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Universidad Nacional de General Sarmiento
Instituto de Industria
10 de Diciembre de 2012

Un estudio económico sobre las semillas transgénicas en la Argentina

La renta de innovación es el ingreso adicional, o reducción de costos, que obtienen quienes adoptan semillas transgénicas respecto de quienes no lo hacen. En entrevista con Argentina Investiga, el economista Sebastián Sztulwark analizó a través de dos casos concretos, soja y maíz, el conflicto por la apropiación de la renta de innovación que surge con la difusión de las semillas transgénicas en el país.

Un estudio económico sobre las semillas transgénicas en la Argentina

La introducción de las semillas transgénicas en Argentina es un tema analizado por científicos de varias disciplinas desde distintos enfoques: social, económico y ecológico, entre otros. El economista Sebastián Sztulwark, investigador docente del Instituto de Industria de la Universidad, focalizó su trabajo en el análisis de la variable económica a través del estudio de dos casos con gran impacto en el país, las semillas transgénicas de soja y maíz.

“Monsanto, la más poderosa empresa global de biotecnología agrícola, a pesar del enorme conflicto que se suscitó alrededor del cobro de regalías de la soja RR (variedad resistente al glifosato, lo que permite un cultivo limpio de malezas) sólo pudo apropiarse del 1% de la renta de innovación que se deriva de la difusión en la Argentina de una tecnología de su propiedad”, concluye Sztulwark, en su libro “Renta de innovación en cadenas globales de producción”, editado recientemente por la UNGS.

La renta de innovación es un concepto diferencial, que alude al ingreso adicional (o reducción de costo) que obtienen los adoptantes de una tecnología, en este caso, la semilla transgénica, frente a quienes decidieron no adoptarla. Para el caso de la soja RR, Sztulwark calculó ese plus diferencial por innovación en poco menos de 2.500 millones de dólares, acumulados entre 1996 y 2006. Este adicional se dividió entre los integrantes de la cadena global de producción: los agricultores obtuvieron el 87.9% de la renta, la industria semillera el 10.9% y Monsanto el 1.2%.

El maíz Bt es un transgénico que produce en sus flores una proteína que provoca la muerte de las larvas conocidas como “barrenadores del tallo”. Para este caso, el plus que se obtuvo por utilizar la semilla transgénica fue de cerca de 250 millones de dólares, mientras que la división de la renta dentro de la cadena fue del 35.2% para el segmento agropecuario, el 19.2% para el industrial y el 45.5% para el biotecnológico.

-¿Cómo se da el problema de apropiación de la renta en el caso de las semillas transgénicas?
-En las semillas hay una cadena corta pero con segmentación de la producción global y hay un problema de apropiabilidad de la renta dentro de la cadena. El que desarrolla la innovación no tiene garantizada la apropiación de esa renta, que es algo similar a lo que ocurre con el software o la música, por ejemplo. Alguien hace una semilla, el agricultor compra esa semilla para sembrar y cuando la cosecha tiene la misma semilla modificada, no necesita volver a comprarla.

-En el caso de la soja RR, Monsanto no recibe las regalías por esa semilla que se vuelve a sembrar…
-Claro; la renta tiene que ver con poder ejercer un monopolio sobre la propiedad. Esto está relacionado con el desarrollo del conflicto en la Argentina, que es distinto en el caso de la soja y del maíz.

-¿Cuáles son las diferencias principales?
-La diferencia fundamental entre las semillas es de carácter técnico. El mecanismo de herencia reproduce la información contenida dentro del ADN de la planta. Todas las semillas tienen esta característica pero, en el caso del maíz, fue posible avanzar en forma exitosa sobre el proceso de hibridación. Las semillas hibridas tienen un alto rendimiento, pero el rendimiento baja muchísimo en la segunda generación.

-¿Entonces el agricultor debe comprar nuevas semillas?
-Sí, y es lo que marcó la diferencia. Le dio a las semillas de maíz un vehículo más funcional para la apropiación de rentas de innovación. Eso no ocurre en el caso de la soja, donde el mercado negro de semillas fue de más de la mitad.

-¿Cuáles son las desventajas detrás de la innovación biotecnológica?
-Ahí entran cuestiones complejas que a veces se simplifican en el debate. Las innovaciones biotecnológicas tienen un efecto muy importante sobre la productividad agrícola pero su modelo de difusión y regulación plantea toda una serie de problemas importantes en donde el Estado tiene un papel fundamental que cumplir. Estos van desde el control de las fumigaciones del glifosato, la tendencia al monocultivo, la deforestación producto de una ampliación no planificada de la frontera agrícola, entre otros. Por otro lado, este proceso requiere de menos mano de obra, pero esto es una tendencia más general que se da también en muchas ramas de la industria. Y también hay otras cuestiones relacionadas al poder de las grandes multinacionales y la connivencia que pueden tener con los gobiernos. En términos generales, creo que estos problemas no deberían llevar al rechazo de la tecnología, sino a pensar un modelo diferente de regulación.

Comunicación
prensa@ungs.edu.ar
Marcela Bello
Comunicación y Prensa UNGS
Universidad Nacional de General Sarmiento




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