Universidad Nacional de Quilmes - Departamento de Ciencias Sociales

09 de Agosto de 2021 | 9 ′ 34 ′′


La enfermería antes y después del COVID-19



Karina Espíndola, a cargo de la Licenciatura en Enfermería, explica cómo se modificó el rol de la carrera en tiempos de pandemia. “Ahora preparamos a los estudiantes para trabajar con población enferma (hisopados) pero también con población sana (vacunación); los docentes tuvimos que readaptarnos” aclara la especialista.

“La pandemia, como ningún otro fenómeno, exhibió la necesidad de tecnologías e insumos, pero sobre todo de contar con recursos humanos; básicamente, enfermeros y enfermeras bien formados. Hoy, nuestro país tiene la chance de desplegar las diferentes especialidades de una carrera con muchísimo potencial”, expresa Karina Espíndola, a cargo de la Licenciatura en Enfermería de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).

Como señala la presidenta de la Asociación de Escuelas Universitarias de Enfermería de la República Argentina, esta situación excepcional funcionó como un punto de inflexión: si bien hasta marzo de 2020 los y las estudiantes se preparaban para atender personas con enfermedades, con la inmunización para COVID-19 se abrió un nuevo campo de posibilidades, en la medida en que también desarrollaron herramientas para tratar con individuos sanos. La vacunación, en este caso, es un proceso especialmente positivo, un acontecimiento al cual las personas acuden con alegría y esperanza, generando un clima sumamente emotivo. En diálogo con Argentina Investiga, Espíndola desanda las bases de las miradas superficiales acerca de la enfermería y revela las profundidades de la disciplina.

–¿Cómo contribuyó la Licenciatura en Enfermería al combate de la pandemia?
–Hicimos muchas cosas. Como tiene un fuerte componente de práctica, desarrollamos una inserción territorial muy marcada. Mucho despliegue en hospitales y centros de atención primaria de la región sanitaria VI; me refiero a territorios como Avellaneda, Wilde, Berazategui, Almirante Brown, Quilmes, pero también otros como La Plata y CABA. Cuando vino la pandemia, ante la excepcionalidad de algo totalmente desconocido, se cerraron estos espacios de práctica para los estudiantes.

–¿Y qué hicieron?
–Debimos reconfigurar todo. A comienzos de 2020, cuando no había circulación comunitaria del virus, cumplimos con parte del calendario de vacunación, de la misma manera que lo hacemos todos los años. Luego, con las restricciones suspendimos y volvimos en noviembre; en verdad nos íbamos adecuando a lo que la realidad social nos permitía. En febrero de 2021 ya empezamos las prácticas con mucha intensidad, en el marco de un convenio que tenemos con el Hospital Iriarte, en Quilmes.

–Para esa fecha ya había vacunas contra el COVID-19 disponibles en el país. ¿Participaron de la campaña?
–Sí, arrancamos con la vacunación anti-COVID-19. Fue una experiencia por demás interesante y singular, sobre todo, porque a diferencia del resto de las vacunas ninguna conlleva tanta carga emocional como esta. Además, en este caso, el trabajo es más complejo: se trata de llenar planillas, recibir a la persona que viene con turno, vacunarla, registrarla en el sistema y realizar una breve charla post-vacunación. Es un proceso muy lindo porque implica un acto positivo, la gente llega y se va contenta, se genera un clima de fiesta. Hay muchas, incluso, a las que se les caen las lágrimas. Para los alumnos fue una actividad fuerte. Llegamos a enviar hasta cuarenta estudiantes por día, de lunes a sábado, de 8 a 17 horas.

–Cuánta emoción…
–Los propios estudiantes nos venían a contar súper entusiasmados y contentos los detalles sobre las sensaciones de la gente cuando era inmunizada. Nos sacamos fotos con todo el mundo, la típica con el cartelito de VacunatePBA. La vacuna es la diferencia entre la vida y la muerte, ¡cómo no va a haber alegría! Los adultos mayores manifestaban sus ganas de abrazar a los nietos, a sus hijos y a otros familiares y amigos que no veían desde hacía más de un año. Es una época en que se necesitan mucho los abrazos.

–Sin embargo, con el tiempo, debieron pasar de una actividad reconfortante como es la vacunación a una menos feliz como son los hisopados. ¿Por qué?
–La vacunación se realizaba muy cerca del hospital. Mientras habían disminuido los contagios, no existían inconvenientes de seguir con la actividad. Sin embargo, cuando empezaron a incrementarse las infecciones hacia marzo y abril, con buen criterio, la institución hospitalaria decidió suspender la vacunación y dedicarse en exclusiva a todo lo referido a hisopados.

