Universidad Nacional de Lomas de Zamora - Facultad de Ciencias Sociales

24 de Mayo de 2010 | 7 ′ 32 ′′


Identidad e imaginario nacional en el Bicentenario


Un grupo de trabajo de la Facultad de Ciencias Sociales realiza una investigación sobre las identidades e imaginarios argentinos de cara al Bicentenario. En un recorrido que va desde Sarmiento, pasando por los conceptos neoliberales de la década del ‘90, hasta el conflicto con el campo, entre otros, el trabajo aborda con una mirada crítica el proceso de construcción de identidades. Consideran “necesaria” la inclusión de sectores marginados en un contexto cultural e identitario a nivel nacional.

En entrevista con InfoUniversidades el licenciado Eduardo Urbano cuenta la génesis y los temas claves de la investigación sobre identidades e imaginarios argentinos que lleva a cabo su grupo de trabajo. Un seminario dictado en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora fue el disparador de la idea de un grupo de estudiantes que se fueron recibiendo y propusieron continuar la investigación de forma más profunda. En 2006, comenzó a trabajarse cuando surgió la primera formulación con un grupo interdisciplinario y Urbano aportó el sesgo antropológico en el análisis de la problemática identitaria. El especialista aclara que el estudio tiene un eje en comunicación (con una parte cultural, vinculada a la literatura y ciertos autores) y otro en educación, como modo de ordenar el proyecto.

-¿Cuáles fueron los principales lineamientos que comenzaron a investigar?
-Durante el primer año, se planteó investigar algunas representaciones sobre nosotros mismos como argentinos. Es decir, problematizar los supuestos ‘culturales’ y de ‘sentido común’ que contienen nuestros imaginarios como ‘argentinos’, a la vez que comparar la noción de literatura y su relación con el concepto de ‘identidad’ en los contenidos de la enseñanza secundaria del Bicentenario con los del Centenario. En este sentido, también se intenta redefinir categorizaciones tradicionales del trabajo a partir de los cambios sociales y económicos en sectores populares desfavorecidos, y por último, analizar las consecuencias sociales de estas transformaciones identitarias en los lazos de estos sectores con la sociedad y el Estado.

-¿Qué decimos de nosotros mismos?
-Este es un punto importante, ya que lo que ciertos personajes históricos dicen de ellos mismos hace a la imagen de país. Cuando (Arturo) Jauretche analiza los textos de Sarmiento, que se inventa un pasado donde se llama heredero de una familia de la colonia, que aprendió a leer solo y que no faltó a clases “ni siquiera cuando llueve”, cuando en San Juan hay 280 días de sol al año, nos exige ver la historia a través del revisionismo. También investigamos qué pasó en la década del ’90 con el papel excluyente de los expertos económicos, como la década neoliberal, que impuso la idea de que no se discute de economía si no se es experto en el tema. Para poner en crisis ese paradigma empleamos conceptos muy interesantes de los hermanos Calcagno en su trabajo “El universo neoliberal: recuento de sus lugares comunes”, donde se detallan esas ideas repetidas durante la instauración de este modelo en nuestro país.

Por otra parte, trabajamos sobre la construcción de identidades desde el nativismo en la literatura argentina. Tomamos el ejemplo de Joaquín V. González, un autor muy interesante como político y escritor, que participa de la célebre generación del ‘80 y que escribe “El Juicio del Siglo”, hecho en 1910, donde se analiza la situación argentina a 100 años de la Revolución de Mayo. Otro de los puntos que tomamos fue la construcción de identidades en contextos desfavorables, como por ejemplo la realidad del Conurbano bonaerense. A partir de un relevamiento empírico, se analizó el tema y observamos una dificultad en la construcción de una identidad “nacional”, por lo que es muy difícil plantearse algo más allá del día a día. Nos preguntamos: ¿tiene sentido llevar a estos sectores a esta problemática?

-¿Y lo tiene?
-Es necesario, ya que significa una herramienta el hecho de sentirse integrados a algo mayor que ese contexto tan pequeño que es la vida cotidiana.

-En miras al Bicentenario, ¿qué procesos observaron dentro de la transformación de la identidad argentina?
-En líneas generales, trabajamos con el concepto de “imaginario”, que se refiere a lo que construimos mentalmente y creemos que es así. El concepto de “identidades” apunta más a algo que supera lo subjetivo y puede verificarse en los hechos. Así, podemos decir que nuestros imaginarios determinan nuestra identidad, es decir, nos manejamos por lo que creemos que somos. Ésta fue una primera hipótesis. Además, la investigación analiza qué pasa con las crisis recurrentes, que más que causadas por situaciones diversas parecerían ser la expresión de un modelo de exclusión que cada tanto necesita ajustarse. Por ejemplo, detrás de la reacción tan terrible y exagerada con el problema del campo en 2008, ¿hay un problema de rentabilidad? ¿O es algo estratégico, que tiene más que ver con algo a largo plazo, con mantener cierto orden en el país?

-Si tomamos el concepto de “ficciones orientadoras” propuesto por Nicolas Shumway, ¿existen en Argentina hoy estos dos modelos?
-Si, claro. Lo propuesto por Shumway es un concepto similar a lo que nosotros llamamos “imaginarios argentinos”. Las dos ficciones o imaginarios: el tradicional-conservador y el nacional-popular, mantienen una puja y hasta hoy no hay un vencedor.

-Y con las variantes culturales argentinas, ¿puede establecerse una identidad para todo el país?
-Tenemos algunas cosas en común que nos hacen argentinos, sobre todo haber transitado una historia en común. Y muchas identidades locales, algo lógico en un país que nació desde el federalismo, a través del desarrollo de localías que acuerdan en transformarse en un país. No hay un país que se divide en provincias, hay regiones que se unen, cada una con su identidad. Esto debe perdurar y es saludable, por esto es que hablamos de identidades en plural; lo que tengamos en común como argentinos es desde esa historia transitada y desde la decisión de salir de una dominación y hacer un país. Y una gran cantidad de desarrollos propios regionales que hacen a la riqueza cultural que tenemos.

-Entonces ¿cómo llegamos y hacia dónde vamos en el Bicentenario?
-En una respuesta arriesgada; creo que llegamos al Bicentenario con la capacidad de poner en claro un pequeño grupo de cuestiones. Somos mucho más diversos que lo que creíamos en el centenario, donde se buscaba mostrar un país europeo, de raza blanca y católico, con todos los mitos de la época, ocultando y persiguiendo a quienes no entraban en esa tipología. Está claro que no somos así, y no es un dato menor. Y otra cuestión: no podemos seguir sin escuchar lo que los pueblos originarios tienen para decirnos sobre nuestra identidad. Con esas dos cosas, hoy estamos mucho mejor que en el centenario y, en proyección, va a seguir avanzando más allá del predominio de un imaginario conservador o popular el que tome el poder. Casi subterráneamente, pero esto va a seguir avanzando.


Silvio Speranza


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