Nota

Universidad Nacional del Litoral - Facultad de Ciencias Económicas

26 de Enero de 2009 |

Causas y efectos de la crisis global

Desde que comenzó la crisis económica mundial, los tecnicismos invadieron el lenguaje cotidiano. Superlunes, días negros, indicadores en rojo, gráficos serrucho, recesión, rescate, subprime, commodities, Merval o Dow Jones, son sólo algunos, pero ¿cuál es la génesis y el desarrollo de la crisis? ¿Qué consecuencias reales tiene en la Argentina? Especialistas de la UNL analizan el fenómeno global y ofrecen un pronóstico sobre la situación.
Causas y efectos de la crisis global

Asesores, ex ministros o especialistas aconsejan a legos, a inversores o advierten a gobiernos. Ningunean o sobredimensionan los efectos, echan culpas. Entre tantos ecos, unos más y otros menos, todos hablamos en algún momento de la crisis financiera internacional.

Compartimos la certeza de que la denominada Crisis Financiera Internacional o Económica Global surge en el corazón de Estados Unidos, de modo que afecta con mayor intensidad a las naciones más vinculadas. Esto se debe a que este tipo de fenómenos económicos comienzan en un centro financiero mundial y luego se propagan al resto del mundo a través del precio de las materias primas, los flujos de capitales, las tasas de interés y la confianza de los inversores.

El comienzo: la crisis de los subprime

Expertos aseguran que esta crisis tuvo su germen en 2001, luego del ataque a las Torres Gemelas, cuando Estados Unidos atravesaba un momento de pseudo recesión, por lo que el Sistema de la Reserva Federal (Federal Reserve System) bajó las tasas de interés a niveles que rondaban el 1% anual, con el fin de reactivar el consumo y la producción a través del crédito. La gente avizoró posibilidades de realizar inversiones de inmuebles, y, por lo tanto, de endeudarse. Se trató del surgimiento de lo que los economistas llaman una “burbuja inmobiliaria”.

“Había instituciones que dieron créditos a manos llenas, incluso a deudores que no tenían respaldo financiero suficiente. A partir de 2004, cuando la FED elevó las tasas de interés para controlar la inflación, muchos ya no pudieron pagar las cuotas y comenzaron a surgir problemas de morosidad. Desde ese año y hasta 2006, el tipo de interés pasó del 1 al 5,25 % anual”, explica Carlos Beltrán, docente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNL.

Las ejecuciones hipotecarias por el impago de las deudas crecieron de forma espectacular, y numerosas entidades comenzaron a tener problemas para devolver el dinero a los inversores o recibir financiación de los prestamistas, dando lugar a la crisis global que llevó el nombre de Subprime, debido a su origen en los deudores que no pagaron.

Sin embargo, en pleno boom del crédito los bancos quisieron seguir alimentando el negocio. Para ello utilizaron las hipotecas como garantías para que el mercado les adelantara dinero y a cambio entregaban un certificado representativo. Al ser un activo financiero, esos certificados se encontraban al poco tiempo en la mayoría de las carteras de los bancos de inversión y fondos de riesgo. Una vez que comenzaron a bajar los precios de las viviendas y, en consecuencia, a generarse los impagos de los préstamos hipotecarios, los inversores se dieron cuenta de que era mejor desprenderse de esos títulos. Esto se convirtió al poco tiempo en un problema para los bancos: no les alcanzaba el dinero para responder a esa ola de ventas, y los bancos centrales salieron entonces a socorrer a las entidades con “inyecciones” de liquidez.

Efecto dominó

Las primeras manifestaciones de la crisis pueden fecharse en Estados Unidos en agosto de 2007, con la morosidad de esas hipotecas subprime o de mala calidad, y se extendió rápidamente por todo el mundo. “El 16 de marzo de 2008, el banco estadounidense Bearn Stearns cae en problemas y, en julio, las gigantescas empresas hermanas Fannie Mae y Freddie Mac, que monopolizaban el 45% del crédito hipotecario de USA. El gran problema era que había muchos bancos extranjeros, incluso centrales, que tenían acciones en esas firmas: las empresas comenzaron a valer cada vez menos y, por ende, las acciones que las representaban cayeron estrepitosamente. Sus solvencias decayeron, y también otras entidades vinculadas a ellas.

Según acota el profesor Néstor Perticarari, investigador de la FCE, el gran inconveniente de las crisis es que los bancos comenzaron a perder liquidez, es decir, la capacidad de convertir los activos en dinero rápidamente. “Esto no es un aspecto menor, porque es el capital del banco el que entra en problemas. Si una empresa común cae, le queda el activo físico, pero el banco pierde dinero y también la capacidad de obtener ganancias”. En septiembre de 2008, el gobierno de Estados Unidos comenzó a aplicar una política intervencionista, actuando a través de los famosos salvatajes sobre el sistema financiero que se caía a pedazos. Así intentó subsanar las debacles de los bancos, pero se despreocupó de los deudores que perdían sus viviendas y de aquellos que habían colocado su dinero en fondos de jubilación y pensión.

