El conflicto policial en Córdoba según la teoría social

Universidad Nacional de Córdoba - Escuela de Trabajo Social

05 de Mayo de 2014 | 11 ′ 38 ′′


El conflicto policial en Córdoba según la teoría social


Para el filósofo Alberto Parisí, los hechos ocurridos los días 3 y 4 de diciembre de 2013 en Córdoba tienen en su base un comportamiento antidemocrático de la policía y de determinados sectores sociales que aún se resisten al ejercicio pleno de la ciudadanía. En esta entrevista con Argentina Investiga, el especialista en estudios sociales intenta desentramar la complejidad de los sucesos que movilizaron a todo el país.

Respecto del conflicto policial de los días 3 y 4 de diciembre y los saqueos del pasado año 2013 que ocurrieron en Córdoba, y que luego se extendieron a otras provincias del país, el especialista señaló: “Tenemos la obligación de comenzar a esbozar explicaciones globales, multicausales, de lo sucedido. Dos ejemplos que no hay que seguir y que aparecen en los medios son el de Darío Giustozzi, intendente de Almirante Brown (provincia de Buenos Aires), que habla de la inflación como la causa de lo sucedido. El otro ejemplo es el del periodista Rolando Graña, quien habla de “paritaria salvaje”. Una paritaria es una institución tutelada por el Estado, que justamente es paritaria en términos de negociación y no puede ser salvaje: puede ser más o menos tensa, pero no salvaje. Y lo ha repetido a lo largo de una semana y media. Son dos ejemplos elementales de cómo no hay que entender este fenómeno.

-Quizás por eso la complejidad del análisis, porque existen múltiples factores…
-Se trata de un problema complejo y novedoso. Esto no es 2001 ni 1989, donde sectores sociales muy carenciados saquearon motivados por condiciones objetivas muy dañosas para su forma de vida, para poder vivir dignamente. En aquella oportunidad, saquearon básicamente alimentos, lo cual no impide que se hayan llevado otras cosas. Pero estaba claro que los actores eran los más perjudicados, los más excluidos.

-¿Qué aspectos diferencian a este fenómeno actual de los que usted referencia en 1989 y 2001?
-Este fenómeno no es el mismo, fundamentalmente por tres razones. Primero, porque estamos celebrando los 30 años consecutivos de democracia, un fenómeno inédito en el país. En segundo lugar, hay que destacar 10 años de avances muy importantes en el país, razón por la cual no hay un estado de situación como para que la gente decida avanzar, romper las reglas del juego y comenzar con saqueos. De hecho, lo sucedido ocurrió de distinta manera en diferentes provincias. Y por último, la tercera razón que nos diferencia es el fuerte carácter antidemocrático de la actuación policial.

-Analicemos el accionar policial…
-Hay varios elementos. Por un lado, una policía que no respondía a sus cuadros superiores, que habían sido descabezados tiempo atrás por connivencia con la droga. La nueva cúpula no tuvo la capacidad de lograr la verticalización de los mandos (cabe aclarar que la Policía es una organización vertical). Por otro lado, no había una conducción política que funcionara como vértice de esa conducción vertical, y me refiero inmediatamente a la ministra de Seguridad y también a la figura del Gobernador.

-¿No se veía venir el conflicto?
-Todos sabemos que 15 días antes de que comenzaran los hechos en Córdoba, circulaba un video “Anonymous” en el cual se lo estaba anunciando. Allí aparecía un enmascarado que, con un acento español, hablaba de la policía corrupta, de los derechos y decía que esto no podía seguir así. Era la crónica de un evento que se venía. Frente a esa situación, el Gobernador no podía irse. Y de hecho, cuando se fue, sus cuadros políticos fueron incapaces de hacer algo. Es más, el martes 3, a la noche, su ministra de Seguridad dijo que no consideraban recurrir a la Gendarmería. Con esto no quiero lanzar una hipótesis conspirativa, quiero decir que la ausencia fue una enorme irresponsabilidad. El tercer elemento, que es totalmente novedoso, es una nueva forma de lucha antidemocrática y que objetivamente esmerila la democracia.

-¿Cómo expresaron ese accionar antidemocrático?
-La Policía es una institución en la cual el Estado deposita instrumentos simbólicos y materiales, expresión de la presión y coerción social, en función del bienestar ciudadano. Por lo cual, la Policía no puede retirarse ni extorsionar al gobierno provincial, como se ha dicho por ahí, con una pistola en la cabeza pidiendo algo a lo cual el Gobernador se negó cuando llegó pero luego, a la una de la tarde, les había dado un básico más alto del que pedían. Esto no significa que la policía no estuviera mal paga. Un básico de 2.500 pesos que conformaba un salario de cinco o seis mil pesos es inconcebible. Con lo cual ha resultado un engendro que llevó a que todos los gobiernos firmaran por adelantado este requerimiento que era extorsivo, ilegal y antidemocrático.

-¿Cuánto va a costarnos lo que firmaron los gobernadores?
-La dificultad no es sólo de dónde saldrán los fondos, eso es secundario. Sino ese engendro fuertemente contradictorio que fue acordar con amotinados que abandonaron la seguridad ciudadana propiciando un descalabro que, si se hubiera producido en Buenos Aires con la fuerza que se dio en Córdoba, hoy la historia sería distinta.

Responsabilidad social

El conflicto comenzó cuando nos disponíamos a celebrar los 30 años de democracia. El desafío es pensar y repensar de qué manera desarticular prácticas nocivas. “Lo que viene es desmontar toda esta connivencia entre políticos y cuadros superiores corruptos y prácticas relacionadas al narcotráfico en muchas provincias”, asegura el especialista en estudios sociales.

