Universidad Nacional del Litoral - Facultad de Humanidades y Ciencias

11 de Mayo de 2020 | 10 ′ 58 ′′




Especialistas de la UNL plantean algunas claves para pensar la pandemia causada por el virus COVID-19 desde las ciencias sociales. La necesidad de estudiar un escenario de crisis y profundas desigualdades, donde vuelven a pensarse las redes comunitarias, el rol del Estado y las políticas públicas. Un análisis sobre la dimensión de esta pandemia que coloca a la ciencia frente a un escenario inédito.

Considerada desde la sociología, la dinámica de la pandemia declarada por el virus COVID-19 puede pensarse tanto en la escala mínima de las interacciones cotidianas hasta sus alcances más estructurales, económicos, sociales, institucionales y políticos. El desafío parece estar en la aceleración de ese proceso, a merced de la evolución descontrolada de microorganismos, mientras la agenda de las redacciones de todo el planeta transmite los contagios minuto a minuto, los casos en estudio, las muertes, la crisis del sistema sanitario; y construye junto a las redes sociales la épica de una comunidad solidaria, sobre la que cabría al menos hacernos algunas preguntas.

Desde una perspectiva estructural, Obradovich, docente e investigador de la Facultad de Humanidades y Ciencias (FHUC) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), señalaron a Argentina Investiga que la escala inédita de esta pandemia y las consecuencias que apenas comenzamos a vislumbrar, permiten considerar como antecedentes de estudios sociales dos líneas que abordan algunos aspectos en común con el contexto actual, como el riesgo de vida y el aislamiento: la bibliografía sobre guerras, conflictos sociales y enfrentamientos civiles, por un lado; y la referida a catástrofes climáticas, como lluvias prolongadas, inundaciones o períodos de frío intenso. Una diferencia con esos acontecimientos es que en la pandemia de coronavirus “no hay un factor externo, como puede ser el climático; ni otro grupo humano amenazante, como ocurre en un conflicto”.

Esos estudios dan cuenta de una consecuencia que podría considerarse paradójica, ya que las poblaciones sometidas a procesos de sufrimiento amplio “generalmente se unen, se articulan, crean más solidaridad en contextos muy adversos”. Para Obradovich, frente a desarrollos más extremos del individualismo, la pandemia puede traer consigo una idea potente en términos culturales: “La necesidad de cuidar a los otros puede ser una novedad de este proceso, que habrá que estudiar cómo se da, cómo resulta, porque esto viene con la misma crisis”.

La ciencia frente a un escenario inédito

Cómo opera la desigualdad, cómo afecta la pandemia a las poblaciones más pauperizadas, es un elemento relevante para los estudios sociales; en particular si se tiene en cuenta que la cuestión sanitaria y las consecuencias económicas del aislamiento impactan en una población con un 35,5 % en situación de pobreza y 8 % de personas por debajo de la línea de indigencia, en el segundo semestre de 2019, según datos del INDEC.

El debate público se desarrolla en el contexto de “una sociedad muy desigual, con una porción importante de su población excluida y una debacle institucional en los sistemas estatales; con una salud pública que se achicó en los últimos años, en vez de desarrollarse para la atención de las capas más empobrecidas, los sectores medios que migraron a servicios pagos y una descentralización que no fue buena”.

Retomando los ejemplos de estudios sobre catástrofes o traumas colectivos, Obradovich señala la importancia de los procesos posteriores, donde pueden desarrollarse significaciones compartidas, representaciones colectivas y sus consecuentes alineamientos institucionales y políticos. En este marco, “es importante pensar qué rol tenemos como Universidad dentro de esa creación cultural, política, colectiva, sobre eventos tan traumatizantes para la sociedad, que nos exigen estar a la altura”. Vendrá después el tiempo de reconstruir “tomando en cuenta el escenario de desigualdad en el que se da esta crisis”.

Frente a la posible transformación a escala global y nacional, se plantea, entre otras, la pregunta sobre el rol del Estado: “Si vamos a tener una mejor idea del sistema público, de la necesidad de desarrollar el Estado, o no. Si vamos a tener un país más abierto o se van a establecer nuevos cierres, con modelos estatales más clásicos o más conservadores. Algo de eso se está discutiendo y es importante pensarlo. Y en ese proceso, intelectuales y científicos pueden tener un papel importante”.

Sr. Coronavirus

A una semana del comienzo de las medidas de aislamiento, Ernesto Meccia, docente de la FHUC-UNL, publicó la columna “Sr. Coronavirus, usted no sabe quién soy yo”, en el diario Página/12, donde llamó la atención sobre la aplicación, cuanto menos apresurada, de algunos conceptos de las ciencias sociales para pensar la pandemia y sus consecuencias. No todos los ejemplos de la realidad sirven para aplicar conceptos, advertía. Y a la inversa, no todos los conceptos se aplican tan fácilmente a los hechos. En esa misma nota, recurrió a la idea de “estatus difuso” para analizar aquellas situaciones donde las jerarquías sociales irrumpen durante el aislamiento –con violencia física incluso- ante el tratamiento igualitario que supone la norma.

