Universidad de Buenos Aires - Facultad de Agronomía

15 de Febrero de 2016 | 6 ′ 50 ′′


Biorremediación, al rescate de los recursos naturales



Las alternativas tecnológicas disponibles para solucionar problemas ambientales vinculados con la producción agropecuaria, la industria petrolera y la actividad minera fueron analizadas en el Primer Taller Internacional de Biorremediación, por investigadores de América latina y Europa, convocados por la FAUBA y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

La preocupación por el cuidado del ambiente promueve la investigación y la difusión de nuevas técnicas de microorganismos naturales para degradar o descomponer sustancias que pueden llegar a ser contaminantes en otras menos tóxicas o inocuas para el medio ambiente.">biorremediación para controlar el impacto ambiental generado por actividades humanas, agrícolas, mineras y petrolíferas, entre otras, mediante el empleo de microorganismos y especies vegetales. Recientemente, la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y el INTA convocaron a investigadores de Argentina, Chile, Perú, Suecia y España para debatir y exponer las últimas tecnologías disponibles en la materia.

La biorremediación es una tecnología emergente que utiliza organismos vivos (plantas, algas, hongos y bacterias) para absorber, degradar o transformar los contaminantes y retirarlos, inactivarlos o atenuar su efecto en el suelo, el agua y el aire. La técnica puede ser empleada para atacar contaminantes específicos del suelo, por ejemplo en la degradación bacteriana de compuestos organoclorados o de hidrocarburos.

“Hoy, la utilización de los recursos naturales se evalúa desde un nuevo paradigma que promueve la sustentabilidad ambiental, evita el empleo de prácticas contaminantes e implementa prácticas de biorremediación, cuando el problema ya es un hecho”, dijo a Argentina Investiga Inés García, investigadora de la cátedra de Microbiología Agrícola y una de las organizadoras del Primer Taller Internacional de Biorremediación.

“Realizamos este taller con el objetivo de reunir todas las alternativas tecnológicas disponibles para solucionar problemas ambientales. Abarcamos aspectos de la biorremediación que, si bien están en la agenda de los científicos, muchas veces no están presentes en la legislación o en su aplicación. Aún tenemos que crear conciencia sobre este tema”, sostuvo Lucrecia Brutti, investigadora de la cátedra de Edafología y del INTA, y coorganizadora del evento.

García afirmó que en la FAUBA existen diferentes experiencias sobre biorremediación. Al respecto, destacó el trabajo que se implementó durante cuatro años en un proyecto interdisciplinario en conjunto con otras universidades y la empresa YPF para biorremediar, mediante el compostaje, suelos de yacimientos contaminados con hidrocarburos y volver a utilizarlos en sitios de extracción. Esta práctica permitiría reducir la acumulación de este residuo y favorecer el almacenaje en sitios denominados repositorios.

“Esta técnica nos permitió activar comunidades de microorganismos que estaban presentes en el suelo y degradar los hidrocarburos”, explicó, y agregó: “La etapa siguiente se centró en la fitorremediación, mediante la utilización de plantas que colaboran en el proceso de degradación de los hidrocarburos, en conjunto con microorganismos. Tenemos expectativas de continuar con este proyecto y de obtener consorcios microbianos que incrementen la degradación de los hidrocarburos”.

“Casi el 80% de los suelos contaminados con hidrocarburos en la Patagonia se sanean con la técnica de biorremediación”, aseguró Adrián Acuña, investigador del Centro de Estudios e Investigación en Microbiología Aplicada (CEIMA) y la UTN Río Gallegos. El trabajo de Acuña se concentra en el límite de las provincias de Chubut y Santa Cruz, donde existe una intensa actividad de extracción de hidrocarburos y una problemática asociada a derrames durante sus traslados que provocan la contaminación de los suelos. Allí, se aplican diversas técnicas que favorecen la actividad microbiana del suelo, tales como el manejo del suelo mediante el agregado de fertilizantes y el movimiento con maquinaria, biopilas y biorremediación asistida in situ como la electrobiorremediación. Susana Vázquez, investigadora de la UBA, y Héctor Álvarez, de la Universidad de la Patagonia, mostraron metodologías de análisis y de aplicación de microorganismos en suelos antárticos y chubutenses, respectivamente.

Otras experiencias desarrolladas por Brutti abarcan la biorremediación de suelos que fueron destinados a rellenos sanitarios -una vez que están cerrados-, y la utilización de técnicas de compostaje con residuos de podas y lombricompuesto, para la construcción de espacios verdes destinados a la recreación.

Brutti adelantó que el Instituto de Suelos del INTA desarrolla nuevos proyectos para abarcar temáticas de manejo de residuos y tecnologías de biorremediación en establecimientos orientados a la producción ganadera intensiva, como los tambos, que generan grandes cantidades de efluentes.

“Muchas producciones del agro generan residuos o potenciales contaminaciones, algunas de las cuales ya están declaradas y otras que hay que prevenir”, apuntó García, y advirtió que en otros países existen tecnologías que aún no llegaron al nuestro, como las camas biológicas, que resultarían de fácil aplicación y servirían para resolver algunas de las principales problemáticas de la agricultura, vinculadas con el manejo de agroquímicos.

Respecto de esta cuestión, María del Pilar Castillo, investigadora del Instituto Sueco de Ingeniería Agrícola y Ambiental, se explayó en las experiencias que existen en Suecia con biorremediación de suelos afectados por pesticidas y señaló que las camas biológicas se emplean para controlar el manejo de productos químicos, evitar que entren en contacto con el suelo y degradarlos de forma natural. “Es un tema instalado en el mundo, y es nuestra intención comenzar a realizar los ajustes necesarios para poder implementarlo en la Argentina”, señaló García.

Desde Chile, diferentes investigadores se refirieron al manejo y la fitorremediación de áreas mineras, generalmente ubicadas en zonas áridas y ventosas, cuyos residuos contienen metales que, a diferencia de los hidrocarburos, no pueden ser degradados. Las plantas establecidas sobre un sitio contaminado absorben los metales a través de las raíces, donde quedan inmovilizados y por eso no constituyen un riesgo si son consumidos por los animales. A su vez, esta cubierta vegetal impide que los metales se dispersen a zonas aledañas y contaminen cursos de agua, sistemas agrícolas o centros poblados.

Durante el encuentro, Jorge Hilbert, del INTA, y Marisa Gómez, de la Universidad Nacional del Sur, recomendaron el uso de residuos orgánicos para la elaboración de biocombustibles, al referirse a las tecnologías y manejos enmarcados en la bioprofilaxis, que apuntan a evitar daños al ambiente, a las personas y a la salud de los animales.

“El taller propició un lugar de encuentro y discusión entre los disertantes y los asistentes, entre los cuales había investigadores, estudiantes y profesionales de empresas de biotecnología, quienes apoyaron el evento basados en la expectativa de trabajar en estas temáticas utilizando los conocimientos y los insumos adecuados”, concluyeron los investigadores.


Juan Manuel Repetto


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