Universidad Nacional de Rosario - Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas

12 de Noviembre de 2012 | 3 ′ 30 ′′




Un proyecto que desarrolla nuevos métodos luminiscentes para detectar la presencia de contaminantes químicos ambientales es llevado a cabo por dos científicas de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas. Mediante estos métodos se analiza la presencia de contaminantes como agroquímicos, antibióticos, hormonas esteroideas y medicamentos utilizados en enfermedades crónicas, en muestras de agua potable y de agua contaminada.

El equipo de investigadores comandado por las doctoras Graciela Escandar y Gabriela Ibañez, docentes, investigadoras del Conicet e integrantes del Instituto de Química Rosario (IQUIR), trabaja en el desarrollo de métodos analíticos, a partir de técnicas luminiscentes para la determinación de compuestos de riesgo ambiental.

Un sensor químico luminiscente es un dispositivo que, como resultado de su interacción con un determinado compuesto, convierte la información química en una señal luminosa. Es decir, que los datos se obtienen a partir de medidas de emisión de luz que incluyen los fenómenos de fluorescencia y fosforescencia.

El proceso de fluorescencia es extremadamente rápido y ocurre cuando ciertas moléculas absorben energía y luego la re-emiten en forma de luz, durante el tiempo que permanece el estímulo que la provoca. El proceso de fosforescencia es similar pero mucho más lento, allí la re-emisión de la energía absorbida se produce aún cuando la fuente original de irradiación se ha apagado.

“Nos abocamos a conseguir métodos de determinación que sean rápidos, económicos y que se ajusten a la llamada Química Verde, que consiste en una concepción dirigida hacia los diseños de productos y procesos químicos que implican una reducción o eliminación de productos químicos peligrosos, fundamentalmente con un carácter preventivo. Se busca desarrollar técnicas que reducen o eliminan el uso de reactivos nocivos. Los sensores, en general, no utilizan grandes cantidades de solventes orgánicos y se pueden emplear empleando una mínima cantidad de sustancias peligrosas”, afirmaron a Argentina Investiga las investigadoras.

Según explicaron las científicas, una de las ventajas de los sensores luminiscentes es que poseen una alta sensibilidad; esto significa que permiten determinar una cantidad muy pequeña del compuesto de interés en las muestras. Por otro lado, los análisis realizados con este método brindan resultados en forma rápida y, en muchas ocasiones, no es necesario transportar la toma de muestra al laboratorio, sino que puede realizarse en el mismo sitio investigado.

El objetivo del trabajo es, además de detectarlos, poder cuantificarlos, ya que establecer el nivel de un contaminante permite determinar también si ese compuesto se encuentra presente por debajo o por encima de los niveles permitidos por las agencias de control ambiental, y es a partir de esa información que se pueden tomar las decisiones adecuadas para remediar o evitar la contaminación.

A partir de este método, el equipo trabaja con muestras de agua potable, agua contaminada y lodo activado, así como también muestras del Río Paraná y sus afluentes principales en diferentes zonas. De esta manera se llega a determinar hidrocarburos aromáticos y agroquímicos de uso frecuente (herbicidas, fungicidas, insecticidas). Hoy trabajan en torno a contaminantes emergentes como, por ejemplo, antibióticos, hormonas esteroideas y medicamentos utilizados en enfermedades crónicas, que no están dentro de las regulaciones que controlan la calidad del agua, pero representan una potencial amenaza para los seres vivos.


Ivana Mondelo


Producen nanocápsulas de origen natural para conservar alimentos

A partir de plantas aromáticas, como el orégano, el laurel, el romero y otras especies, extraen aceites esenciales con propiedades antioxidantes y antimicrobianas que prolongan la vida útil de los alimentos. Bajo la forma de cápsulas diminutas, lograron incorporar esos aditivos naturales en pescados, nueces y leche de soja. Comprobaron que mantienen el producto en buen estado, entre un 30% y 50% más que los conservantes artificiales. El proyecto es desarrollado por un equipo interdisciplinario, en el marco del Programa Institucional y Multidisciplinar (Primar) en Temas Prioritarios, que impulsa la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC.

Infecciones gástricas: aportan nuevos datos para su tratamiento

Una de cada dos personas en el mundo sufre infecciones gástricas causadas por la bacteria Helycobacter pylori. Investigadores trabajan en identificar los genotipos prevalentes de esta bacteria en el Centro y Norte santafesinos. Además, analizan su estructura genética para estimar su nivel de virulencia o si ha adquirido resistencia a antibióticos. De esta manera buscan aportar datos que permitan generar una medicina personalizada.

Encuentran indicios de daño genético por exposición a agroquímicos

En el estudio realizado por el área de Biología Molecular del Instituto de Medicina Regional de la UNNE se brinda una estimación del daño genético en personas expuestas a productos químicos y agentes “genotóxicos”, es decir, aquellas sustancias que pueden unirse directamente al ADN causando mutaciones que pueden derivar o no en enfermedades oncológicas

Relevan en aserraderos hongos causantes de algunas patologías

Más de 40 especies de hongos fueron detectadas en el aire interior de aserraderos, como parte de un estudio que buscaba analizar la composición y concentración de la micota aérea en estos talleres.

Combatir malezas con conciencia ecológica

Investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora indagan la manera de combatir el cardo de castilla desde la ‘ecología de malezas’. “Esta técnica se trata de diseñar y planificar herramientas de control de plagas que incluyan productos químicos, pero no como único método, son alternativas más amigables con el medio ambiente”, indica Roberto Huarte, director del proyecto.

Científica platense revela los secretos de las rocas en busca de petróleo

El estudio del querógeno, una materia orgánica sepultada durante millones de años, permite, a través de la identificación de sus elementos constitutivos, definir si la roca sedimentaria estudiada contiene hidrocarburos.

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