Bebidas energizantes, bajo sospecha

Universidad de Buenos Aires - Facultad de Farmacia y Bioquímica

31 de Marzo de 2014 | 7 ′ 38 ′′


Bebidas energizantes, bajo sospecha


En la reunión anual de la Sociedad de Radiología de los Estados Unidos se presentaron datos sobre cómo los energizantes modifican el funcionamiento cardíaco a una hora de ser consumidos. En Argentina el hábito de tomarlos, con frecuencia mezclados con alcohol, aumenta cada vez más. Es por esto que especialistas analizan las consecuencias de la ingesta de este tipo de bebidas cuyos componentes incrementan la tasa de contracción del ventrículo izquierdo del corazón.

Una investigación de la Universidad de Bonn, Alemania, presentada en la reunión del año 2013 de la Sociedad de Radiología de los EEUU, mostró que el corazón altera sus parámetros normales de bombeo, aun en personas que han consumido una sola unidad de las llamadas bebidas “energizantes”, una hora después de haberlas ingerido.

Si bien son datos preliminares, y los primeros que muestran alguna relación entre el consumo de estas bebidas y sus posibles efectos, los científicos se preguntan ahora cuáles podrían ser las consecuencias en el largo plazo de consumir varias unidades diarias de estas bebidas.

En 2013 la Administración de Servicios de Abuso de Sustancias y Salud Mental de los EEUU informó que la cantidad de pacientes atendidos en los servicios hospitalarios de urgencias debido al consumo de bebidas “energizantes” aumentó de 10.068 en 2007, a 20.783, en 2011. La mayoría de ellos tenía entre 18 y 25 años y en segundo lugar se situaban los de 26 a 39 años. También preocupa que el incremento del consumo entre los adolescentes tempranos y los niños.

En Argentina aumenta cada vez más el hábito de consumir estas bebidas, y es preocupante su mezcla con alcohol, en general vodka o champán, especialmente en las llamadas “previas”, es decir en los preparativos que estilan hacer los jóvenes antes de salir a bailar, entrada la madrugada de los fines de semana. También se nota el incremento en las cartas de bebidas de locales bailables y pubs de tragos que combinan energizantes con distintas bebidas alcohólicas. Asimismo, los estudiantes las toman para “concentrarse” mejor durante las épocas de exámenes y quienes practican actividades deportivas, para mejorar su rendimiento.

Toxicólogos de la Universidad de Buenos Aires señalaron que resulta de interés averiguar no sólo los efectos que podría tener la cafeína agregada a estos productos, sino en especial, la adición de taurina y glucuronolactona.

Las bebidas “energizantes” incrementan en forma significativa la tasa de contracción del ventrículo izquierdo del corazón, cuando se la mide una hora después de que los participantes del estudio, jóvenes sanos, hubiesen ingerido una unidad de tales bebidas, según lo informó el doctor Jonas Dörner, de la Universidad de Bonn, Alemania, en la Reunión Anual de la Sociedad Estadounidense de Radiología. “El ventrículo izquierdo es el motor del corazón. Recibe sangre oxigenada de los pulmones y la bombea hacia la aorta que, a su vez, la distribuye al resto del cuerpo”, graficó Dörner en una entrevista con BBC Word.

“Es sabido -dijo el científico alemán- que la taurina y la cafeína tienen efectos estimulantes de la contractilidad cardíaca”. A lo que agregó; “Pero lo que nos sorprendió son las diferencias (que muestran las imágenes tomadas antes y después de consumir energizantes) a pesar de que las concentraciones de taurina y de cafeína que usamos en el estudio no eran altas”. Utilizaron 32 miligramos por cada 100 mililitros de cafeína y 400 miligramos por 100 mililitros de taurina; es decir, concentraciones muy similares a las contenidas en las bebidas energizantes de mayor consumo.

El equipo de investigadores trabajó, en esta primera etapa, con 20 varones y 11 mujeres, todos voluntarios sanos, cuyo funcionamiento cardíaco fue evaluado mediante resonancia magnética con una novedosa técnica, conocida por las siglas CSPAMM (por complementary spatial modulation of magnetization). Hallaron modificaciones significativas en la contractilidad (peak strein y peak systolic strain rates). También, como parte de la investigación, el equipo de la Universidad de Bonn probó dar a algunos de los participantes una bebida que sólo contuviese cafeína -en este caso café helado- en la misma concentración que las bebidas energizantes ensayadas en la etapa anterior. Para descartar la posibilidad de que hubiese impacto residual, estas pruebas fueron realizadas entre 2 y 3 semanas después de la primera. En este caso, los investigadores no encontraron diferencias significativas en el funcionamiento cardíaco antes y después de consumir sólo cafeína.

“No hay evidencias científicas que consoliden el uso seguro de estas bebidas. Es posible que se produzcan interacciones entre los constituyentes de las bebidas energizantes, las cuales no han sido estudiadas todavía. Se considera posible una interacción entre cafeína, taurina y alcohol, esto marca la necesidad de que se investigue en humanos y, muy especialmente, en condiciones de ejercicio o fuerte actividad física; además es de notar la consecuente deshidratación que provoca”, destaca la doctora Edda Villaamil Lepori, profesora titular de la Cátedra de Toxicología y química legal de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires.

Ya en 2005, Villaamil, preocupada por el incremento del consumo en la Argentina, publicó un extenso informe sobre el estado de la cuestión en el órgano informativo de la Asociación Toxicológica Argentina. Por entonces, un estudio de la consultora ACNielsen mostró que a partir de septiembre de 2003 y hasta enero de 2004, el crecimiento del consumo en la Argentina había sido cercano al 300%. Todo indica que la tendencia se ha mantenido. En el mercado mundial, este segmento de productos mueve unos 2.500 millones de dólares estadounidenses por año.

“Es bien conocido que la taurina y el alcohol inhiben la liberación de la hormona antidiurética -vasopresina- por lo cual pueden actuar en forma aditiva sobre la pérdida de agua y sodio en el organismo en cortos períodos. Como consecuencia, puede producirse una rápida deshidratación con posibilidad de presentar un shock cardíaco”,

“Así también -explica Villaamil a Argentina Investiga- la concentración de glucuronolatonas que aportan los energizantes es de entre 2,5 y 30 veces la máxima dosis aportada por los alimentos. Es decir que, en caso de tomar una lata, se están ingiriendo 2,5 veces más que lo que normalmente incorporamos con la dieta”. A lo que agrega: “La cuestión es que no hay datos sobre las consecuencias para la salud de consumir altas cantidades de glucuronolactonas. Las bebidas energizantes son productos de venta libre, sin embargo, expertos de varios países no las consideran tan inofensivas como aseguran sus fabricantes”.

Por su parte, Jonas Dörner expresó que los resultados que encontraron en la contractilidad cardíaca no se sabe si afectan -y, de hacerlo, cómo- en las actividades diarias o en la performance atlética. “Todavía desconocemos en qué grado el consumo de bebidas energizantes puede conducir a eventos cardíacos adversos, tales como ataques o arritmias”, dijo el experto alemán. En especial, porque los investigadores alemanes estudiaron a jóvenes sanos.

Mientras tanto, los científicos recomiendan que los niños y las personas con arritmias diagnosticadas no consuman estas bebidas, dado que las alteraciones en la contractilidad pueden conducir a la generación de arritmias.



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