Universidad Juan Agustín Maza - Facultad de Ciencias Veterinarias y Ambientales

07 de Diciembre de 2020 | 6 ′ 39 ′′


Coronavirus, zoonosis y los límites del control humano



El coronavirus ha puesto nuevamente al mundo en vilo. Esta y otras enfermedades emergentes socavan el aparente control humano y exponen su debilidad. En diálogo con Argentina Investiga, el doctor Mera y Sierra, director del Centro de Investigación en Parasitología Regional, habla de las zoonosis olvidadas, las reemergentes, las causadas por la pobreza y del nuevo coronavirus.

“La palabra 'erradicar' fue muy mal usada por el hombre: en nuestra soberbia hemos creído erradicar muchas enfermedades y hemos logrado muy poco, incluso muchas están volviendo”, explica a Argentina Investiga el doctor Roberto Mera y Sierra de la Universidad Maza.
Tras analizar las zoonosis, sus clasificaciones, el rol de los animales y de los humanos y presentar diversos ejemplos, en esta oportunidad el director del Centro de Investigación en Parasitología Regional (CIPaR) de la casa de estudios mendocina aborda esta problemática para enfocarse en los temas más actuales.

–¿Cuál es la situación de las zoonosis en nuestro país y en el mundo?
–Ya no puede hablarse de fronteras, estos patógenos no conocen de límites geográficos o políticos, como lo demuestran el coronavirus y la influenza. Es difícil regionalizar las zoonosis, pero tenemos algunas que, lamentablemente, son endémicas en nuestro país como la enfermedad de Chagas, transmitida por el vector vinchuca o la hidatidosis, que afecta a muchos sectores de la Argentina, incluida la región de Cuyo. Estas enfermedades podrían ser controladas pero no se utilizan las herramientas de las que se dispone.

Todo es muy dinámico, por ejemplo, la leishmaniasis visceral hasta hace poco era desconocida en el país y desde que comenzó en Misiones avanza a un ritmo vertiginoso, existen reportes en diversas zonas y provincias. En Estados Unidos, en poco más de una década, se habla de que se ha triplicado la cantidad de enfermedades infecciosas.

–¿Cuáles han sido los brotes más riesgosos?
–Aquí aparece el concepto de enfermedad reemergente, infecciones que se creían controladas pero vuelven desde las profundidades del olvido. Esto claramente se observa con la rabia, que hace décadas era una enfermedad terrible en la Argentina y gracias a la vacunación masiva de perros logró controlarse y hasta llegó a hablarse de erradicación, pero al relajar las medidas preventivas las enfermedades resurgen y, a pesar de que Pasteur desarrolló la vacuna hace más de cien años, sigue muriendo gente en América Latina porque no se inmuniza al principal reservorio.

En Mendoza tenemos el caso de la triquinelosis, que se conoce hace siglos y estuvo bastante controlada pero aparecieron casos letales por la proliferación de criaderos clandestinos de cerdos. Hace unas décadas, cuando surgió el hantavirus tuvo una alta letalidad y ahora está apareciendo una enfermedad transmitida por las garrapatas: la rickettsiosis.

También tenemos la distomatosis, que afecta al ganado y a los rumiantes, transmitida por un vector que es un caracol acuático. En ese caso se pensaba que no era una enfermedad importante para los humanos y, tras una revisión, vimos muchísimos más casos de los que se suponía. Esta zoonosis sigue expendiendo sus límites, es una reemergente.

–¿Por qué se habla de algunas y de otras no?
–Son diversas zoonosis y es difícil apuntar a todas…. Las clásicas endémicas son reflejo de pobreza, de no cumplir con medidas sanitarias básicas y de necesidades básicas insatisfechas, lo que hace que proliferen los vectores de una enfermedad, como es el caso de la vinchuca (mal de Chagas) o brucelosis (fiebre de Malta).

Luego tenemos las más espectaculares, que son las que llegan a noticia porque mueren personas en escenarios donde antes no estaba la enfermedad y ellas tienen publicidad, impactan en los medios; pero también tenemos zoonosis asesinas mucho más silenciosas, que producen su daño en poblaciones olvidadas. Si alguien se enferma de Chagas no nos enteramos en ningún lado.

–¿Considera que hay mucha variabilidad en la respuesta a estas problemáticas?
–Cuando se presenta una zoonosis en un lugar es una prueba de fuego para ver cómo la controlan los servicios de salud y cuán preparados están para manejarla. Es bastante complejo y multifactorial: la presentación de la enfermedad va a ser diversa entre países, entre provincias e incluso dentro de ellas. Si yo tengo acceso a agua potable y otros servicios básicos y estoy bien alimentado, obviamente va a ser más difícil que la enfermedad se presente en comparación con un contexto contrario.

–¿Pueden prevenirse y erradicarse? ¿De qué forma?
–En un momento se hablaba de erradicar enfermedades y fue como un chiste, enfermedades que la Organización Mundial de la Salud decía erradicar a los años rebotaban con mucha más fuerza que antes.

Sí se puede y es fundamental el tema de la prevención, que muchas veces se deja de lado por guerras, cuestiones culturales, económicas, etcétera. Acá entra en juego el rol de las autoridades sanitarias y de los gobiernos para promover e implementar estas medidas ya que muchas enfermedades son fácilmente prevenibles como la rabia, con la vacunación y la correcta profilaxis de la persona expuesta.

En cuanto a las transmitidas por vectores, debemos intentar controlarlos a éstos pero eso no significa ir a rociar insecticidas por todas partes, porque ahí parece que políticamente uno está solucionando todo, pero se debe hacer algo mucho más integrado, ya que no lo lograremos sólo a base de insecticidas, antiparasitarios y antibióticos; es más, el mal uso o abuso puede ser contraproducente. Es fundamental la educación de la población.

–¿Qué sucede con el coronavirus?
–Es una enfermedad muy difícil de prevenir porque ocurrió de forma explosiva, como otras emergentes. Hay mucha confusión hasta que la comunidad científica empiece a ver la epidemiología, la historia natural de la enfermedad. Es fundamental el trabajo y el compromiso interdisciplinario de la comunidad biomédica.

–¿Cuáles son nuestras debilidades y fortalezas ante estos conflictos?
–Tenemos que tener en cuenta nuestra gran desventaja, que es la capacidad de adaptación de estos patógenos. Como dijo uno de los primeros investigadores en el tema: lo que a un humano le lleva mil años, una bacteria lo hace durante la noche. Y la ventaja que tenemos es que podemos utilizar nuestra inteligencia… Para bien o para mal.


Gabriel Omar Chaud


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