Nota

Universidad Nacional de Cuyo - Facultad de Filosofía y Letras

23 de Enero de 2012 | 5 ′ 43 ′′

Falta conciencia social sobre el ahorro energético

Un estudio sobre la población de Mendoza comprobó que la amplia mayoría de la sociedad no hace un uso óptimo de la energía. Además, existe una relación entre el nivel socioeconómico y el consumo de energía en los grupos sociales analizados. También se reveló la falta de información de los ciudadanos acerca del impacto del uso desmedido de energías no renovables sobre el medio ambiente y un desconocimiento sobre el nivel de consumo de los electrodomésticos.

Las provincias argentinas están estructuradas a partir de una matriz energética de recursos no renovables, integrada al sistema energético nacional. Por esta razón, tienen una doble dependencia y una limitación en la toma de decisiones para lograr el autoabastecimiento. Sobre esta premisa, investigadoras del departamento de Geografía abordaron un estudio acerca de las desigualdades en el consumo energético que se registran en la sociedad y las posibilidades de acceso a la energía por parte de los distintos sectores.

En su informe, concentrado en la población de Mendoza, destacan también la necesidad de ampliar la matriz energética del territorio mendocino, a partir de la incorporación de las nuevas fuentes de energía.

Con respecto a la demanda sostienen que, frente al consumo, los comportamientos de los habitantes difieren no sólo en cuanto a la energía disponible, sino también respecto al conocimiento del impacto sobre el medio ambiente de problemas como el cambio climático.

“Los comportamientos de los ciudadanos muestran que la mayor parte no conoce el nivel de consumo de los electrodomésticos y artefactos que utilizan en su hogar, de modo que algunos piensan que los acondicionadores de aire son los que más consumen; otros, en cambio, lavarropas, computadoras, o televisores, estufa, freezer, luz, plancha y microondas. Esto pone en evidencia que el habitante no discierne lo que gasta cotidianamente cada artefacto”, explicó a InfoUniversidades Mónica Cortellezzi, quien junto a Nesrin Karake llevó a cabo la investigación.

Según los datos que relevó el estudio, hay una relación entre el nivel socioeconómico y el consumo de energía en los grupos analizados. “El nivel socioeconómico medio alto se caracteriza por un consumo mayor asociado al nivel de equipamiento en artefactos eléctricos. Por ejemplo, poseen más de un televisor y más de una computadora por hogar. Sus viviendas cuentan con muchas habitaciones y espacios con iluminación eléctrica. Los integrantes del hogar realizan actividades dependientes del uso de la energía: ver televisión, escuchar música, usar la computadora, Internet, juegos electrónicos, etc.”, detalló Cortelezzi.

Con respecto a los sectores medios y medio bajos, el estudio arrojó que presentan “un moderado consumo de energía” porque su equipamiento en artefactos eléctricos es “mediano” y electrodomésticos como la TV y las computadoras suelen ser de uso compartido. “Además, en estos sectores, se realizan actividades sociales no vinculadas con el uso de electricidad, como reuniones con amigos o familiares, paseos, es decir, otro estilo de vida”, se indica en el informe final de las investigadoras.

Por su parte, el nivel socioeconómico más bajo presenta, como se prevé, un consumo de energía menor, ya que posee menos equipamiento electrónico, que se reduce “a electrodomésticos y el uso compartido en forma obligatoria del televisor o equipo de música”, explican.

Otro aspecto que analizó la investigación es el nivel de conocimiento que tienen los usuarios sobre temas como el ahorro energético y las fuentes energéticas alternativas. El resultado es alarmante: “Si bien hay interés por las cuestiones energéticas y medioambientales, hay bastante desconocimiento en este dominio”, sintetiza Cortelezzi. Y amplía: “Globalmente favorables a las energías renovables, aceptarían una ‘electricidad limpia’, pero siempre que eso no signifique un alza de tarifas”.

Entre las energías alternativas más conocidas por los encuestados están la solar y la eólica. “La gran mayoría de la población estaría dispuesta a utilizar la energía solar, no obstante, ningún encuestado afirmó poseer paneles solares para hacer uso efectivo de esta energía”, agregó la investigadora.

Existe una confusión o una valoración errónea por parte de los usuarios de los artefactos eléctricos: “Como los equipos tecnológicos convierten la energía en servicios, los consumidores se concentran en las características del servicio prestado: refrigeración, pantalla plana, banda ancha, y no en la energía que utilizan”. A su vez, sostuvo que es preciso tener en cuenta “que el mayor equipamiento de los hogares genera una mayor dependencia de la energía en la vida cotidiana, además de mayor consumo”.

Aún así, algunos grupos familiares tomaron medidas para reducir el consumo de energía, en su gran mayoría, la adopción de focos de bajo consumo. El resto se reparte entre medidas como aprovechar la luz solar, desenchufar la computadora cuando no se la utiliza, no prender las luces del frente de la casa, utilizar los electrodomésticos sólo cuando sea necesario, usar menos los ventiladores, planchar poco, comprar ropa que no necesite ser planchada y reducir el uso de estufas, señala el informe.

“En general, se detecta una falta de conciencia respecto de la necesidad de ahorro energético”, advirtió Cortelezzi. Y sostuvo que se necesitan campañas educativas y publicitarias para modificar comportamientos y concientizar sobre el uso eficiente de la energía, “que tiendan a una utilización óptima de los recursos y apunten a un mayor autoabastecimiento energético para reducir la dependencia de los recursos nacionales”.

Martina Funes
Universidad Nacional de Cuyo

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