Universidad Nacional de Rosario - Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas

29 de Abril de 2019 | 7 ′ 22 ′′


Alcohol: Uso y abuso

Alcohol: Uso y abuso


Docentes realizan talleres con alumnos de escuelas secundarias para ampliar el conocimiento que tienen los adolescentes sobre los efectos nocivos que el consumo de alcohol etílico o etanol produce en el organismo.

“Alcohol: Uso y abuso” es un proyecto de extensión educativo, dirigido por Valeria Cholich, de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario, para ampliar el conocimiento que tienen los adolescentes sobre los efectos nocivos que el consumo de alcohol etílico o etanol produce en el organismo.

La iniciativa surgió de la experiencia de la docente al participar, junto con profesores de su área, en la Semana de la Química (jornada que organiza todos los años la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas, que busca acercar la disciplina a estudiantes de nivel medio). “Allí notamos que los chicos no tienen mucha idea sobre cómo actúa el alcohol en su organismo y cuáles son los efectos tóxicos. Para ellos el alcohol es un estimulante porque provoca desinhibición, lo cual es un concepto totalmente erróneo”, detalla la investigadora.

Las docentes comprobaron el gran interés entre estudiantes y profesores del secundario sobre las propiedades, usos y efectos toxicológicos del alcohol, y decidieron trasladar la experiencia a las escuelas secundarias.

Cholich es docente e investigadora del área Toxicología y junto con Gabriela García, de Tecnología Educativa, graduados y alumnos de diferentes carreras de la Facultad, decidieron brindar a los alumnos una mirada más científica sobre lo que es el alcohol etílico y cuáles son sus efectos en el organismo.

El alcohol etílico, etanol o simplemente alcohol es una sustancia de importancia toxicológica dada su acción depresora del sistema nervioso central. Al ingresar en el organismo genera en pocos minutos alteraciones en el sistema nervioso central. Inhibe progresivamente el funcionamiento de los centros cerebrales superiores y produce desinhibición conductual y emocional. Aunque en un principio parece estimulante por la euforia que provoca, esto no es más que la sensación que se origina cuando el alcohol produce inhibición sobre los centros cerebrales responsables del autocontrol. Conforme aumenta la concentración de alcohol en sangre, produce una depresión no selectiva del cerebro deteriorando la función psicomotora, la percepción sensorial, hasta alcanzar los centros vitales respiratorio y vasomotor, pudiendo llevar al coma y a la muerte.

El proyecto trabaja sobre el uso y abuso del alcohol desde una perspectiva interdisciplinaria química, biológica y toxicológica e interinstitucional, con alumnos de cuarto y quinto año de escuelas medias de la ciudad.
“Los chicos tienen muy baja percepción de los riesgos del consumo. El alcohol es un depresor del sistema nervioso que actúa muy lentamente, comparado con otras sustancias que producen más rápido somnolencia y generan desvanecimiento”, explicó la profesional y agregó: “El etanol, al actuar más lentamente, produce esa sensación de desinhibición tanto de las conductas como de las emociones, debido al efecto inicial que puede hacer que las personas actúen de manera que normalmente no lo harían, como gritar en lugares donde no está permitido, orinar en la vía pública, andar desnudo. Y si la concentración de alcohol aumenta en sangre los efectos tóxicos se hacen cada vez más peligrosos, como pérdida del equilibrio, disminución de la visión, somnolencia, depresión respiratoria, desvanecimiento y hasta pudiendo llegar al coma alcohólico”.

La docente señala que muchos jóvenes suelen consumir grandes cantidades de bebidas alcohólicas en muy poco tiempo y eso produce los efectos tóxicos más serios. A veces son bebidas con una alta graduación alcohólica y lo hacen sin ingerir alimentos, además dada su condición de adolescentes “muchas veces sus pares no saben de qué manera reaccionar y se puede producir un desenlace fatal”.

Las bebidas alcohólicas son drogas legales porque cuentan con una edad mínima en la cual está permitido consumirlas; en Argentina es a partir de los 18 años. Se considera que la última etapa del desarrollo del cerebro culmina aproximadamente a esa edad y que recién a partir de ese momento de la vida, una persona tendría la capacidad para asumir los riesgos de sus actos y sus consecuencias.

Según datos de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas (Sedronar), en 2017 el 60% de los adolescentes había consumido alcohol en el último mes y la edad de iniciación de esta bebida está entre los 12 y 13 años, mientras que el mayor momento de consumo son los fines de semana.
“La llegada del alcohol a la sangre desde el estómago e intestino se va a ver facilitada o retardada por distintos factores, uno de ellos es la ingesta de alimentos, especialmente con alto contenido graso, que hace que la absorción del alcohol hacia la sangre sea más lenta y la acción tóxica sobre el cerebro sea menor”, señala Cholich.

Los efectos del etanol en el sistema nervioso central también están vinculados a la capacidad del hígado de metabolizar esa molécula. Esta capacidad del organismo para biotransformar al alcohol y que pueda ser eliminada es limitada, cuando el sistema se satura el alcohol se acumula al no poder metabolizarse.

El alcohol etílico es metabolizado en hígado por oxidación a través de diferentes enzimas a acetaldehído, después a ácido acético y finalmente a dióxido de carbono y agua.

Cuando se consumen grandes cantidades de alcohol, se pueden observar unas horas después síntomas desagradables como náuseas, sudoración, vómitos, cefaleas, sensibilidad a la luz, y es debido a la acumulación de acetaldehído en el organismo que no pudo ser metabolizado, siendo uno de los principales causantes del cuadro denominado “resaca”.

El objetivo del proyecto es lograr que los adolescentes adquieran mayor conocimiento en torno al consumo del alcohol, sabiendo lo que les produce y por qué, y, si es posible, lograr el cambio en su forma de consumir, y se transformen en promotores de salud entre sus pares.

Por el momento, el proyecto se lleva a cabo con alumnos de los últimos años de la escuela media porque tienen una noción más avanzada de química, lo que permite desarrollar talleres interactivos con actividades experimentales. Cholich señala que los docentes de las escuelas secundarias pretenden trabajar con alumnos de todos los años, dado que es una problemática que a las escuelas les resulta difícil abordar y a veces no afecta sólo a los estudiantes sino, en muchos casos, a sus familias y amigos.
“Más adelante, nos gustaría incorporar en el proyecto a psicólogos o trabajadores sociales que nos ayuden a profundizar en la problemática sobre el consumo de alcohol y en las respuestas que podamos brindar a los adolescentes”, sostuvo.

Este proyecto actualmente se desarrolla en dos escuelas públicas de la ciudad, ubicadas en zona oeste y norte. Los establecimientos educativos que quieran saber más sobre el programa o formar parte del mismo pueden escribir a vcholich@fbioyf.unr.edu.ar


Ileana Carrizo


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