parte del país hay, desde siempre, abundante cantidad ratones de la especie Calomys musculinus, no se habían detectado individuos con evidencia de ser portadores efectivos del mal de los rastrojos.

Se trata de una investigación que, con distintas líneas de trabajo, realizan desde hace años docentes del Departamento de Ciencias Naturales, que ahora están centrados en las variables predictoras de abundancia de roedores reservorios de agentes zoonóticos.
Estudian cómo influyen las condiciones en las que viven, las características que tienen los lugares donde hay mayor abundancia de roedores y las variables ambientales que permiten predecir la presencia o la abundancia, y recurren a la teledetección satelital de factores climáticos y ambientales.

Trabajan para desarrollar modelos predictivos de la abundancia en relación a variables de historia de superficie de cultivos y calidad de borde, para aplicar en poblaciones de roedores reservorios de agentes zoonóticos.
En este sentido, determinan los valores de abundancia de roedores en diferentes bordes de cultivo; describen por medio de mediciones en terreno y sensado remoto la cobertura de vegetación; establecen las relaciones entre variables de calidad de borde y de historia de superficies de cultivos con la presencia y abundancia de roedores; y ver los valores de infección.

La directora es la doctora en Ciencias Biológicas, María Cecilia Provensal, quien, sobre esta prevalencia detectada en la zona aledaña a Río Cuarto, dijo: “Para que se manifieste la enfermedad, los valores de abundancia tienen que superar un umbral. Cuando las poblaciones del roedor están en altos valores de abundancia es más probable la transmisión”.

Los ratones no se enferman, por eso no se habla de contagio. La investigadora explicó: “Este porcentaje de prevalencia no es bajo. La transmisión del virus es de tipo horizontal, de roedor a roedor, y eso se logra cuando están bastante contiguas las poblaciones”.
“Los valores de abundancia eran altos en la zona epidémica central -Buenos Aires, Santa Fe y Sureste de Córdoba-. El lugar de estudio estaba considerado no endémico; no estaba presente el virus, no había zonas rurales donde se hubiera detectado la presencia del virus en el ratón”, agregó.
Y siguió: “La mayor abundancia de ratones permite que el virus circule más fácilmente y que haya ese contacto roedor-roedor, que garantiza que el virus se mantenga en la naturaleza”.

En estudios de hace más de veinte años, las determinaciones serológicas dieron negativo. Ahora se detectó el anticuerpo circulando en sangre. Esta última es la forma de confirmar si el virus realmente está presente.
La transmisión se da a través de orina, heces o saliva. Estos animales están permanentemente royendo para desgatar los dientes, los incisivos que tienen crecimiento continuo. Y, si tienen el virus circulando en sangre, lo eliminan por la saliva, además de la materia fecal y la orina.

Esta especie de ratón también ha sido encontrada en la zona urbana de Río Cuarto, en terraplenes del ferrocarril, a orillas del río y en baldíos, cuando se realizaron muestreos en la ciudad hace varios años. Pero en aquella oportunidad, los roedores dieron negativo al análisis de anticuerpos para el virus Junín.

Las muestras de sangre se envían a Pergamino

Provensal es corresponsable de las asignaturas Teorías de evolución, Manejo de poblaciones animales, y Ecología y conservación, en el Departamento de Ciencias Naturales de la Facultad de Ciencias Exactas, y lleva adelante estos estudios junto con otros seis investigadores y becarios.
La docente puntualizó: “Nosotros hacemos los estudios ecológicos. Nos encargamos del muestreo de las poblaciones de roedores, la determinación de los valores de abundancia, el registro de las variables ambientales, y los modelos y relaciones que se puedan establecer entre abundancia y esas variables, para ver si son buenas predictoras de la presencia de los roedores y los lugares donde están; y cuáles son los sitios óptimos para su establecimiento y su reproducción. Y profesionales del Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas, que está en Pergamino, son quienes, una vez extraída la muestra de sangre, hacen la parte de detección viral y los análisis serológicos”. Allí hay laboratorios de nivel tres y cuatro de seguridad, para trabajos de alto riesgo, como lo es en estos casos.

Los marcan, los liberan y luego los vuelven a capturar

En un laborioso trabajo de muchas horas en el campo, los investigadores capturan los ratones, les marcan una oreja, los devuelven al medio, y los vuelven a capturar en una nueva visita al lugar de estudio.
Trabajan, generalmente, con mucho calor, al rayo del sol, con todos los elementos de bioseguridad que incluyen botas, guantes, camisas largas y sombreros.
Ni las lluvias ni el frío son impedimentos para el trabajo, porque los muestreos no se pueden interrumpir.
Llevan a cabo este trabajo en la zona rural de Chucul, en un área de 50 kilómetros cuadrados. Cuando hay alta abundancia llegan a capturar hasta más de cien individuos por día, con la colocación de 450 trampas. Los picos poblacionales se dan en otoño.

