Universidad Nacional de Rosario - Facultad de Psicología

21 de Diciembre de 2020 | 7 ′ 30 ′′


Las fake news en la lógica de la posverdad



Las noticias falsas (en inglés fake news) son un contenido seudoperiodístico difundido a través de portales de noticias, prensa escrita, radio, televisión y redes sociales, cuyo objetivo es la desinformación. La psicoanalista Nora Merlin analiza el contraste entre el derecho a la información con las noticias falsas, el neoliberalismo y la posverdad como pulsión de muerte.

Las noticias falsas no son un mal exclusivo de nuestros días y un evento propio de la era digital, pero la intromisión de las nuevas tecnologías en nuestra vida cotidiana ha dejado expuesta su existencia. La psicoanalista Nora Merlin, discípula del recordado intelectual Ernesto Laclau; dialogó con Argentina Investiga acerca del derecho a la información en el tiempo de las fake news y la posverdad.

Comúnmente, las noticias falsas se emiten con la intención deliberada de engañar, inducir a error, manipular, desprestigiar o enaltecer a una institución, entidad o persona u obtener ganancias económicas o rédito político. “Cuando hablamos de fake news podríamos tildarlas como la mentira socializada, es hacer creer algo que no es. Va en contra del derecho a la información y es un mecanismo propio del neoliberalismo porque el poder reside en los dueños de los diccionarios”, señaló Merlin.

Se podría decir que las fake news, como elemento distintivo de la posverdad, son performativas: es decir, que producen realidad. “La energía pulsional que acompaña a la posverdad es la pulsión de muerte, que es desintegradora e instala al odio como mandato social. El neoliberalismo y su modalidad de comunicación construyen un totalitarismo, ya que no existe dentro de este esquema la pluralidad de voces ni límites a la supuesta información, la cual acaba siendo manipulada en pos del beneficio del medio y su mirada política. Termina siendo, entonces, un dispositivo descarado de producción de subjetividades”, definió la psicoanalista.

Conocidos son los casos de diferentes campañas políticas que han sido edificadas a partir de la utilización de las redes sociales y la producción diseminada de fake news como caballito de batalla. Un claro ejemplo es la campaña electoral de Donald Trump, la cual lo catapultó a conducir la Casa Blanca. Esta estuvo basada en la utilización de las redes sociales como instrumento de divulgación, a diferencia de la de Hillary Clinton, que se basó en anuncios en medios tradicionales. Los mensajes distribuidos mediante Facebook, Instagram y Twitter llegaron a unos 126 millones de personas, lo que conformó un procedimiento de minería de datos aplicado a los perfiles de los usuarios. Esto permitió la difusión de mensajes diferentes, algunos impulsando la imagen de Trump y otros directamente dañando la reputación de Clinton, diseñados según los intereses y las preocupaciones del usuario: como por ejemplo la inmigración, el control de las fronteras, la legislación sobre las armas, etcétera.

El desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación permitió que la dispersión de noticias falsas y su utilización para fines políticos se transformaran en una preocupación global. “Pero por suerte el crimen no es perfecto. Hasta hace poco se presumía una omnipotencia de los algoritmos, la big data, la inteligencia artificial, el marketing, cuando en realidad surgió un acontecimiento imprevisto que vino a poner en jaque eso: las elecciones primarias, donde las principales encuestadoras daban un empate técnico y no fue ni cerca parecido el resultado. Hay una construcción colectiva que viene formándose por fuera de los principales conglomerados mediáticos que irrumpió en la realidad y asombró a muchos”.

Las fake news suponen funcionar como una verdad absoluta, ya que al parecer los medios están más abocados a producir ideología que a informar. “Es una maquinaria muy difícil de desmontar, es un sistema de verdades totales que buscan imponer informaciones como certeras cuando no lo son. Cabe destacar que esta ideología es de origen cínico, sin ninguna ética de la responsabilidad, donde se puede decir cualquier cosa sin medir las consecuencias de ese acto. No hay ningún compromiso con la verdad, acá vale todo. Los diques civilizatorios, que en psicoanálisis son aspectos como la vergüenza o la moral, no funcionan”.

La difusión de noticias falsas con el objeto de influir en las conductas de una comunidad tiene antecedentes desde la antigüedad, pero dado que su alcance está relacionado directamente con los medios de reproducción de información propios de cada etapa histórica, su área y velocidad de propagación resultaba escasa en las etapas históricas previas a la aparición de los medios de comunicación de masas.

Desde fines de los años ochenta, se han instalado todas las verdades de origen neoliberal a partir de un uso excesivo de fake news, aprovechando al máximo la potencialidad de cada uno de los medios masivos de información. Por esta razón, Merlin marca que cuestiones como la meritocracia, el individualismo o la estructura estatal ineficiente, funcionan en la subjetividad como certeza, ya que hemos sido bombardeados desde hace años con estas nociones. “Me parece que hay que llevar adelante una batalla cultural y política por la verdad para instalar otros valores que sean más solidarios y comprometidos con los tiempos actuales. Pero lo más difícil va a ser desnaturalizar las sensaciones de odio que se han instalado”.

En la actualidad, lidiar con las noticias falsas es una situación que ni los intelectuales de la comunicación, ni del derecho, y mucho menos representantes de órganos legislativos, han podido resolver. La cantidad casi ilimitada de contenido que circula por los canales digitales propicia que muchas noticias falsas se hagan virales de forma incontrolada, hasta el punto que algunas hayan superado en cifras de visualización y tráfico a los mejores reportajes del mundo.

La preocupación por la influencia de estas ha llevado a varios líderes mundiales a impulsar la implementación de legislaciones para el control de la difusión de información falsa en las redes sociales. “Hay que producir sistemas regulatorios para que las fake news no sean moneda común en nuestra vida cotidiana. Que, si uno dice cualquier cosa sin tener pruebas o definiendo como verdadero algo que no lo es, tenga consecuencias. Igualmente, el escenario ha ido cambiado y se ha comenzado la batalla real contra la circulación impune de las fake news: la creación de medios alternativos ha sido un elemento muy importante y hay que seguir apostando por eso”.

En los últimos tiempos se desarrollaron numerosas acciones que buscan incrementar el nivel de atención y discernimiento sobre las noticias que se reciben, a fin de detectar las fake news y evitar su divulgación. Redes sociales como Facebook distribuyeron un decálogo de claves que permitirían identificar contenido falso, y existen páginas que se dedican a examinar noticias y determinar si su origen es verídico. En nuestro país, por ejemplo, la plataforma digital “Chequeado” se especializa en hacer un análisis exhaustivo de la información que circula por la web con el objetivo de verificarla o desmentirla.


Gonzalo García


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