El salvataje de los gigantes

Según datos aportados por Beltrán, el primer rescate se produjo a través de la intervención de la Reserva Federal en el caso de la venta de Bearn Stearns. La FED aceptó un riesgo importante, haciéndose cargo de una cartera de 30 mil millones de dólares de la entidad y descargó gran parte del costo en los propietarios del banco, al vender por 1.000 millones una empresa que, a mediados del año pasado, valía 22 mil millones. Este salvataje, que utilizó fondos públicos y de la FED, castigó a los accionistas y protegió a los inversores. En un segundo rescate, el Tesoro ejerció la tutela o “estatización”, según Beltrán, sobre las dos agencias hipotecarias gigantescas del gobierno, pero de capital privado, Fannie Mae y Freddie Mac, que manejaban hipotecas por cerca de 5,3 billones de dólares, el 45% del total de las hipotecas estadounidenses. Se trata del mayor salvataje y la mayor intervención del Estado en la economía desde la aguda crisis de la década del ‘30. Fue una importante inyección de fondos, la virtual estatización de las empresas y la dilución del capital de los accionistas privados.

Por otra parte, la tercera ola de intervenciones fue sobre dos importantes bancos de inversión como Merrill Lynch y Lehman Brothers, y la aseguradora más grande del mundo, la AIG (American International Group). En el caso Merrill Lynch el rescate se resolvió a través del mercado, pero con el beneplácito estatal, ya que fue comprado por el Bank of America, una fusión que está siendo evaluada detalladamente por los mercados. Sin embargo, en el caso de Lehman, el gobierno se negó a aplicar fondos para salvarla y, como consecuencia, los oferentes se negaron a comprar la parte “sana” del banco. Con este fracaso, Lehman se declaró en quiebra (la mayor de la historia de Estados Unidos) y sus acciones se derrumbaron hasta valer centavos.

En el caso de AIG, la FED le dio un préstamo por 85 mil millones de dólares y por 24 meses, para resolver los problemas de solvencia, obteniendo como garantía la entrega al Tesoro norteamericano del 80% del capital. La intención es que la aseguradora vaya reduciendo lentamente sus carteras problemáticas.

Cómo afecta a la Argentina

Entre tantas intervenciones para salir del paso, surge la cuestión de saber cómo el problema afecta a la "economía real", según la denominación de Beltrán. Todos estos fenómenos hacen que la gente comience a perder y emprenda un achicamiento de gastos, a suprimir viajes y turismo, o a dejar de cambiar los autos seguido. Las personas se vuelven mucho más cautas. El resultado es que se vende menos y hay más desempleo. La cuestión es cómo evitar esos efectos. Hoy todos los bancos centrales están reuniéndose y viendo qué hacer, porque saben que con el nivel de globalización de la economía, el efecto dominó tiene un gran poder.

Según Perticarari, Argentina no será profundamente afectada, porque en términos financieros estamos bastante desconectados y a salvo de los capitales golondrina (que ingresan al país para hacer negocios financieros por un corto lapso). Simplemente, esos capitales no estaban en el país. “Además, el sistema financiero local no tiene un gran desarrollo como para transformarse en un problema, porque Argentina no tiene banca de inversión. Pero no estaremos aislados del mundo, porque compramos y vendemos productos en el exterior. La consecuencia podría llegar ser una caída en los productos que más se exportan, los famosos commodities. Un ejemplo es el aceite o los pellets de soja y otros productos indiferenciados vendidos por internet. Al mermar la actividad económica mundial es posible que caiga la demanda y que caigan los precios”, argumentó.

Al ser las exportaciones un componente importante de la economía local y al nutrirse el Estado de ellas, posiblemente haya necesidad de un ajuste fiscal, incluso ya se están restringiendo los subsidios, porque lo más probable es que se recauden menos impuestos. La Argentina tendrá una tasa de crecimiento más baja. De acuerdo a lo expresado por Beltrán, la iniciativa de estatizar las AFJP es una de las opciones que el Estado intenta utilizar para lograr un “blindaje”: “Parece que el Gobierno quiere disponer de todos los fondos que manejan para no tener dificultades de caja y llegar hasta el 2010 sin mayores sobresaltos, porque pedir préstamos en el exterior será muy difícil”.

Romina Kippes
Elizabeth Furlano
Andrea Vittori
Universidad Nacional del Litoral

Comunicación - Universidad Nacional del Litoral
avittori@unl.edu.ar
www.unl.edu.ar


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