La Universidad de Belgrano impulsa biocorredores para Buenos Aires

Universidad de Belgrano - Facultad de Ciencias Exactas y Naturales

May 13, 2019 | 10 ′ 1 ′′


La Universidad de Belgrano impulsa biocorredores para Buenos Aires


Eduardo Haene, Ingeniero Agrónomo y Profesor de la carrera de Ciencias Biológicas de la Universidad de Belgrano lleva adelante una investigación sobre biocorredores como estrategia para garantizar la conservación de la biodiversidad en la CABA. Se trata de un apasionante desafío para el paisaje urbano que caracteriza a la ciudad. El desarrollo urbano justamente trabaja “contra la conservación de especies”, fragmentando los hábitats, introduciendo especies exóticas e interrumpiendo ciclos naturales del paisaje.

En la Universidad de Belgrano se trabaja en la creación de una reserva natural universitaria que contribuirá a la conservación de la biodiversidad y nos permitirá rescatar y valorizar la vegetación autóctona de la región, en particular, algunas plantas aromáticas y medicinales. En estos pocos meses de inicio del proyecto de biocorredores porteños, hemos comprobado la avidez que hay por este tipo de iniciativas dentro de distintos ámbitos. La idea es fácil de comprender y, en particular, todos pueden encontrar una tarea donde sumarse. La primera respuesta la dan los “habitantes” del archipiélago, esas personas convencidas en el trabajo participativo y comunitario. Sabemos que, con su participación, crecen plantas nativas que atraen a la fauna nativa. El sueño, entre todos, se hace realidad.

-Eduardo, contame primero qué son los biocorredores.
-Como te comenté, la urbanización provocó la fragmentación de los hábitats, por lo cual reducir la fragmentación mediante la conexión es una solución interesante. ¡De este modo surge el concepto! Un corredor es en general “una matriz territorial o mosaico de usos de la tierra que conecta fragmentos de hábitat natural a través del paisaje”. Los biocorredores son, entonces, “corredores de naturaleza”.

En la ciudad se crearon dos reservas naturales urbanas (Costanera Sur y Costanera Norte-Ciudad Universitaria) y hay tres en formación (Lago Lugano, El Renacer de la Laguna y El talar de Veterinaria). Empiezan a desarrollarse iniciativas “aisladas” de jardines con plantas nativas, mediante el enriquecimiento con flora autóctona en espacios verdes y las tareas de restauración ambiental. Cuanta mayor sea la conexión entre estas reservas mediante biocorredores, mayor impacto podrá lograse en la conservación de la flora y fauna autóctonas. Veámoslo así: estos jardines con plantas nativas en la ciudad son los que permiten brindar refugio y alimento a la fauna autóctona. O sea, podemos imaginarnos estas conexiones que dan lugar a los biocorredores como “parches silvestres en una matriz urbana”.

-Además de proteger la biodiversidad y la fauna y flora autóctona, ¿hay otros beneficios?
-Los patrones de paisaje que promueven la conectividad para especies, comunidades biológicas y procesos ecológicos son un elemento clave en la conservación de la naturaleza en ambientes que se han visto modificados debido a impactos humanos. ¡Más de veinte años de ensayos de corredores biológicos en el mundo nos permiten comprender sus beneficios en relación a la conservación de la biodiversidad! Pero, además, el contacto con la naturaleza es clave en la salud humana, de modo que el aumento de espacios verdes y jardines en la ciudad resulta fundamental, no sólo para la conservación de la flora y fauna autóctona sino, también, para nuestro propio bienestar.

-¿Cómo surge este proyecto de crear una Reserva Natural en la Universidad de Belgrano?
La República Argentina ha firmado 14 acuerdos internacionales en materia ambiental. Tres de ellos, en particular, están vinculados con la conservación de la biodiversidad. Específicamente, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tiene también compromisos formales de conservar la biodiversidad de su territorio por su propia legislación (art. 27 de la Constitución de la Ciudad) y como distrito federal, aplican en el territorio los acuerdos internacionales antes mencionados. De modo que cuando pensé un proyecto de investigación en la Universidad de Belgrano, sospeché el sinergismo posible al sumarnos a iniciativas ya en gestación (mayor conexión, mayor conservación). La interacción coordinada con actores claves nos trae nuevos escenarios alentadores para consolidar biocorredores en la Ciudad. Los biocorredores los abordamos como “archipiélagos de naturaleza” en un “mar de cemento y asfalto urbano”. Otro de los conceptos aportados por la Ecología para diseñar biocorredores dice que en la medida que las “islas” estén mejor conectadas podrán tener más intercambio de ejemplares y con ello funcionarán como un solo espacio. O sea, tendrán más especies que si estuvieran aisladas. El proyecto de investigación de biocorredores porteños que impulsa la Universidad de Belgrano tiene un gran potencial de generar sinergias. Así, el trabajo integrado entre las diversas iniciativas puede formalizar la conservación de más naturaleza en la Ciudad.

