Universidad Nacional del Nordeste - Facultad de Medicina

17 de Julio de 2017 | 6 ′ 32 ′′


Reclaman incrementar las medidas de prevención por la Fiebre Amarilla



Todo el NEA argentino permanece en estado de alerta frente a los 371 casos de fiebre amarrilla confirmados en más de siete Estados del Brasil. Los centros de salud y de investigación regional incrementaron el seguimiento de posibles casos, como consecuencia de las sugerencias que, en ese sentido, realizara la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

El director del Instituto de Medicina Regional de la UNNE, doctor Luis Merino, expresó que tanto la OPS como la Organización Mundial de la Salud notificaron reiteradamente que la transmisión del virus de la fiebre amarilla entre monos (epizootias), actualmente en investigación en varios Estados de Brasil, “representa un riesgo de circulación del virus hacia los países vecinos, incluido el nuestro, sobre todo en las áreas en que comparten un mismo ecosistema”. Para Merino, el riesgo que se presenten casos es “elevado, si no se toman las precauciones de controlar el mosquito vector y además no se reduce el tránsito de personas no vacunadas hacia regiones con casos humanos o animales”.
Merino respondió a una serie de preguntas que ayudan a saber más sobre esta enfermedad:

-¿Qué es la fiebre amarilla?

Es una enfermedad viral aguda producida por el Virus de la Fiebre Amarilla que pertenece al género Flavivirus (al igual que otros virus como los del Dengue, Zika, Encefalitis Japonesa y Encefalitis de West Nile). En su ciclo selvático se transmite de un mono enfermo a un mono sano, o al hombre, principalmente por mosquitos de los géneros Haemagogus y Sabethes. Ya en el ciclo urbano la transmisión es de persona enferma a persona sana a través del mosquito Aedes aegypti.

-¿Cuáles son los síntomas?
Las manifestaciones clínicas de la infección por el virus de la fiebre amarilla son muy variables: desde las formas asintomáticas, pasando por modalidades leves con síntomas inespecíficos, hasta la fiebre hemorrágica clásica de alta letalidad.
El período de infección aparece en un lapso que va de 3 a 6 días después de la picadura del mosquito. El comienzo es abrupto, y el paciente presenta fiebre mayor de 39 grados, escalofríos, cefalea, náuseas, mareos, malestar general y dolor muscular, congestión facial y bradicardia relativa (signo de Faget). Es en este período donde el paciente puede ser fuente de infección para mosquitos.
En aproximadamente el 15 al 25% de los casos, los síntomas reaparecerán en forma más grave y sobreviene el período de intoxicación, en el que predominan síntomas de insuficiencia hepática y renal con necrosis hepática, colestasis y presencia de albuminuria. El paciente se presenta con ictericia, dolor epigástrico, entre otros. En los casos fatales, además de la hepatitis, pueden ocurrir miocarditis y encefalitis. La letalidad es del 50% en promedio, y el desenlace se produce, habitualmente, entre el séptimo y décimo día de aparecidos los síntomas.


-Ante la potencial aparición de casos, ¿el sistema de salud está preparado para hacer frente a la enfermedad?

Los profesionales médicos deberían estar atentos ante la consulta de pacientes con síntomas compatibles con fiebre amarilla, a fin de realizar un diagnóstico oportuno y tratarlos adecuadamente aplicando medidas de sostén (no existe tratamiento antiviral específico) y asegurando su aislamiento entomológico para evitar la picadura de mosquitos en la primera etapa de la enfermedad.

Si bien la real capacidad operativa de un sistema de salud se comprueba al momento de hacer frente a un brote, en nuestra región contamos con profesionales preparados para tal fin. Por otro lado, las autoridades sanitarias nacionales y provinciales seguramente están tomando las previsiones correspondientes para ofrecer respuestas ante situaciones de alerta sanitaria.

-¿Qué medidas sanitarias habría que tomar?, ¿en qué momento?
En primer lugar hay que controlar el mosquito vector, tal como se hace para prevenir la transmisión del virus del Dengue y otros virus asociados. Si bien se utiliza la fumigación como uno de los métodos de control, habría que saber que se aplica en casos puntuales, no se recomienda la fumigación indiscriminada. La otra medida que se realiza ante la aparición de la enfermedad en monos (epizootias) o en personas, es la aplicación de la vacuna a personas no vacunadas.

-¿Se vacuna de manera preventiva?

La medida más importante de prevención de la fiebre amarilla según la OMS es la vacunación. Debería vacunarse a cualquier persona que viaje hacia las zonas donde se registraron casos de fiebre amarilla, tanto en humanos como en monos (epizootias). En Sudamérica, tienen especial riesgo las personas que desarrollen actividades recreativas como pesca y/o campamento a orillas de cursos de agua dentro de áreas endémicas o epidémicas.
La vacuna no debe aplicarse a:
- personas con enfermedades febriles agudas, con compromiso de su estado general de salud;
- personas con antecedentes de hipersensibilidad a los huevos de gallina y sus derivados;
- mujeres embarazadas, salvo en situación de emergencia epidemiológica y siguiendo recomendaciones expresas de las autoridades de salud;
- personas inmunodeprimidas por enfermedad (por ejemplo, cáncer, leucemia, SIDA, etc.) o por medicamentos;
- menores de 6 meses (consultar el prospecto del laboratorio de la vacuna);
- personas de cualquier edad que padezcan alguna enfermedad relacionada con el timo.

¿El Instituto de Medicina Regional realiza alguna suerte de monitoreo o seguimiento de la situación?

En este momento no se realizan investigaciones puntuales relacionadas con el virus de la fiebre amarilla, pero el Instituto cuenta con la capacidad operativa para detectar la presencia del virus mediante la reacción en cadena de la Polimerasa, que puede aplicarse en sangre del paciente en la primera etapa de la enfermedad (dentro de los 5 días desde la aparición de los síntomas).

Frente a esta enfermedad, como frente a otras ya conocidas de igual forma de transmisión, debe insistirse en que los hábitos de los ciudadanos (eliminar criaderos de mosquitos) y el autocuidado (uso de repelentes) sumados a la vacunación en los casos específicamente recomendados, son la mejor forma de prevenir brotes o controlarlos, en el caso de que no se haya podido evitar su aparición.


Juan Monzón Gramajo


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