Universidad Nacional de Quilmes - Departamento de Ciencia y Tecnología

02 de Septiembre de 2019 | 6 ′ 54 ′′


Nanosistemas: estructuras invisibles para la cosmética y la salud



El investigador Jorge Montanari cuenta cómo el empleo de estructuras diminutas podría mejorar los tratamientos de pacientes con cáncer de piel y Leishmaniasis.

A priori, la frase “liberar de manera controlada” encarna una contradicción. Sin embargo, lo que en el campo del análisis del discurso podría disparar todo un embrollo, apenas es destacable en el escenario de la nanociencia, un mundo donde las investigaciones se hacen pero no pueden verse. Jorge Montanari, que forma parte del Área de Biología Estructural y Biotecnología de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), lidera diversas líneas de investigación que se proponen el diseño de nanoestructuras que facilitan el ingreso de medicamentos y productos cosméticos al organismo. A continuación, narra de qué se tratan y cuáles son sus potenciales aplicaciones en salud.

-Usted es especialista en nanotecnología cosmética-terapéutica. ¿De qué se trata?
-A partir de mi doctorado me especialicé en el estudio y el diseño de distintos nanosistemas, es decir, estructuras que tienen el tamaño de 100 nanómetros (un nanómetro es 1 millón de veces más pequeño que un milímetro), y que pueden ingresar al cuerpo mediante la vía tópica, a través de la piel. El objetivo, entonces, es poder transportar moléculas específicas que cumplen determinadas funciones al interior del organismo.

-¿Cómo cuáles?
-Por ejemplo, drogas oncológicas que pueden llegar de una manera distinta al blanco (un tumor) y combatirlo; así como también permiten trasladar antioxidantes que podrían tener un efecto benéfico para la piel. Parte de mi línea de investigación apunta a la “cosmecéutica”, una frontera entre la cosmética y la terapéutica.

-¿Por qué una frontera?
-Porque los diseños combinan el propósito estético de la cosmética –que implica embellecer el aspecto del cuerpo– y, al mismo tiempo, ayudan a reparar las bases estructurales de la piel, que pueden verse dañadas por problemas de sequedad y arrugas.

-Recién comentaba que son estructuras muy pero muy pequeñas. ¿Cómo ingresan a la piel?
-La parte más externa de la piel, el células muertas convertidas en queratina que se descaman continuamente y que constituyen las tres cuartas partes de la epidermis.">estrato córneo, está constituida por células muertas y llenas de queratina. Forman una capa impermeable que, entre otras cosas, nos permite mantener la humedad dentro del cuerpo, sin dejar escapar la gran proporción de agua que compone nuestro organismo. Sin embargo, existen aberturas muy pequeñas que nosotros podemos abrir más, al menos de manera temporal, para permitir el ingreso de un nanosistema. Lo mismo puede suceder a partir de los folículos pilosos, esto es, a través de cada sitio en el que se halla el bulbo de un pelito que nos sale. Si bien no todas las nanoestructuras están fabricadas para eso, es posible combinar herramientas para poder conseguir nuestras metas.

-Muy interesante. También trabaja con “activos” para cáncer de piel. ¿De qué va en este caso?
-Sí, activos le llamamos a aquellos productos que colocamos en el interior de la nanoestructura. Cuando uno toma un medicamento por vía oral o inyectable se distribuye por todo el cuerpo y causa efectos benéficos, pero también puede ocasionar daños colaterales en otros órganos. A diferencia de esto, lo que queremos lograr es que el fármaco se dirija directamente al sitio donde buscamos que actúe. Es el proceso que se conoce como “liberación controlada de fármacos”. Creemos que puede dar mejores resultados porque, en principio, nos permite emplear una menor cantidad de compuesto –ya que no se reparte por todos lados sino que se acumula en regiones determinadas– y a la vez se preserva a todo el resto del cuerpo de la presencia de esa droga. Para el caso del cáncer, las quimioterapias consisten en un “envenenamiento controlado”.

-¿En qué sentido?
-Matar a una célula cancerosa es muy fácil, alcanza con agua destilada o lavandina. El problema, claro está, es que en el proceso también se afecta a las otras células sanas. Bajo esta premisa, trabajamos con otras nanoestructuras que generan toxicidad por sí solas cuando son irradiadas por luces de determinada frecuencia, o bien, con rayos X. Configuran lo que se denomina “Terapia fotodinámica”. Son moléculas inactivas que buscamos que se acumulen en los tumores para luego activarlas y hacer que cumplan con su función: matar todo lo que tienen a su alrededor (un escenario bien delimitado). Son tan reactivas que en menos de 100 nanómetros a la redonda tienen la aptitud para destruir todo lo que había y culminar con su acción.

-Además de los tumores estudian otras partículas que se activan por luz y podrían funcionar para el caso de laLeishmaniasis, una enfermedad parasitaria…
-Sí, el parásito –Leishmania– infecta células de la piel metiéndose adentro hasta reventarlas. Genera lesiones bastante molestas que, de a poco, comen la carne, por eso se la conoce como “lepra blanca”. Junto a becarios del equipo trabajamos en nanopartículas que se activan por luz y generar toxicidad en las células infectadas con Leishmania.

-El mismo método pero con diferentes aplicaciones. ¿Cómo se investiga en nanosistemas?
-Bueno, a veces se asemeja a un asunto de fe, porque uno trabaja con partículas que no puede ver. Como son más pequeñas que la longitud de onda de la luz, tampoco es posible advertirlas al microscopio. Sin embargo, contamos con métodos de detección y aparatología específica que nos permite medir el tamaño de las nanopartículas. Lo bueno es que se trata de infraestructuras que podemos montar en países en vías de desarrollo como el nuestro. Son piezas autoensamblables, simples de producir y amigables con el medioambiente. Algunas de las que te mencioné se hacen con desechos de hojas de té verde. Cierra por todos lados.

-Por último, la UNQ se prepara para cumplir 30 años: ¿qué le gustaría contarme si tuviéramos esta misma conversación en 2049?
-Inevitablemente, pensar en el futuro me lleva al pasado, tengo que pensar en cómo arrancó todo. Hace 30 años estaba terminando el secundario y con mucha ilusión llegaba a esta Universidad. Cursé Biotecnología, luego el doctorado y después ingresé en Conicet por mis trabajos en esta casa de estudios. En la actualidad estoy cumpliendo con todos los objetivos que me propuse cuando apenas tenía 17. Por eso, la apuesta para las próximas décadas será consolidar este compromiso con la investigación pública, estatal y poder generar conocimiento que pueda ser aprovechado por la comunidad en el territorio.



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