-¿Cuándo iniciaron el proyecto en Belgrano y qué han logrado hasta ahora?
-En marzo de 2018 se inicia el proyecto de biocorredores porteños en UB. La iniciativa ya se presentó en 9 encuentros y jornadas con alumnos, expertos y funcionarios. Por ejemplo, en el ciclo Ciudad Resiliente, organizado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y en el Tercer encuentro de la Red de Viveros de Plantas Nativas. En paralelo, en la revista científica de la UB publicamos un artículo sobre una experiencia reciente de nodo de biodiversidad en un jardín de 45 m2 que tuvo una respuesta fabulosa. En tres meses tuvo más de 2000 lecturas en mi página personal de ResearchGate, más las aportadas desde el portal oficial de la revista.
Uno de los desafíos cumplidos fue realizar un diagnóstico participativo. Para ello, en manera conjunta con Aves Argentinas, convocamos a un taller a los 14 clubes de observadores de aves de la región metropolitana. Casi todos presentaron un diagnóstico del nodo de alta biodiversidad donde concentran sus salidas. Así tuvimos un panorama de las principales fuentes de naturaleza de la Ciudad de Buenos Aires y alrededores. Las aves silvestres son indicadores ambientales inmejorables y los naturalistas los más activos observadores de campo de estos sitios. Quedamos todos motivados por la calidad de las presentaciones, que están en proceso de edición para su incorporación al documento de biocorredores porteños.

-¿Cuáles son esos antecedentes, esas iniciativas de gestión ya en desarrollo?
-El profesor de la Facultad de Veterinaria, Juan Claver, realiza cursos de observación de aves silvestres en libertad desde hace tres décadas con Norberto Montaldo, docente de Agronomía, ambos de la Universidad de Buenos Aires. Claver lidera el Club de observadores de Aves del barrio de Agronomía, un emprendimiento de Aves Argentinas, la ONG referente en ornitología en el país. Su accionar ha generado una creciente conciencia ambiental en la comunidad universitaria, clave para entender los cambios en marcha.
Además, los avances que vamos teniendo en el proceso de creación de una Reserva Natural Universitaria en la Facultad de Ciencias Veterinarias es un ejemplo maravilloso. El Centro de Educación y Gestión Ambiental de Veterinaria logra en 2015 proteger un monte de tala de apenas 1/8 de hectárea en el campus universitario. Se trata de un bosque del árbol nativo emblemático de Buenos Aires.
Consolidar nodos de alta biodiversidad en Agronomía-Veterinaria nos interesa para fortalecer el verdadero “continente” y empezar a idear conectores con otro gran espacio verde porteño: el Cementerio de la Chacarita y el Parque Los Andes. El “puente” entre ambos nodos verdes puede ser un rosario de “islas” e “islotes”: enriquecer con plantas nativas otras plazas intermedias, jardines privados y el arbolado de veredas.

- ¿Cómo se conecta esta reserva de UB con las otras actividades en desarrollo que comentas?
-Hay otras dos gestiones sumamente alentadoras en marcha. Por un lado, desde la UB presentamos a la Facultad de Agronomía una propuesta para enriquecer el lugar con plantas nativas que brinden alimento y refugio a mariposas y picaflores. Es una manera práctica de consolidar un nodo del biocorredor Agronomía-Chacarita. A partir de la primavera de 2018 se conformó una comisión de trabajo que integra nuestra iniciativa de la UB con otra similar que había surgido desde la Tecnicatura de Jardinería. Profesores, directivos universitarios, alumnos y una ONG, Chicos Naturalistas, estamos ahora abocados a concretar, antes de fin de año, dos intervenciones para sumar canteros con plantas nativas. La Facultad de Agronomía ha puesto un apoyo fabuloso a la iniciativa, a la cual confiamos se podrán ir sumando los vecinos del predio.
La otra gestión está vinculada a un biocorredor que integra varios espacios verdes públicos, desde el Parque Sarmiento en la Ciudad de Buenos Aires hasta la Universidad de San Martín (UNSAM), en el partido bonaerense homónimo. Todo surgió a partir de nuestra participación en un taller organizado por la UNSAM para pensar ideas ambientales para Campo de Mayo. En el debate final se planteó la idea de enriquecer el campus universitario. Pocas semanas después fuimos convocados para profundizar el tema y presentamos desde la Universidad de Belgrano una propuesta para pensar la Universidad como un nodo clave en el biocorredor Capital-Provincia. En la actualidad fuimos convocados para analizar la posibilidad de sumar esta propuesta al “Masterplan del Campus Miguelete”. Posiblemente, la mejor respuesta que podíamos esperar.

-¿Cómo ves el futuro de este proyecto?
-La visión de un archipiélago de naturaleza en un mar de cemento, que pensamos al momento de presentar la iniciativa, se va tornando tangible ya que todos los habitantes de la Ciudad pueden participar plantando plantas autóctonas, como la pasionaria, lo que atrae a la fauna autóctona.

Dra. María Claudia Degrossi
claudia.degrossi@ub.edu.ar
María Claudia Degrossi
Secretaria Coordinadora de la Comisión de Políticas de Investigación


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