-Hasta acá un análisis de la responsabilidad política y de la policía pero, por otro lado, vimos claramente que mucha gente salió a delinquir. ¿Por qué una sociedad llega a naturalizar el delito de esa manera?
-Esto fue un fenómeno global y eso es lo novedoso, abarcó prácticamente a todo el país, duró mucho y fue muy severo: costó vidas, daños materiales y un trauma social profundo. Se operó en términos de cuadros delictivos, de bandas depredadoras que eran incentivadas por la Policía. En muchos casos, la Policía hizo correr la voz a través de las redes sociales de que había peligro o que tales supermercados iban a dar bolsas de bienes a la gente. Eso era un incentivo para que la gente se acercara. Y lo que ha sido peligrosamente novedoso es que sectores con más capital cultural se avinieran a esto, se sumaran. Esto nos lleva a pensar en dos cosas: ¿qué parte de esos sectores están aliados a bandas que operan bajo conducción policial o conducción de sectores antidemocráticos? ¿Y qué pasa con el tejido social y la cohesión social argentina?

-Para muchos fueron “los negros”, los pobres, los que robaban…
-Hemos visto hasta el cansancio las imágenes de una mujer que sale con varios electrodomésticos y cuando el periodista le pregunta por qué está robando ella lo niega. No hay que caer en el falso esquema de decir “los negros son los que roban”, porque en realidad esos a quienes se llaman ‘los negros’ son los sectores que han sido excluidos de la sociedad y que, en determinados momentos como en 2001, por ejemplo, actuaron en defensa de su subsistencia. Hoy, estos sectores que van en coches caros y camionetas 4x4 no pertenecen al sector de los pobres.

-¿Podemos hablar de una crisis moral?
-En determinadas situaciones, en determinados eventos y circunstancias, el tejido social argentino demuestra labilidad y debilidad, y vemos que la cohesión social se desgarra, frente a lo cual hay que reaccionar con más democracia. Esto se cura con más democracia y con más protagonismo social. No se puede decir que en estos 30 años hemos retrocedido de tal manera que el tejido social está roto. Diría que hay una crisis que afecta en determinadas circunstancias al tejido social, a la cohesión social, a las inercias democráticas que deberíamos tenerlas ya incorporadas, así como la mayoría del país, para que sirva de anticuerpo frente a aquellos sectores que todavía se resisten al ejercicio pleno de la democracia.

-Otra cosa que llamó mucho la atención en Córdoba fue el discurso de muchos estudiantes en Nueva Córdoba y vecinos de otros barrios que decían: “Hay que matarlos a todos”, ¿qué reflexión le merece?
-Lo que impacta es ese discurso de gente que tiene posibilidad de incorporar un mayor capital cultural. De todos modos, y sin ánimos de generalizar, hay que tener en cuenta que si uno mira el estudiante tradicional de Nueva Córdoba, que viene del interior de los sectores ricos y sus papás les alquilan un departamento y tienen un promedio de gasto alto, tienen un perfil conservador básico y, en circunstancias donde se tensa el conflicto, reaccionan de esta forma. Uno ve mejor el perfil de los sectores sociales cuando el conflicto se tensa. Entonces, el conservador que puede ser muy atento, buen alumno y estudioso, llegado ese momento dice “hay que matar a todos los negros de mierda”.

-Pero volvemos al error que mencionábamos: no fueron sólo los sectores sociales más vulnerables…
-Si bien participaron sectores excluidos, también hubo participación de sectores sociales medios o altos. Y ahí aparece un interrogante más grande para aquellos que delinquieron: ¿qué pasó con tu capital cultural? ¿Cómo te aprovechaste de esta circunstancia? ¿Qué problema nos tirás a la conciencia social cordobesa, cuando decís que tu mamá se ha alegrado de lo que has robado? ¿Qué mensaje les estás dando a los demás jóvenes? Esto es expresión de lo que vos llamás ‘crisis moral’ y yo, desde una perspectiva de la teoría social, llamo ‘crisis puntuales de la integración social’, de la cohesión social que aparece en los momentos conflictivos.

-¿Cómo se curan las heridas que quedan?
-Con más democracia, lo que significa mayor participación. Padecemos un déficit de inclusión en la participación de los sectores más marcados por la pobreza, por los sectores más heridos por la crisis económica existente. Hay inflación y, si bien este Gobierno incluyó a través de la asignación universal a millones de personas y creó miles de puestos de trabajo, sin embargo todavía quedan muchas cosas por hacer. Todos los sectores deben ser incluidos, eso es más democracia.

Perfil

Alberto Parisí es profesor de grado y posgrado en las cátedras de Metodología de la Investigación y Epistemología de las Ciencias Sociales en Escuela de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Córdoba. Es autor de varios libros, entre los que cabe mencionar “Filosofía y dialéctica” (México DF), y “Una lectura latinoamericana de El Capital de Marx” (Córdoba, 1989), entre otros; es, además, coautor de numerosos libros, entre los que se encuentran “Pensamiento crítico latinoamericano e investigación cualitativa en Ciencias Sociales”. Publicó numerosos artículos en revistas científicas de ciencias sociales y filosofía de México, Venezuela, Ecuador, Chile, Buenos Aires, Brasil y Córdoba.

Andrés Fernández
comunicacion@rectorado.unc.edu.ar
Soledad Huespe
Prosecretaría de Comunicación Institucional


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