Estudian un mejillón invasor que causa estragos en los centros urbanos

Universidad Nacional de La Plata - Facultad de Ciencias Naturales y Museo

31 de Mayo de 2010 |


Estudian un mejillón invasor que causa estragos en los centros urbanos


Es una plaga “importada” del Lejano Oriente y amenaza con complicar el proceso de potabilización de las plantas que proveen de agua a los principales centros urbanos de la provincia de Buenos Aires. Un equipo de especialistas asesora a organismos públicos, gobiernos y empresas privadas, y realiza tareas de control de esta especie de mejillón que se multiplica en forma geométrica en las represas y construcciones que tratan el agua para consumo de la población.

Hace casi 20 años, un grupo de investigadores de la UNLP descubrió la presencia de un molusco bivalvo invasor en las costas del Río de La Plata. Hoy, ese pequeño mejillón se transformó en una verdadera plaga que se cuenta por millones y causa estragos en las plantas potabilizadoras y centrales hidroeléctricas del Mercosur.

El grupo de investigación sobre Moluscos Invasores y Plagas, de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo, a cargo del doctor Gustavo Darrigran, es el único referente del país en esta problemática y hoy se encarga de asesorar a empresas y organismos estatales de diferentes países de la región que buscan controlar el avance de la especie invasora.

La “Limnoperna fortunei”, conocido como Mejillón Dorado, fue detectado por primera vez en nuestro país por el propio Darrigran, en el año 1991, en el Río de La Plata sobre las playas de Berisso, y por aquel entonces la población era de cuatro individuos por metro cuadrado. Hoy, gracias a la ausencia de depredadores naturales y a su particular mecanismo de reproducción, las poblaciones llegan a alcanzar los 150 mil individuos por metro cuadrado.

Si bien desde un principio se desconocía de qué especie de molusco se trataba y cómo había llegado hasta la costa bonaerense, luego de varios meses de investigación e intercambio de información con especialistas de todo el mundo, logró determinarse que el Limnoperna fortunei ingresó a través del agua de lastre de buques comerciales, provenientes del sudeste asiático. Allí está la génesis de una de las bioinvasiones que más problemas ocasiona, no sólo en los ecosistemas sino también en las economías de los principales países del Mercosur.

El Mejillón Dorado es una especie de molusco que habita los principales cauces de agua dulce del sudeste asiático. A diferencia de las especies que pueblan el Río de La Plata, este mejillón no vive enterrado bajo la arena sino que se adhiere a las rocas por medio de visos o filamentos de enorme resistencia. Cuando en su ambiente natural no encuentra rocas, busca fijarse a cualquier superficie dura como troncos, botellas, cascos de embarcaciones y tuberías; incluso otros individuos de su misma población pueden resultar apropiados.

Del tamaño de una moneda de 50 centavos, el mejillón dorado cuenta con una gran ventaja para colonizar los cursos de agua: su enorme capacidad de reproducción. Estos moluscos tienen un sistema de reproducción externa, es decir, los individuos liberan gametas al agua, que luego se fecundan para dar origen a pequeñas larvas que flotan libremente entre el plancton. En pocos días, las larvas maduran, sueltan sus filamentos y se adhieren a cualquier sustrato duro.

El mayor trastorno que produce esta invasión de moluscos es el fenómeno conocido como “macrofouling”. En rigor, se trata del ensuciamiento o taponamiento de tuberías, sistemas de refrigeración y filtros de centrales hidroeléctricas, industrias y plantas potabilizadoras. Estas estructuras están construidas con materiales duros como el hierro o el acero y, al no encontrar rocas donde adherirse, millones de mejillones dorados fijan sus visos sobre estas superficies y causan la obstrucción de los sistemas a la vez que impiden el ingreso de agua.

El primer caso de macrofouling fue detectado en 1994, en la toma de agua de la planta potabilizadora de Punta Lara. Si bien desde aquel entonces los investigadores trabajan para controlar la situación, el problema persiste. En un principio se logró combatir la invasión a partir del empleo de cloro; sin embargo, Darrigran explicó a InfoUniversidades que “gracias a su gran capacidad adaptativa, estos moluscos se han vuelto tan resistentes que, para eliminarlos, sería necesario volcar más cantidad de cloro de la recomendable, y poner en peligro el ecosistema y la salud de la población”.

En la actualidad, el mecanismo más efectivo para combatir la plaga es el de limpieza y reemplazo de filtros en la toma de agua. Claro que esto implica dejar fuera de servicio a la planta potabilizadora y, en consecuencia, interrumpir el suministro de agua para la población.

Los especialistas señalaron que el taponamiento de las tuberías ocasiona pérdidas económicas de cientos de miles de dólares. Dejar fuera de servicio para su limpieza una sola unidad generadora de energía de una central hidroeléctrica puede representar una pérdida de hasta 250 mil dólares por día. Normalmente, estas paradas de mantenimiento suelen tardar entre 3 y 5 días.

“Lo que suele ocurrir en estas centrales energéticas es que los moluscos se adhieren a los filtros de las tuberías y cierran el paso de agua hacia los sistemas de refrigeración”, explicó Darrigrand, y agregó: “Estas usinas funcionan con enormes turbinas que, para girar, requieren aceite como lubricante; ese aceite debe mantenerse a baja temperatura y, para ello, el sistema de refrigeración necesita tomar el agua directamente del río. Cuando los mejillones tapan los filtros, el agua no pasa y es imposible refrigerar el aceite”.

Darrigrand confesó que “los operadores de las centrales de energía muchas veces pretenden una solución mágica; poder echar un producto y matar a todos los mejillones de una vez, y esto es imposible. Nosotros asesoramos en cada caso en particular: en algunas partes puede recurrirse a materiales o pinturas antiadherentes, también al cloro en bajas concentraciones; pero la limpieza periódica es una tarea que siempre hay que realizar”.

Desde Berisso hasta el sudoeste de Brasil

El Limnoperna fortunei ha logrado llegar hasta el sudoeste brasileño a través del río Paraguay para invadir el Gran Pantanal, uno de los mayores santuarios naturales del mundo. También fue largo su recorrido por el río Paraná: en 1995 se detectaron los primeros problemas de macrofouling en los cordones industriales ubicados a la vera del río; en 1998 obstruyó los sistemas de refrigeración de la central hidroeléctrica argentino-paraguaya de Yaciretá. A los pocos años, Brasil sintió el impacto de la bioinvasión cuando millones de mejillones pusieron en riesgo la generación de energía en Itaypú, la central hidroeléctrica más grande del mundo. Hoy, San Pablo, la ciudad industrial por excelencia de Sudamérica, ya sufre las consecuencias de esta plaga.

Desde su descubrimiento hace casi 20 años en las costas de Berisso, el Mejillón Dorado logró desplazarse a un promedio de 240 kilómetros por año. Darrigrand destacó que “es el hombre el principal responsable de que esta especie haya logrado diseminarse por toda la región. Está claro que los mejillones no tienen capacidad de moverse por sí mismos, y si bien sus larvas pueden ser arrastradas por la corriente, jamás podrían remontar miles de kilómetros río arriba. Lo que ocurre es que el hombre, en su ignorancia o por desidia, no lava los cascos de las embarcaciones y lanchas donde los mejillones pueden viajar adheridos de un ambiente acuático a otro”.

“La educación y correcta difusión de los graves problemas que causa esta plaga es fundamental para su control”, cerró el especialista.

Eduardo Spinola
espinola72@gmail.com
Unidad de Prensa
Dirección General de Comunicación y Medios


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