Violencia de género: consideran que la academia asumió un mayor compromiso

Universidad Nacional de Villa María - Instituto de Ciencias Sociales

06 de Julio de 2015 | 7 ′ 13 ′′


Violencia de género: consideran que la academia asumió un mayor compromiso


"La violencia es un problema transversal a todas las clases [sociales]”, así lo afirma Raquel Drovetta, investigadora y co-coordinadora del grupo “Feminismos, transformaciones y propuestas alternativas en América Latina y el Caribe”. La especialista, en entrevista con Argentina Investiga, sostuvo que las universidades tienen un rol activo con investigaciones sobre las consecuencias del aborto inseguro, la estigmatización de las trabajadoras sexuales y el tratamiento mediático del femicidio.

La docente e investigadora de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), Raquel Drovetta, dirige el proyecto de investigación “Políticas de la sexualidad, una década de cambios en Argentina” y es co-coordinadora de un grupo de trabajo CLACSO “Feminismos, transformaciones y propuestas alternativas en América Latina y el Caribe”.

En diálogo con Argentina Investiga, analizó la evolución de la violencia de género, derechos adquiridos, el rol de los medios, la escuela y la familia. Además, aseguró que la academia asumió un compromiso importante en la investigación de temas cruciales que implican la violencia hacia las mujeres y los grupos de la diversidad sexual.

-¿Siempre existió o se incrementó el número de casos?
-La violencia ejercida contra las mujeres es un tema de larga data. Lo que ocupa la atención de la sociedad actual es la modificación de alguna de las formas de manifestarse de esta violencia. También, a diferencia de hace diez años atrás, cuando se mataba a trabajadoras sexuales, a lesbianas, personas trans, travestis y otros cuerpos feminizados no se problematizaba el crimen, por tratarse de personas muy estigmatizadas y, consecuentemente, consideradas con menos valor para la sociedad.

Clase y etnia son atributos inseparables del género. Probablemente, lo que también preocupa a la sociedad es que los crímenes se dirijan hacia cualquier mujer, en el sentido de que las víctimas de los últimos años son jóvenes pero también adultas, de clase baja y de clase media, heterosexuales, trabajadoras, estudiantes, madres. Fueron asesinadas en sus hogares, pero también en espacios públicos y en sus trabajos, de día y de noche, por parejas, ex parejas y varones que no eran sus parejas, entre otras múltiples posibilidades. Esto tira por tierra el estereotipo que aún prevalece acerca de que la violación, la tortura y el asesinato lo sufren quienes ejercían alguna conducta considerada alejada de los comportamientos esperados, que no son más que construcciones culturales asentadas sobre un estereotipo de lo que las mujeres deben y no deben ser, construcciones generadas y mantenidas por varones y, en muchos casos, reproducidas por las propias mujeres. Y, sobre todo, naturalizadas al punto de ser invisibles.

-¿Por qué se visibiliza cada vez más la violencia de género?
-La sociedad se muestra cada vez más compleja y, entre otras cosas, se materializa la expansión de los derechos bajo la democracia, la incorporación de las mujeres al mercado laboral, la demanda de iguales salarios por igual tarea, la reasignación de roles en la familia, entre otros cambios. Ante esto, hay que observar que entran en tensión los roles de los varones, educados bajo patrones de dominio sobre las mujeres, que ante estos cambios sociales -la independencia, la autonomía que ganan las mujeres- se descubren impotentes para dominar, porque ya no obtienen la obediencia pasiva de las mujeres.

-¿Puede percibirse un efecto multiplicador de la violencia cuando este tema se instala a nivel mediático?
-Depende del tratamiento que los medios le den. Cuando lo que se hace es presentar la vida íntima de las víctimas, cuestionar su comportamiento, su ropa, sus actividades y compañías, cuando se trata de evaluar en qué medida estos factores las hicieron menos o más merecedoras de su destino, claramente se está re-victimizando a quien ya es víctima. De esa manera, los medios de comunicación contribuyen a reproducir un mandato social que sostiene que quienes se aparten de una norma, obviamente impuesta desde la perspectiva patriarcal, pagarán las consecuencias. Pero, aun cuando pareciera que los medios de comunicación no hablan de violencia de género, en realidad contribuyen a la difusión y propagación de un estereotipo de mujeres y de cuerpo feminizados que no valen, que son objetos expuestos para el consumo, que se puede hacer con ellos lo que se quiera. Eso se observa con sólo prender la televisión, ver novelas, publicidades y programas de entretenimiento.

-¿Qué rol asumen las familias y la escuela?
-Sin dudas, el ámbito de la familia, si se piensa específicamente en el modelo hegemónico de la familia tradicional heteronormativa, es un espacio social que encierra y reproduce innumerables desigualdades, donde las hijas e hijos, aun aquellos que son educados bajo el paradigma del amor, crecen con libertades y responsabilidades diferentes entre varones y mujeres. Parece incomodar cuando se cuestiona a esta familia y se evidencia que constituye un ámbito donde no prima sólo el desinterés y el amor. Lamentablemente, esta construcción cultural no nos permite ver que allí también se construyen escalas valorativas diferenciadas para varones y mujeres, que se observan cotidianamente entre quienes realizan las tareas de cuidado, alimentación y limpieza, por ejemplo. Por su parte, la tarea de la escuela es educar en la diversidad, pero estos aprendizajes deben ser reforzados y ejercitados hacia el interior de las familias todas y diversas.

-¿De qué manera la Academia ha empezado a generar y producir aportes para el debate de discursos en torno de la violencia de género?
-La academia también se encuentra atravesada por desigualdades de género. Debe quedar claro que un mayor nivel de educación formal no garantiza el estar libre de sufrir o generar violencia. Si la sociedad continúa pensando que el problema de la violencia se sitúa en determinadas clases sociales -generalmente bajas-, no hace más que invisibilizar que la violencia es un problema transversal a todas las clases. En el caso específico de la violencia contra la mujer, la academia y la teoría feminista, así como las organizaciones de mujeres y feministas, han hecho y continúan haciendo mucho. La academia se muestra más comprometida con temas cruciales que implican violencia hacia las mujeres y los grupos de la diversidad sexual. El estudio de las consecuencias del aborto inseguro, por ejemplo, el estigma y la persecución a las trabajadoras sexuales, el análisis de los medios de comunicación y su tratamiento del femicidio, entre otras, son líneas de investigación que se desarrollan en la UNVM y esto implica un cambio importante al nivel de las y los académicos, pero también en términos institucionales. Ya no basta el compromiso individual, se requiere mucho más que eso y la universidad pública debe tener un rol importante en la educación democrática.

Rodrigo Duarte
duarte.rod@gmail.com
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