Biodiversidad en ríos y arroyos pampeanos, la Acacia negra y su impacto en la reducción de la cantidad de peces

Universidad Nacional de Luján - Departamento de Ciencias Básicas

18 de Enero de 2016 | 6 ′ 2 ′′


Biodiversidad en ríos y arroyos pampeanos, la Acacia negra y su impacto en la reducción de la cantidad de peces


Un estudio realizado por investigadores de la División Biología, del Departamento de Ciencias Básicas de la Universidad de Luján evidenció que las acacias en alta densidad reducen la luz que llega a arroyos y ríos, de manera que impiden que sobrevivan las plantas acuáticas. Estas plantas albergan una gran cantidad de microorganismos de los cuales se alimentan los peces.

Una investigación que lleva adelante la Universidad de Luján (UNLu) revela el efecto que producen estas plantas leñosas invasoras sobre arroyos y ríos de la zona pampeana. El estudio sobre la influencia nociva de la denominada “acacia negra” (Gleditsia Triacanthos) es desarrollado por los integrantes del Programa de Ecología de Protistas.

“Estudiamos esto desde hace dos años y nos interesaba saber si le producían daño al funcionamiento del río o algún tipo de carencia o modificación” indicó a Argentina Investiga Adonis Giorgi, el director del equipo.

Las acacias son plantas leñosas de la familia de las leguminosas que alcanzan 10 o 12 metros de altura en pocos años. Sus ramas tienen espinas que suelen resistir en suelos inundables y brotar muy rápido cuando encuentran condiciones favorables de luz y materia orgánica. Crecen cerca de los arroyos donde, al no haber árboles naturalmente, encuentran mucha luz. Asimismo el excremento del ganado que suele acercarse a beber en estos arroyos les aporta suficiente materia orgánica y los nutrientes que necesitan para desarrollarse en forma rápida.

Los resultados del estudio demostraron que las acacias en alta densidad reducen la luz que llega al arroyo y esto impide que sobrevivan las plantas acuáticas, que son una característica dominante en estos cauces. “Esto no sería tan importante si no fuera que las plantas acuáticas albergan una gran cantidad de microorganismos de los cuales se alimentan otros organismos más grandes, que son los alimentos de los peces” manifestó el investigador.

“Podría afirmarse que la gran cantidad de acacias reduciría en esos lugares la cantidad de peces que puede sobrevivir en ese ambiente. Esto es un primer aspecto, que además se ve reflejado en otras modificaciones”. Por ejemplo, se ha encontrado que al haber por un lado menos luz, pero por otro lado más aporte de materia orgánica (o sea alimentos que son las propias hojas de las plantas), proliferan algunos organismos que en general suelen encontrarse en baja cantidad, como el cangrejo de río. “Se hace más abundante porque tiene mayor posibilidad de alimentarse y no le interesa comerse otros organismos, porque come directamente lo que cae de los árboles”, aseguró Giorgi.

La invasión de las acacias

“En los arroyos de la zona pampeana esta invasión se produce desde hace 20 o 25 años. Ahora llega a un desarrollo tal que muchos árboles se han vuelto viejos y entonces empiezan a caerse o a desprenderse de ramas grandes por acción de hongos que los atacan y entonces tenemos en los arroyos mucha más cantidad de madera que no se va a descomponer y que actúa como barrera. Esto hace que en casos de mucha lluvia se incrementen los niveles de los ríos porque esta madera funciona como dique e impide el flujo natural del agua” agregó el especialista.

“Este es el diagnóstico de lo que sufriría el río o arroyo, que sería como un paciente, y que es un problema que no lo llevaría a terapia intensiva pero que hay que resolver de alguna manera” señalaron desde el equipo de trabajo. “En estos últimos tiempos vimos obras que se han dedicado a la limpieza de márgenes, que sería un principio de solución. El problema es que esa limpieza no elimina totalmente las acacias porque vuelven a brotar muy rápidamente y en término de un año o dos vuelve a conformarse este bosque marginal. Esto se debe a que la acacia tiene en sus chauchas un banco de semillas importante que ha llevado a que se expandiera tanto”, agregaron.

“Hay acacias en distintas partes del país. Se la ha encontrado en Buenos Aires, Santa Fe y Tucumán como planta invasora y lo que ocurre es que el ganado va comiéndose las chauchas y lleva las semillas a distintas partes. En general a partes cercanas a los arroyos porque en los últimos años el ganado ha sido empujado o marginado hacia zonas cercanas a los cuerpos de agua que son pobres e inundables, causa por la cual son sitios donde no se cultiva. En el resto de la zona se ha cultivado y entonces ha quedado el ganado restringido a esas zonas y ayuda a que las acacias puedan proliferar”, explicaron.

En definitiva, la acacia genera un problema aún no resuelto, porque si bien podría controlarse con sustancias que son tóxicas, esto de ningún modo es recomendable al crecer tan cerca del agua. Se han ideado otros métodos de control (descortezamiento, podas) pero no han demostrado ser totalmente efectivos. Dos medidas paliativas parecen surgir entonces como premisas, en lo inmediato un adecuado control, de carácter permanente, para ir eliminándolas, o alejar los suficientes metros de los ríos y arroyos al ganado, para reducir el efecto de dispersión y su velocidad de crecimiento.

EL equipo de investigadores de la UNLu que lleva adelante el estudio está conformado por la doctora Carolina Vilchez, la doctora Carolina Rodríguez Castro, el licenciado en Biología Sebastián Kravetz, la doctora Ana Torremorel y Eduardo Zunino, personal de apoyo del Conicet, bajo la dirección de Adonis Giorgi

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Fabián Perez
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