Universidad Nacional de Rosario - Facultad de Psicología

04 de Octubre de 2021 | 7 ′ 24 ′′


Estrés académico: un análisis sobre el miedo a rendir exámenes



Un equipo de psicólogos indagó en las variantes del estrés académico que enfrentan los estudiantes y realizó una evaluación sobre hábitos de estudio y ansiedad académica. Los especialistas registraron síntomas comunes entre los alumnos que van desde el insomnio la noche anterior al examen, hasta la sensación de parálisis en el cuerpo. El temor a no saber estudiar, el miedo al fracaso, a hablar y a exponerse se encuentran en el origen de esta dificultad.

Todas las instancias de evaluación generan algún grado de tensión. Afrontar los exámenes parciales y finales, así como incorporar hábitos de estudio, son aspectos claves para la permanencia en una carrera. En este sentido, el Departamento de Investigaciones de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Rosario realizó el trabajo “Evaluación de hábitos de estudio y ansiedad. El examen en la Universidad”.

“Algunos alumnos experimentan preocupaciones exageradas, con la consecuente activación fisiológica que esto implica, como por ejemplo la ansiedad de examen”, explicó a Argentina Investiga la directora del proyecto, magíster Graciela Bragagnolo, y agregó: “En algunas oportunidades el estudiante puede sentir que sobrepasó su capacidad para desenvolverse bien, viviendo la situación como altamente perturbadora”. Este particular malestar se denomina estrés académico y surge de una interacción entre las formas de evaluación y la valoración que cada alumno realiza de sus posibilidades de afrontarlas con éxito. Esta tendencia impacta en su autoestima y en su valoración social.

La doctora Laura Paris explica que el estrés académico puede generar insatisfacción, malestar subjetivo, disminución del rendimiento académico y numerosas respuestas psicosomáticas. La exposición constante de los alumnos a estas dificultades y la creencia en la imposibilidad de modificarlas configura un estado que los sobrepasa y, de esta manera, queda reducida su capacidad de adaptación.

Las investigadoras exploraron las relaciones entre esa ansiedad de examen y los hábitos de estudio, con el objetivo de diseñar una escala de conductas destinada a estudiantes universitarios de ciencias de la salud. Para tal fin realizaron grupos focales en la Facultad de Psicología, en los que pudieron advertir algunos síntomas comunes entre los alumnos. Por ejemplo: insomnio la noche anterior al examen, sensación de querer irse aun sabiendo las respuestas, sudoración, dolor de cabeza, sensación de desmayo, gastritis, disminución de peso, sensación de parálisis en el cuerpo y procastinación, que es la acción de retrasar voluntaria e innecesariamente la realización de tareas por diferentes causas y que trae como consecuencia malestar subjetivo al sentir que hay algo pendiente que no puede concretarse.

“Dejar el trabajo para último momento, atrasarse con las entregas, no ir leyendo a tiempo, son aspectos de la procastinación, además de no presentarse a los exámenes”, explican las psicólogas acerca de esta conducta y aclaran: “No es lo mismo que una postergación estratégica, como por ejemplo, dejar una materia porque es conveniente primero cursar otra”. Señalan, además, que es muy frecuente que quien ejercite la procastinación en hábitos de estudio y exámenes lo haga también en otros aspectos de su vida.

Los estudiantes contaron que suelen evitar presentarse a rendir exámenes finales luego de experiencias que evalúan como violentas, entre las que mencionaron: reprobar sin comprender los motivos, falta de atención por parte de quien evalúa o discursos poco alentadores. También por tener una buena libreta y no querer “mancharla” con un reprobado. Asimismo, por la percepción de no poder afrontar la situación a pesar de haber estudiado mucho y el temor a algunos docentes.

En relación a esto, las investigadoras destacaron la influencia de las redes sociales. Específicamente, de una página de Facebook a la que acceden los alumnos donde se describen situaciones adversas en torno a ciertas materias y profesores que crean una determinada imagen y producen temor.

En los relatos de los estudiantes también surgió el uso de ciertas cábalas para los exámenes, tales como estampitas, rituales previos asociados a recordar contenidos con creencias mágicas, la evitación de docentes o temas con los que no hayan aprobado en exámenes anteriores, así como la ropa utilizada en esas ocasiones.

Hábitos de estudio

El temor a no saber estudiar, el desconocimiento de técnicas y métodos de estudio, los problemas en la organización y el uso adecuado del tiempo, el miedo al fracaso, a hablar, a exponerse y a las evaluaciones, son algunas de las dificultades que manifiestan los universitarios. Los estudiantes con más edad refieren aspectos emocionales vinculados a la situación de examen en carreras de grado inconclusas o en una etapa anterior de esta.

De la investigación surgió que los principales obstáculos están en los métodos de estudio utilizados. La carencia de lecturas rápidas y exploratorias al comienzo, la falta de esquemas clasificatorios por unidad, no llevar apuntes al día, imposibilitan una visión de conjunto de temas y categorías. Esto no permite generar estrategias de aprendizaje y estructurar el estudio en el espacio y en el tiempo.

Por otro lado, la búsqueda y la clasificación de información son deficitarias tanto en los aspectos tradicionales como informatizados e incluye poco conocimiento de revistas científicas de sus especialidades. Y es muy limitada la proporción de estudiantes en condiciones de manejar dos idiomas, según expresan las docentes. Asimismo, observaron muy poca motivación para relacionarse con los profesores, en clase y fuera de ella. En los ítems que medían motivación para estudiar, entre el 40 y el 60% de las respuestas fueron “nada” o “poco”.

Los estudiantes manifestaron no haber obtenido en el transcurso de la escuela primaria y secundaria las herramientas necesarias para afrontar la vida universitaria, como incorporar métodos y técnicas de estudio, poder expresarse en voz alta adelante de sus compañeros o de un profesor, y cuestiones más profundas como déficits en lectoescritura.

Investigaciones previas realizadas sobre hábitos de estudio con adolescentes determinaron que hay seis pasos básicos a realizar: en primer lugar, con todo el material, hacer una lectura rápida y exploratoria para ubicarse en el espacio y el tiempo. En segundo lugar, una lectura comprensiva a fondo para entender y, en caso contrario, tener la posibilidad de preguntar y averiguar. Después, subrayar palabras claves y hacer cuadros sinópticos. Luego, un resumen propio. “Usar el resumen de otro no permite apropiarse del contenido porque este no fue procesado”, advierte Bragagnolo. Finalmente, repetir en voz alta, por partes, hasta incorporar los conceptos y luego, repetir todo.

Se espera que los resultados y las conclusiones derivados del estudio contribuyan a una mejora de los procesos de aprendizaje de los alumnos de la carrera. Incluso, el Departamento de Investigaciones plantea, a mediano y largo plazo, la constitución de un programa de observación e intervención en las problemáticas, las necesidades y las expectativas por parte de los estudiantes en relación a sus procesos de aprendizaje, que apunta a la mejora en la formación universitaria.



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