Hacen muestreos en tres campañas: diciembre, febrero-marzo, abril-mayo; para lo cual conforman un equipo de cuatro personas, que viajan todos los días a la zona.
Como el ratón se mueve de noche, colocan las trampas de día y vuelven para revisarlas a la mañana siguiente.
Los atrapan con trampas que son especiales, de tipo Sherman. Al animal se lo captura vivo, se lo marca con una clave numérica, en el pabellón de la oreja; se lo vuelve al lugar y luego se lo identifica en posteriores capturas.

Por estación, trabajan a campo entre 15 y 20 días. Esto es así en el inicio de la primavera, en el verano y en el otoño; épocas que tienen que ver con el periodo del cultivo y con el ciclo anual de la población de roedores, que comienzan a reproducirse en la primavera y van aumentando hasta llegar a la máxima abundancia en el otoño.
Calomys musculinus es un roedor que en el campo no vive más de seis meses. Hay variantes, que están relacionadas con la época del nacimiento. Los que nacen en el final del periodo reproductivo, cuando termina el verano y empieza el otoño, pueden sobrevivir mejor las bajas temperaturas y son los que, finalmente, pasan el invierno y pueden llegar a la primavera siguiente. Pero, ninguno supera el medio año de vida.
Mucho más longevos son los individuos sacados de su medio y llevados al laboratorio; donde logran perdurar hasta tres años.

Alta reproducción: cada hembra tiene un promedio de 30 crías

Como todos los roedores, Calomys musculinus tiene una alta tasa de natalidad. Su reproducción es permanente, puesto que la hembra queda preñada ni bien da a luz, porque aprovecha el celo post parto, con lo cual alcanzan grandes abundancias en períodos cortos.
El promedio de crías por hembra es de 7,5 y cada una puede tener en su vida hasta cuatro camadas. Algunas son de diez hijos, otras de seis. Es una reproducción altísima.
Tienen un sistema de apareamiento promiscuo, esto es el acceso compartido a varias hembras por parte de los machos.

Recurren al análisis de imágenes satelitales

Los investigadores utilizan imágenes satelitales provistas por la CONAE, para observar variables a campo, que por la escala con la se trabaja sería imposible relevarlas manualmente.
En particular, están centrados en los valores de índice de verde, es decir, de vegetación. Para ello, interpretan las imágenes de los lugares que han georreferenciado, donde se capturan los ratones.
Así, establecen relaciones entre lo que se lee desde el satélite y lo que hay en ese lugar con respecto a la abundancia de roedores.

Y, con imágenes satelitales y los relevamientos del roedor de tiempo pasado, procuran reconstruir la historia del lugar. Esto cobra importancia, puesto que hubo grandes modificaciones desde los ‘90 hasta ahora, a raíz de los cambios en los cultivos, especialmente el reemplazo del maíz por la soja.
Para sus estudios, recurren a la teledetección satelital de factores climáticos y ecológicos. Sobre todo ambientales, la temperatura en superficie de tierra y el índice verde (biomasa o cobertura vegetal).

Competencia de roedores en los bordes de los sembradíos

El maíz y el maní están muy asociados con estos roedores, aunque habitan sobre todo en los bordes de los sembradíos y rastrojos. Sin embargo, del ancho del borde depende que esté en mayor o menor número Calomys musculinus. Esto es así porque entre las especies hay competencias. Cuando está establecido el ratón de la especie Akodon azarae, los Calomys musculinus están en menor cantidad.

El borde es la superficie comprendida entre el alambrado y el camino, por fuera del cultivo. Y el roedor que transmite el virus Junín presenta mayor abundancia cuando ese espacio tiene un ancho entre 1,5 y hasta tres metros; si supera tales dimensiones comienza el predominio de su competidor Akodon azarae.
Dejando fijo el ancho del borde, se hizo una comparación entre cultivos de soja y de maíz y los valores de abundancia de Calomys musculinus fueron significativamente diferentes. Es mayor la cantidad en el maíz. Ahora, los universitarios se plantearon analizar la historia de rotación de cultivos en cada lote, como así también la historia del borde en cuanto a la vegetación y ver qué pasó con los ratones en el borde, cuánto los afectó el cambio.

