Universidad Nacional del Sur - Carrera de Medicina

01 de Junio de 2020 | 4 ′ 38 ′′


¿Qué aprenden los que educan en unidades penitenciarias?



Brindar formación en contextos de encierro fue el punto de partida para la reflexión sobre lo que reciben médicos y enfermeras que salen de la tradicional educación hospitalaria y se animan a insertarse en otros ámbitos de la sociedad.

La concepción tradicional de la enseñanza imagina un sujeto que tiene conocimientos y otro que no, y un proceso lineal entre ambos, donde “el que sabe” le transmite algo al que “no sabe”. Sin embargo, educar es una actividad que transforma tanto al que aprende como al que enseña. Idealmente, ambos se llevan algo de ese proceso. Sobre esto reflexionaron docentes y alumnos del Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Nacional del Sur, y realizaron un análisis teórico que aborda la experiencia entre 2012 y 2019 del curso que forma internos de la Unidad Penal N°4 de Villa Floresta en el cuidado de su salud y la de sus pares.
“Intentamos poner en valor el reconocimiento de la diversidad en términos poblacionales e individuales para el trayecto formativo y el diseño de la currícula. Incluir la salud en contextos de encierro como escenario de formación es visibilizar en términos del proceso-salud-enfermedad-atención-cuidado las características particulares que presenta esta población y el abordaje especial que requiere”, explicó la magister María Verónica Grunfeld, autora de la investigación junto al magister Diego Palomo y la licenciada María Cecilia Arnaudo, todos docentes del Departamento mencionado.
“Para elaborarlo hicimos un sondeo de opinión conformado por cuatro preguntas abiertas, con el objetivo de analizar las experiencias de los grupos de estudiantes y docentes extensionistas que participaron y participan en el dictado del curso; explorando qué les aportó personalmente en su formación, en su carrera, cuáles fueron las sensaciones personales que tuvieron y en qué aspectos creen que contribuyó el curso para los internos e internas”, explicaron.
“Encontramos que la formación de estudiantes de ciencias de la salud implica poner en juego los saberes adquiridos en las aulas y hacerlos dialogar con los problemas concretos de la comunidad, en la búsqueda de ofrecer respuestas adecuadas y contextualizadas. Durante estos siete años, cada una de las actividades que pudimos llevar adelante generó en los alumnos y los docentes un nuevo punto de aprendizaje, tanto en lo personal como en lo académico”, relataron.

Los alumnos valoran el espacio del curso como un lugar de intercambio con personas que viven en un contexto totalmente ajeno al de la vida cotidiana. “El régimen carcelario, de alguna manera, tiende a homogeneizar a las personas; la singularidad queda arrasada por el lugar social que adquiere al estar alojada en dicha institución”. Según explican, el curso aporta el contacto con una experiencia educativa, donde se les invita a expresarse libremente desde el cuidado y la solidaridad, a la vez que asumen la responsabilidad de desarrollar ciertas tareas y objetivos educacionales, favoreciendo no sólo el espacio y la vivencia intramuros sino las posibilidades para la vida afuera del penal.

“Incluir como escenario de formación la salud en contextos de encierro es visibilizar, en términos del proceso-salud-enfermedad-atención-cuidado, las características particulares que presenta esta población y el abordaje que requiere”, agregó Grunfeld. Como formadores de profesionales de la salud, debemos promover que los alumnos transiten por espacios donde puedan apreciar las características singulares de cada población y su contexto en los diferentes ámbitos de la vida, enfocándose en las personas, familias y comunidades, sus necesidades y problemas, cómo cuidan su salud y qué aspiraciones o deseos tienen. Ya no podemos formar estudiantes con una currícula centrada en el hospital donde se atienden personas enfermas. Debemos ir más allá y poder transitar por espacios en contacto con problemas de salud colectiva, como es el caso de la cárcel”, explicaron los responsables de esta iniciativa.

El curso se desarrolla en veinticinco encuentros de dos horas semanales presenciales y dos horas semanales no presenciales, donde los internos e internas deben realizar un trabajo práctico para aplicar conceptos teóricos. Algunos de los contenidos abordados son: promoción de la salud y prevención de enfermedades, primeros auxilios, reanimación cardiopulmonar, diabetes, hipertensión arterial, salud sexual y procreación responsable, infecciones de transmisión sexual, salud mental, adicciones, tabaquismo, tuberculosis, salud del adulto, manipulación de alimentos, entre otros.


Marcelo C. Tedesco


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