–Un cambio que, de nuevo, modificó la práctica de los estudiantes…
–La diferencia entre la vacunación y los hisopados es que, en este segundo caso, sólo están en condiciones de hacerlos aquellos estudiantes que están vacunados. Aquí también participa un promedio de treinta alumnos que realizan jornada de lunes a sábado, de 8 a 13 horas. De todas las actividades, además de los estudiantes, intervienen los docentes porque las prácticas que ellos realizan deben ser supervisadas. El acompañamiento de los profesores es central en esta etapa.

–¿Cuánto duran las prácticas?
–El promedio es de cien horas de práctica por asignatura, lo que representa casi todo el cuatrimestre para el estudiante. A diferencia de otras profesiones en que uno adquiere experiencia luego, lo que se espera de un enfermero es que al recibirse ya cuente con las habilidades necesarias para desempeñar su trabajo. Además del Hospital Iriarte, hay otro grupo de estudiantes de cuarto y quinto año en una unidad sanitaria de Rafael Calzada (Almirante Brown). Allí también realizan una tarea interesante porque hacen hisopados, la carga en el SISA (Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino, del Ministerio de Salud) y en el aplicativo de Almirante Brown. Llaman a las personas para informarles el resultado y el seguimiento del cuadro clínico durante dos semanas. Por la tarde, mandamos a otro grupo que hace atención de población sana, es decir, consultorio y vacunación de calendario general.

–Esto último ¿se vincula con las prácticas que los estudiantes solían hacer en períodos prepandemia?
–En tiempos anteriores a la pandemia podíamos realizar más desarrollo dentro de los hospitales. Por ejemplo, íbamos al Hospital Perón de Avellaneda; adentro es un mundo, gigante, y enviábamos a varios grupos de estudiantes al mismo tiempo. Hoy no es recomendable, por supuesto. Hasta la propia carrera se modificó.

–¿En qué sentido?
–Es que con la vacunación no hay presencia de enfermedad, sirve para prevenirla. Hasta hace muy poquito, nuestros estudiantes eran formados con el chip de atender la enfermedad, de resolver problemas. Esto es totalmente distinto: los sujetos están sanos, se dirigen a la posta del vacunatorio súper contentos y se marchan aliviados. Existe una enfermería antes y después del COVID-19. Ahora preparamos a los estudiantes para trabajar con población enferma (hisopados) pero también con población sana (vacunación); los docentes tuvimos que readaptarnos a una dinámica de clases distinta, vinculada con repensar las estrategias pedagógicas. Y los alumnos también debieron estar a la altura de las circunstancias. La pandemia le otorgó a la enfermería una visibilidad que no hubiésemos logrado de ninguna otra manera, ni en cinco vidas.

–¿De qué manera los estudiantes debieron estar a la altura?
–Es la “cohorte Covid”, como yo la llamo con cariño por supuesto. Son personas que utilizan la tecnología, que se adaptan fácil a las circunstancias, que utilizan muy bien la comunicación mediada. En el pasado era impensado que un enfermero no atendiera de manera presencial a los pacientes; hoy, el seguimiento de los individuos con coronavirus se puede hacer por teléfono y con mucha destreza. Adquirieron un entrenamiento muy positivo en la comunicación. Con el tiempo vamos a poder advertir un salto cualitativo en ellos.

–Usted preside la Asociación de Escuelas Universitarias de la República Argentina…
–Sí, nuclea al 85% de las carreras de enfermería del país. Llegamos por tercera vez a la presidencia; antes le tocó a nuestra compañera Ana Heredia y ahora estoy yo a cargo. Es un espacio muy interesante porque permite tener una visión completa, el mapa nacional de la formación en Enfermería. A todas las carreras nos pasó lo mismo, por eso el 2020 fue tan movidito. De repente se nos desvanecieron las certezas que traíamos desde hacía décadas. Con una tradición tan basada en lo presencial, se nos hizo muy difícil manejarnos en lo virtual e ir avanzando hacia lógicas presenciales a medida que la realidad lo permitió. Como balance general, te puedo decir que todas estuvimos a la altura de las circunstancias, con un afincamiento en los territorios muy especial.

–El anclaje en el territorio es fundamental, quizás hoy más que nunca.
–Sí, y en eso nuestra querida Universidad es pionera. Además, dejame decirte algo: ninguna de las actividades que realizamos se podría haber hecho sin el apoyo del rector, Alejandro Villar, y de las autoridades departamentales de Ciencias Sociales, que siempre respaldaron todas las decisiones. También me gustaría destacar el trabajo de la gente de Intendencia, fue increíble. Necesito reconocerlo porque de lo contrario nada hubiera funcionado. Me siento orgullosa de ser enfermera y de pertenecer a la Universidad Nacional de Quilmes.

Leticia Spinelli
prensa@unq.edu.ar
Dirección de Prensa y Comunicación Institucional


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