Universidad Nacional de Misiones - Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales

15 de Junio de 2020 | 6 ′ 47 ′′


Los huertos jesuíticos, un lugar para la ciencia



Dentro de las misiones que los jesuitas fundaron entre los guaraníes en los siglos XVII y XVIII existió un espacio dedicado a las plantas: el huerto. Formaba parte del trazado urbano, estaba ubicado por detrás de los edificios principales, y delimitado por un muro de circunvalación. Su diseño interno comprendía parcelas y andenes de cultivo, estanques y un sistema hidráulico. Un equipo de investigadores hace foco en el huerto jesuítico, un espacio casi olvidado.

Desde el Instituto de Estudios Sociales y Humanos (Conicet-UNaM), la investigadora María Victoria Roca encara el proyecto a partir de una beca interna posdoctoral. Argentina Investiga dialogó con la arqueóloga sobre los detalles del estudio que busca rescatar el patrimonio de Misiones.

En este proyecto, el huerto es entendido como un espacio de experimentación y consolidación de un entorno vegetal expresivo de las prácticas, los conocimientos y las creencias puestos en juego por actores sociales de diversos orígenes: guaraníes, jesuitas americanos y jesuitas europeos. Esto se refleja en un particular diseño para cada pueblo y en una selección de especies que están presentes en dicho espacio, silvestres y cultivadas, nativas y exóticas.

“Los guaraníes cultivaban. Eran cazadores, horticultores de floresta subtropical. Ellos no desconocían lo que era cultivar o producir su propio alimento, tanto a partir de la recolección como del establecimiento en un lugar, del uso de esa tierra, de cómo se prepara esa tierra y demás, también tenían un repertorio de especies, por ejemplo maíz, porotos, mandioca, zapallo”, explica Roca.

En el contexto de las Misiones Jesuíticas continúa esa tradición de cultivo. Los guaraníes se sedentarizan, es decir, se establecen en un lugar que será la Misión y cada familia tendrá su chacra propia. “El sistema comunitario tradicional se rompe o se transforma, porque por un lado, hay una chacra familiar llamada abambaé y después, el tupambaé, que son las tierras de todo el pueblo, pero que generalmente se usan para asistir a los ancianos o para la comercialización”, describe la investigadora.

Según los documentos históricos, el huerto “es un espacio exclusivo de los jesuitas donde tienen a los ayudantes a los que se denomina hortelanos, que se ocupaban del mantenimiento. Ahí hay una cuestión de gustos personales de los jesuitas y lo que cada uno trae de su tierra de origen; hay una combinación de lo nativo con lo exótico”.

También es un espacio de experimentación, dice Roca: “Se trata de rescatar los huertos como un lugar de ciencia. Hay que pensar que pudo haber sido el lugar que posibilitó el traslado de los yerbales que estaban muy lejos de los alrededores de cada pueblo. Y eso te hace pensar en las consecuencias económicas y en la consolidación de toda la experiencia misional”.

El huerto de la reducción de Santa Ana es el más apropiado para concretar este proyecto. Este sitio UNESCO está ubicado en Misiones. Los huertos están compuestos por un jardín de hierbas, un jardín de flores (la parte ornamental), el huerto frutal y la viña. Los jesuitas trajeron hortalizas y plantas ornamentales y para el consumo. Se observa una sectorización y un manejo del espacio o domesticación del paisaje.

Se espera que esta investigación contribuya tanto a la conservación de los saberes y los conocimientos asociados con las plantas nativas e introducidas, como a los espacios físicos que posibilitaron esta experiencia.

“En este momento histórico –siglos XVII y XVIII- –podemos pensar en la globalización de la biodiversidad. A partir de misioneros como los jesuitas o de los viajeros y exploradores, incluso en épocas anteriores, el mundo se completa como mundo y empieza este intercambio a nivel de lo que significan las plantas, de los conocimientos que tienen las comunidades que usan esas plantas, que muchas veces suele estar relacionado con su cosmovisión. Redescubrir los entornos en un lugar tan rico en naturaleza como es Misiones es muy interesante y creo que podemos vincularnos como humanidad a través de las plantas”, reflexiona Roca.

Avances y metas

Tras el trabajo de campo en la reducción de Santa Ana, el equipo se encuentra en la etapa de procesamiento de toda la información recabada para actualizar los mapas e incorporar los nuevos elementos que pudieron identificar. “El espacio del huerto es enorme, el uso o manejo del agua es de una tecnología hidráulica muy de avanzada que empezamos a desmenuzar a partir de la identificación de nuevos tramos del sistema de canalización. Otro de los puntos fuertes son los detalles ornamentales. Hay un plan a nivel arquitectónico y artístico que tiene su correlato en el huerto”, señala Roca.

Además, las actividades desarrolladas dentro de la Paleoetnobotánica y la Arqueología de Jardines, posibilitarán la revelación de su diseño original, a partir de la identificación de estilos e influencias o relaciones con otros jardines históricos. También, permitirán indagar en la cultura material asociada al laboreo de la tierra en el ámbito reduccional, al tiempo que se avanzará en la identificación de etnoespecies mediante análisis arqueobotánicos.

La producción de información específica, asimismo, potenciará el valor turístico del sitio, propiciando el desarrollo local. En este sentido, este proyecto contribuirá con los objetivos del programa a cargo de la doctora Norma Hilgert, quien se enfoca en la instalación de un jardín formal que aprovecharía el concepto de los huertos jesuitas, respondiendo de la forma más fiel posible al diseño, las colecciones de plantas y la función dentro de la vida y la gestión misionera.

A su vez, el equipo trabaja en la concientización sobre el patrimonio. En conjunto con el Taller de Arte Brasanelli brindaron charlas a escuelas contando sobre el trabajo de investigación. Al respecto, Roca señala que “la comunidad de Santa Ana está bastante distante de este sitio patrimonial. Para ellos es tan familiar que quizás se escapa el valor histórico. A partir de diferentes técnicas para la activación patrimonial, se puede ir cambiando esa percepción del entorno. Es un trabajo de hormiga en el que es fundamental que la escuela acompañe” concluye la investigadora.

// Nota publicada en el Nº5 del NEXO UNIVERSITARIO, versión impresa – Una publicación del área de prensa y comunicación de la Secretaría General de Extensión - UNaM. Agosto - septiembre 2019. Link para descargar: https://bit.ly/2mzexI0


Ana Victoria Espinoza


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