Universidad de Buenos Aires - Facultad de Agronomía

28 de Marzo de 2011 | 4 ′ 16 ′′


Nuevas fuentes para la producción de biodiesel y biogás



Un equipo interdisciplinario de la Facultad de Agronomía logró producir energías alternativas con materias primas de origen agropecuario, agroindustrial y desechos orgánicos, que no implican el uso de elementos potencialmente consumibles como granos o aceites de maíz o de soja. A partir de aceites usados se produjo biodiesel, en tanto que con residuos de distinto origen se generaron combustibles como bioetanol o biogás.

Un grupo de investigadores trabaja en la obtención de subproductos alternativos para la generación de energía, cuya fabricación no implique la utilización de áreas con potencial agrícola. Las materias primas que se utilizan para la producción de biocombustibles son de origen agropecuario; para el biodiesel se emplea el aceite de cualquier oleaginosa, de soja, de colza, de maíz; y para el etanol se emplean cultivos como el de caña de azúcar. El maíz es una fuente para conseguir etanol, pero todos ellos afectan a lo producción de alimentos.

A partir del uso de cáscaras, spelers de cereales, desechos, aceites usados u otras materias primas como microalgas, los investigadores consiguieron energías alternativas sin afectar productos potencialmente consumibles como granos o aceites de maíz o de soja y la caña de azúcar, para potenciar las naftas y el gasoil.

El trabajo fue realizado con biocombustibles “que en un principio fue el biodiesel -señalan a InfoUniversidades los investigadores-, y como uno de los subproductos del biodiesel es la glicerina, al producir biodiesel con aceite se genera glicerina. Como en el mundo creció la industria del biodiesel, hay mucha glicerina, y una alternativa para darle valor a ese subproducto era utilizarlo en un biodigestor, que sirve para reemplazar el silaje del maíz y al resto de los cultivos que se utilizan para conseguir biogás. La glicerina es rica en energía y optimiza la eficiencia del proceso. La idea fue vincular las dos producciones y suplantar los cultivos energéticos con un subproducto que también genera energía”.

La producción de biodiesel a grandes escalas hace que la glicerina ya no sólo sea un subproducto usado en la industria de perfumes y pinturas, sino que también se convierta en un residuo. Por la ley 26.093 comenzó en el país a incorporarse hasta un 5 por ciento de biocombustibles -bioetanol y biodiesel-, en las naftas y el gasoil.

La idea para obtener biocombustibles sin afectar alimentos partió de utilizar el tratamiento de efluentes en los tambos, donde hay piletas para hacer ciertos tratamientos que en realidad no se hacen, ni para fertilizar. Estas piletas están siempre tapadas, entonces se pensó en solucionar problemas en los tambos y en otras producciones para reutilizar y dar valor a esos efluentes. A partir de esa idea surge la de la codigestión, que consiste en utilizar diferentes materias primas que aumentan la eficiencia del proceso poniendo más gas o más energía, gracias a materias que no compiten con los alimentos.

Dos de los investigadores, Della Vecchia y Ferrero, se dedicaron a estudiar la producción de biogás, -compuesto por gas metano, similar al gas natural-, a partir del uso de residuos orgánicos urbanos y agroindustriales. Ferrero investiga sustancias inhibidoras presentes en los sólidos provenientes de pilas, baterías y detergentes, para su uso como sustrato en un biodigestor, mientras que Della Vecchia intenta reemplazar el uso del silo de maíz -un cultivo energético que compite con los alimentos- para la fabricación de biogás, por medio de glicerina.

Los investigadores también analizaron el proceso de elaboración del biodiesel a partir del fruto de una palmera del norte argentino (Copernicia alba), que podría servir como suplementación animal. La intención pasa por evitar la deforestación de montes nativos y darle utilidad al fruto como otra fuente alternativa de energía que tampoco conspire contra la producción de alimentos. Además, avanzan en la factibilidad de la eliminación de la fase de lavado, disminuyendo así la generación de efluentes líquidos y el consumo de agua.


Juan Manuel Repetto


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