Un largo camino

Uno de los muchos trabajos realizados por este equipo fue con el ratón colilargo, que transmite hantavirus, llevado a cabo en la localidad de Cholila, al noroeste de Chubut. Hicieron muestreos y determinaron las especies de roedores que había. Sobre esta especie llamada Oligoryzomys longicaudatus, que produce el hantavirus, en la UNRC se hicieron tres tesis doctorales.

Otras dos tesis doctorales se llevaron a cabo en torno de otro importante trabajo de campo, que se realizó en las zonas urbanas de la ciudad de Río Cuarto. Estudiaron la laucha doméstica y encontraron individuos con anticuerpos para el virus de la Coriomeningitis Linfocitaria, capaz de producir en la mujer embarazada abortos espontáneos y malformaciones en fetos. La prevalencia fue de un 15 por ciento.
Provensal comentó: “Hace muchos años que trabajamos con roedores, tanto en ambientes naturales, silvestres, agroecosistemas, específicamente, y también con roedores urbanos”.
La docente subrayó el interés de su grupo por definir las variables que son importantes para el incremento en número de los roedores, que le proveen refugio y alimento. Por ello, consideran como una variable determinante la cobertura vegetal.
Puntualizó: “Se trabaja con los bordes de campos de cultivos, donde están las malezas, las floras nativas o prístinas. Ahí es donde los roedores, generalmente, están establecidos, porque les confieren protección y refugio, tanto para defenderse de los depredadores, como para nidificar y reproducirse”. Y acotó: “Algunas de esas plantas también son parte de su dieta. En ese caso, le confieren un doble beneficio, el refugio y el alimento”.
Seguidamente, señaló: “También hay algunos roedores que ingresan a los cultivos en determinados momentos, cuando los cultivos tienen un crecimiento un poco mayor. De hecho, el Calomys musculinus, ratón que trasmite el virus Junín que produce la Fiebre Hemorrágica Argentina o mal de los rastrojos, come el grano de maíz; se traslada entre el cultivo y el borde. Y cuando termina la cosecha, el rastrojo es utilizado para nidificar y refugiarse”.

Una media docena de especies en la zona

Sobre la realidad analizada en la zona rural de Chucul, Provensal dijo: “Hay varias especies de roedores que están en estos agroecosistemas, algunas con mayor abundancia que otra, y eso tiene que ver con lo que les ofrecen esos hábitats, que son los bordes de los cultivos o los mismos cultivos”.
En los agroecosistemas de esta zona hay seis especies, mientras que en ambientes menos antropizados o menos perturbados el número llega a la decena.
Calomys musculinus, ratón que trasmite el virus Junín, es uno de los más abundantes en estos sistemas. Akodon azarae está en los bordes de cultivos y en pastizales y otros tipos de ambientes; transmite un genotipo viral de hantavirus que nos es patógeno para el hombre. Calomys venustus transmite el virus Latino like, similar al que produce fiebre hemorrágica en Bolivia, pero este no es patógeno para el hombre.
“Aquí el roedor que nos preocupa es Calomys musculinus. Pero, además está, con menos abundancia en estos lugares, el Oligoryzomy flavescens, que también es de bordes de cultivos, pero que se encuentra más en ambientes naturales, menos intervenidos por el hombre”, señaló la investigadora.
Sobre esta última especie, apuntó que “los valores de abundancias son irruptivos. Hay momentos que están en alta abundancia y otros en baja. Y no es un roedor fácilmente detectable. En estos agroecosistemas los capturamos en bajo número. Hay más abundancia en la región centro de Buenos Aires y Santa Fe. Y es patógeno para el hombre, puesto que es uno de los transmisores de uno de los genotipos virales de hantavirus”.
Además de ver cuáles son las variables que mejor explicarían la presencia y abundancia de estos roedores, los investigadores también hicieron estudios serológicos. Sacaron muestras de sangre de los roedores para ver si tenían presencia de algunos de estos virus.
En los estudios de virología para Oligoryzomy flavescens no se ha detectado presencia de hantavirus -una infección pulmonar grave, algunas veces mortal-. “No lo hemos detectado, lo cual no necesariamente significa que no esté”, aclaró Provensal, aunque las probabilidades serían muy escasas, por los bajos números poblacionales.
Finalmente, la doctora Cecilia Provensal, remarcó: “Es necesario señalar que para el caso de la Fiebre Hemorrágica Argentina existe la vacuna. Y esto es importante para todas aquellas personas que trabajan o están en relación con actividades de campo. De allí la importancia también de que nuestros estudiantes de Biología, Agronomía y Veterinaria se vacunen”.

Alberto Ferreyra
prensa@rec.unrc.edu.ar
Deolinda Abate Daga
Departamento de Prensa y Difusión


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