Nota

Universidad Nacional del Nordeste - Facultad de Ingeniería

13 de Abril de 2009 |

Biogas: nuevo método para obtener dulces regionales

La producción industrial del dulce de mamón crece en la región por la alta disponibilidad de esta fruta. El proceso demanda un elevado costo en combustible, pero un trabajo científico, tomando como base la biodigestión anaeróbica, logró obtener biogas con la cáscara y los restos no utilizados de la fruta regional. La descarga de barros que se genera en el proceso tiene elevado contenido de nitrógeno, lo que también permite su utilización como fertilizante en huertas productoras de plantas. El sistema es aplicable a otros productos.

El mamón, además de dulce, servirá para generar biogas.

Un grupo de investigadores de la UNNE comprobó que con la cáscara y la fruta que se descarta en la confección del dulce de mamón y un biodigestor se puede generar gas combustible, también llamado biogas, y en cantidad suficiente como para hacer funcionar las calderas donde se cuece el fruto, o para calentar agua a niveles industriales. Aunque el trabajo se realizó en base al mamón, se podría aplicar a otros dulces regionales.

Esto no sólo reduciría considerablemente los costos de producción, disminuyendo el gasto en combustible, sino que además permitiría utilizar un importante volumen de cáscaras y frutas en mal estado, que actualmente son desechadas como basura.

Se trata del Grupo de Investigación de Energías Renovables (GIDER) que funciona en el Laboratorio de Termodinámica de la Facultad de Ingeniería. Allí trabajan con la digestión de residuos orgánicos para generar gas que se pueda utilizar como combustible. Durante este período investigaron la cantidad de gas metano que producen diferentes sustancias a partir de la biodigestión. Se realizaron ensayos con basuras de cocina, restos de aserrín y virutas, y recientemente con restos de la industria alimenticia.

El mamón es una fruta que genera grandes cantidades de desperdicios, que pueden llegar hasta el 30 por ciento de la fruta inicial. Este es el primer aspecto positivo del mamón en términos de biodigestión, ya que se trata de un volumen suficiente para la generación de gas en cantidades explotables.

Según explicó a InfoUniversidades Pablo Martina, director del proyecto, esta fruta desechada tiene otra característica que la hace apta para la producción de biogas. “El mamón contiene un gran porcentaje de humedad, se desmenuza fácilmente y a veces ya tiene cierto grado de descomposición, cualidades que lo hacen ideal para alimentar un biodigestor”.

Pero el mamón también tiene una relación Carbono-Nitrógeno tal que evita la necesidad de agregar este último componente (Nitrógeno), haciendo aún más sencillo y económico el proceso de biodigestión.

El director del proyecto, y su equipo, el licenciado Juan Corace y la licenciada Raquel Aeberhard, consideraron a la producción de biogas a partir del mamón como “satisfactoria”. “Fue lo suficientemente importante como para justificar la instalación de una planta de producción de biogas de tipo continua, con su reactor de digestión semienterrado y un gasómetro para la acumulación del biogas producido”, aseguró el ingeniero Martina.

Corace y Aeberhard agregaron que la descarga de barros que se genera en el proceso de biodigestión tiene elevado contenido de nitrógeno, lo que permite su utilización como fertilizante en huertas productoras de plantas. Y resaltaron que debe tenerse en cuenta que actualmente “todo el rechazo de la fruta se tira sin darle ninguna utilidad”.

Según las proyecciones de la investigación, los profesionales consideraron que el biogas generado “puede utilizarse principalmente en la cocción de la fruta y para calentamiento de agua de uso industrial en un calefón común o en una caldera”.

La última conclusión fue que el uso de biogas “disminuiría el uso de combustibles fósiles, excesivamente costosos, cada vez más difíciles de proveerse y altamente contaminantes”. Lo que -aseguran- permitirá a los propietarios de fábricas del dulce y a todas las que tienen desperdicios del tipo orgánico que se pueda presentar y solicitar -de acuerdo al Tratado de Kyoto- el recupero de divisas debido al canje de “bonos verdes de carbono”, un esquema de mercado donde empresas de países industrializados pagan a otras, la mayoría en naciones menos desarrolladas, por su reducción en las emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI), por lo cual expiden certificados.

Este y otros trabajos del GIDER no sólo son insumo científico o teórico, sino que tienen aplicación práctica que el mismo grupo encara. Según adelantó Martina, él y su equipo tienen previsto construir un biodigestor para un refugio de jóvenes con problemas de adicciones de las afueras del Gran Resistencia, que permitirá abaratar costos a la producción porcina que allí realizan y, paralelamente, generará abono para las huertas que también trabajan.

Catriel López Acosta


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