Universidad Nacional de La Plata - Facultad de Ciencias Médicas

02 de Julio de 2009 |


Prevenir la exposición de los aviones a la radiación



En forma conjunta con la Academia de Ciencias de Bulgaria, científicos de la UNLP proyectan monitorear los niveles de radiación que reciben los vuelos a partir de la colocación de un dosímetro de radiación cósmica solar en el satélite argentino SAC “D”. En nuestro país se realizan vuelos últra prolongados de más de 13 horas en rutas transpolares, lo que somete al pasaje a un mayor riesgo de recibir radiaciones cósmicas. La exposición a la radiación cósmica afecta al genoma humano. Los efectos más usuales son la aparición de tumores y las alteraciones genéticas.

Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de La Plata elaboró un proyecto para instalar un medidor que permite monitorear los niveles de radiación recibidos por la tripulación y los pasajeros de la aviación civil y comercial.

El proyecto, dirigido por el doctor Vicente Ciancio, prevé la colocación de un dosímetro de radiación cósmica solar en el satélite argentino SAC “D”. El medidor pondrá especial atención en las radiaciones generadas en el Hemisferio Sur. Esta iniciativa se desarrolla en forma conjunta con la Academia de Ciencias de Bulgaria.

La radiación cósmica se forma por partículas que se desplazan a una velocidad próxima a la de la luz. Está constituida por dos componentes: uno de origen galáctico, y otro vinculado a la actividad solar. Estas partículas barren todo el espacio conocido, pero no logran alcanzar la superficie de nuestro planeta, dado que tanto la atmósfera como los campos geomagnéticos de la tierra actúan como un escudo protector contra la energía radioactiva.

Por la altitud que alcanzan -un promedio de 13 mil metros-, los vuelos de la aviación civil y comercial quedan más expuestos a los efectos nocivos de la radiación cósmica, porque a medida que los aviones se acercan a las capas superiores de la atmósfera, disminuye la protección que ésta ofrece.

A su vez, cuanto más nos acercamos a los polos de la Tierra, también decrece la protección de los campos geomagnéticos. Este dato es de vital relevancia para nuestro país, cuyas rutas aéreas internacionales obligan en muchos casos a volar por el espacio aéreo que está alrededor del polo.

Según explicó Ciancio, en 1997 la UNLP realizó las primeras mediciones de radiación en pilotos argentinos de vuelos internacionales, a través de dosímetros personales termo luminiscentes. Los resultados fueron concluyentes: los niveles de dosis de radiación que recibía la tripulación superaba los límites máximos permitidos para la población, según lo establecido por la Comisión Internacional de protección radiológica, con sede en Viena.

A partir de allí, los investigadores realizaron los estudios para determinar los efectos producidos en esos mismos pilotos por la exposición a la radiación. Los análisis indicaron un aumento significativo de la frecuencia de aberraciones cromosómicas.

Ciancio explicó a InfoUniversidades que “la exposición a la radiación cósmica afecta al genoma humano; se producen mutaciones a nivel cromosómico que alteran de forma irreversible determinados genes encargados de regular funciones específicas del organismo humano”. Uno de los efectos más usuales es la aparición de tumores malignos como consecuencia de la alteración en el ciclo de reproducción celular.

El especialista en medicina aeroespacial aseguró, además, que estudios epidemiológicos realizados en los países nórdicos y en Canadá confirmaron que las tripulaciones registran índices de mortalidad por cáncer mayores a los del común de la población. En el caso de las azafatas, se registró un incremento del 50% de mortalidad por cáncer de mama y de piel respecto de la población general.

Lograr poner en órbita un medidor de radiación cósmica permitirá contar con un informe actualizado y permanente de los niveles de radiación que se generan en nuestro Hemisferio Sur, desde la Antártida a la Quiaca. Acceder a una medición confiable y en tiempo real permitirá diseñar estrategias de prevención sanitaria, tal como ya lo hicieron las aerolíneas norteamericanas, canadienses y europeas.

Ciancio concluyó que “con los datos recibidos desde el satélite es posible prevenir la exposición de tripulantes y pasajeros a los efectos nocivos de la radiación”. Por ejemplo, explicó, se puede recomendar a los pilotos reducir la altitud, o modificar las rutas de vuelo, o bien suspenderlas hasta un nuevo informe favorable. Esta estrategia aún no se ha puesto en práctica en toda América Latina. Por la cantidad de horas de vuelo, los más afectados son los miembros de las tripulaciones; sin embargo, los pasajeros no están exentos de sufrir daños biológicos. Se registraron casos de vuelos que coincidieron con la formación de grandes tormentas solares, exponiendo a todo el pasaje a máximas dosis de radiación.

Para el titular del proyecto, “en términos físicos, la protección que puede ofrecer el fuselaje de un avión a la radiación cósmica es de muy baja eficacia; además -agregó- la radiación es absolutamente imperceptible ya que quienes quedan expuestos no registran sensación ni malestar alguno”.

“La radiación cósmica y los daños biológicos que produce en los seres humanos deben ser atendidos con especial atención en nuestro país, sin embargo, seguimos realizando vuelos ultra prolongados de más de 13 horas en rutas transpolares, lo que irremediablemente nos somete a un mayor riesgo de recibir radiaciones cósmicas”, sostuvo el investigador.



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En experimentos con ratones, investigadores de la UNC y de la UNL lograron optimizar la efectividad del tratamiento contra este tipo de tumores. Lo hicieron al reducir químicamente el tamaño de las nanopartículas que transportan y depositan la droga en el tejido tumoral. De esta manera, el tratamiento podría ser más corto, menos costoso y reduciría los efectos secundarios adversos de las terapias tradicionales.

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Mamografías: a mayor compresión de la mama durante el estudio, menor es la dosis de radiación requerida

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