Universidad Nacional del Sur - Departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia

06 de Noviembre de 2008 |


Parque Tornquist: amenazado por la naturaleza del hombre

Parque Tornquist: amenazado por la naturaleza del hombre


Investigadores de la UNS intentan preservar uno de los últimos espacios de pastizal serrano, un ecosistema de gran valor biológico y ecológico amenazado por las especies invasoras y el avance de la agricultura.

Igual de importante aunque menos conocido que los grandes lagos del sur o los palmares fluviales, el Parque Tornquist en Sierra de la Ventana -en el sudoeste bonaerense- es un ambiente ecológico amenazado. El avance de la frontera agrícola y la presencia de especies invasoras lo redujeron a pequeñas áreas protegidas o a zonas que no sirven para el cultivo, como las faldas de los cerros. A pesar de ello, tiene una importancia fundamental en la provisión de recursos naturales para una amplia región, como la calidad del agua que consumen los habitantes de la ciudad de Bahía Blanca.

Para conocer sobre él, preservarlo y difundir su riqueza biológica y ecológica, trabaja un grupo de investigadores y alumnos de la Universidad Nacional del Sur, financiado con un subsidio del Programa Nacional de Voluntariado Universitario. Lo dirige Sergio Zalba, del departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia. “El Parque Tornquist es uno de los últimos relictos de pastizal pampeano en la provincia de Buenos Aires y en la Argentina en general”, señala el investigador, “aunque no se le ha dado tanta importancia en materia de conservación como a otros ambientes, ya que en la percepción pública generalizada no tiene tanto valor. Los pastizales han sido vistos como fuente de recursos para la agricultura, pero nunca a partir de su importancia original”. Según cuenta, el trabajo del grupo se desarrolla con acciones de manejo ambiental y también de difusión, para contarle al público por qué vale la pena su preservación.

Primero desaparecen las plantas y luego los animales
“Los mayores riesgos que enfrenta esta área son su transformación para la agricultura, que sólo dejó pequeños espacios para especies con requerimientos de áreas más grandes; y la invasión de especies, como el pino, que provoca grandes cambios ecológicos”, relata Zalba.
En este último caso, se trata de árboles que fueron plantados para sombra, reparo y combustible, pero que se extendieron notablemente por no encontrar enemigos naturales que frenen su avance. “La región pampeana era una zona libre de árboles hasta la llegada de la civilización, pero las necesidades humanas llevaron a su introducción en la zona. El problema es que algunas especies no se quedan donde se plantan, sino que sus semillas van más allá y se establecen de manera espontánea”, dice Zalba.
Tal es el caso de los “pinos tosqueros”, que se encuentran en una situación favorable respecto a las plantas nativas, y por eso su difusión es muy rápida. Su semilla puede volar hasta cinco kilómetros y germinar en cualquier suelo, incluso entre las rocas. “Así comienza un reemplazo que atenta contra la riqueza original del pastizal y amenaza a otras especies, porque las especies nativas no toleran la sombra”, amplía. “Cuando hay sombra, los vegetales originales se mueren y perdemos plantas que son únicas, ya que no crecen en otros lugares del mundo”.

Según el investigador, la desaparición de plantas nativas genera la desprotección del suelo: la sombra y los cambios químicos dejan el suelo desnudo. Luego, las lluvias y el viento arrastran ese suelo que termina en la base de los cerros o en los ríos, “ensuciando” caudales que son importantes para la provisión de agua en la ciudad y la zona, y destruyendo un sitio que tardó miles de años en formarse.
“Además de las plantas, toda la fauna silvestre nativa que depende de ellas queda desprotegida: insectos, pequeños mamíferos, aves, y otros. Por eso, este reemplazo genera una cadena de pérdida de diversidad”, alerta Zalba.

Cortar, preservar y crear conciencia
El trabajo del equipo se desarrolla en coordinación directa con la autoridad provincial de Reservas Naturales, ya que además de realizar tareas de investigación, buscan aplicar conocimientos adquiridos. Se conoce “manejo adaptativo”, es decir, las acciones para mitigar el impacto humano y controlar el equilibrio de las especies en un área natural.
“Nosotros estamos propiamente cortando pinos en espacios de alto valor de conservación biológico. No se trata de los que se plantaron intencionalmente, sino de los que crecieron espontáneamente y están amenazando o destruyendo otras áreas” cuenta Zalba. “Cada árbol que cortamos es una fuente de datos sobre su edad, procedencia y otros elementos que nos permiten preservar o recuperar los pastizales”, amplía, y aclara: “Nuestro trabajo no es propiamente cortar árboles, sino proteger pastizales, sus beneficios y toda la vida silvestre asociada a él”.

Además de la preservación, el proyecto tiene un claro objetivo de divulgación. Por eso, los integrantes mantienen un vivero de especies nativas dentro del Parque, donde organizan visitas escolares y reciben turistas. “Allí queremos enseñar que el pastizal es un sitio bonito, pero también con gran importancia ecológica”, dice el científico. “Gracias a la tarea de los investigadores y los voluntarios, los visitantes aprenden cuáles son los animales y plantas nativas. También cómo cuidarlos e incluso cultivarlas en sus casas. Creemos fundamental que la gente reconozca el valor de ese ecosistema para preservarlo a largo plazo”, concluye.


Marcelo Tedesco


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