Consultado acerca de lo que podría pensarse como la contracara de esas reacciones, la solidaridad y el sentido de comunidad, el docente insiste en que la sociología “tiene que estar atenta para ver qué sale a la superficie y no partir de hipótesis esquemáticas del tipo “la pandemia fomenta la solidaridad” o su contrario “la crisis sanitaria revelará el ADN profundo del neoliberalismo, que es el individualismo egoísta”. La pandemia se configura como una situación que habilita el análisis social, donde es conveniente evitar los relatos que magnifican solo algunas conductas. “Por estos días vemos y escuchamos de todo”, continúa Meccia. “Resulta que ahora tendríamos –como por golpe de magia- a las fuerzas represivas convertidas en una “policía comunitaria” que cuidaría de nosotros. También sabemos de personas que en nombre del resguardo de la comunidad denuncian a vecinos sin motivos sustantivos, y de otrxs que no soportan ser parte de la misma comunidad porque creen que su estatus social superior oficia de profilaxis. El caso del entrenador que no respetó la cuarentena y golpeó al custodio de su edificio por pedirle que lo hiciera, fue revelador”.

Desnudar las metáforas

Con relación a la idea de solidaridad, “pareciera que la sociedad aprovecha la pandemia para felicitarse a sí misma, una especie de auto-premiación que es, en realidad, una lavada de cara. Miles y miles de trabajadoras domésticas que la están pasando muy mal porque sus patronxs dejaron de pagarles ya que no pueden ir a sus casas a limpiar, son la prueba doliente de la ficción solidaria. “Comunidad” y “solidaridad” son metáforas. Y como sociólogo me tengo que preguntar desde qué lugar se enuncian, para qué sirven y a quiénes le sirven”.

Estas formas de narrar la pandemia también pueden ser pensadas como un efecto de esta: “Como la enfermedad incrusta incertidumbre en una sociedad que sueña con el orden, se la intenta conjurar armando un relato cerrado”, explica Meccia. El aporte de la sociología en este contexto puede pensarse como “una radiografía que muestra lo que existe para no caer en predicciones basadas en pensamientos conspiranoicos o en sueños comunitarios dulces”. Y agrega que esa es la manera de evitar el pensamiento metafórico que generan las enfermedades, sobre todo cuando evolucionan de manera descontrolada y a escala planetaria. En esas claves, recuerda los aportes de Susan Sontag, en sus ensayos “La enfermedad y sus metáforas” y “El sida y sus metáforas”. En ambos escritos, producidos con algo más de una década de diferencia, el primero de ellos en 1978, sobre el cáncer y la tuberculosis; y el segundo, a partir de la epidemia de HIV; lo que analizaba no eran las enfermedades en sí sino los usos que se hacen de ellas como figuras o metáforas, y hasta qué punto la reputación de la enfermedad aumentaba el sufrimiento de quienes la padecían. Para la autora, “el modo más auténtico de encarar la enfermedad es el que menos se presta y mejor resiste al pensamiento metafórico. Sin embargo, como es casi imposible ser y estar enfermo por fuera de las metáforas, lo que le cabe al pensamiento intelectual responsable es desnudarlas”, afirma Meccia.

Impacto social del aislamiento

Un grupo de docentes e investigadores de la FHUC-UNL y del Instituto de Humanidades y Ciencias del Litoral (IHUCSO) de la UNL y el CONICET formó parte de un relevamiento sobre el impacto social de las medidas de aislamiento dispuestas por el Poder Ejecutivo Nacional, en el marco de la pandemia de coronavirus. El estudio se realizó de manera virtual, contactando a referentes barriales, miembros de ONG’s, de movimientos sociales, personal de seguridad, personal de la salud, referentes religiosos, y de comunidades indígenas, entre otros. Algunos de los consultados pertenecen a organizaciones que trabajan en varios barrios de la ciudad de Santa Fe, pero otros se localizan en San Lorenzo, San Agustín II, Villa Hipódromo, Santo Domingo, Cabal, La Guardia, Vuelta del Paraguayo, Guadalupe, Alto Verde, Santa Rosa de Lima y Roma. Además, se contactaron con referentes de la comunidad de Arroyo Leyes.
A partir de las respuestas se realizó un informe sobre la situación en Santa Fe, que estuvo a cargo de Gabriel Obradovich.

Política pública

Desde FHUC se indicó que la iniciativa pertenece a la Comisión de la Unidad Coronavirus; conformada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, el Conicet y la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica. El pedido fue canalizado a través del Consejo de Decanas y Decanos de Facultades de Ciencias Sociales y Humanas (CODESOC) y de la Asociación Nacional de Facultades de Humanidades y Educación (ANFHE), a la decana de la FHUC, Laura Tarabella.

Con esta iniciativa, multiplicada a nivel nacional, se procura relevar las percepciones y experiencias de dirigentes barriales, comunitarios y miembros de colectivos que operan a nivel local en toda la República Argentina. Sus respuestas, según los responsables de la Unidad Coronavirus, “son claves para contar con una visión federal sobre los aspectos que deben ser reforzados desde la política pública, así como sobre los comportamientos de los colectivos e individuales para enfrentar a esta pandemia”.

Priscila Fernández
priscilaf@unl.edu.ar
Laura Loreficcio
Dirección de Comunicación Institucional


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