Nota

Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires - Escuela de Ciencias Agrarias, Naturales y Ambiantales

28 de Abril de 2014 | 7 ′ 54 ′′

Garantizar la biodiversidad, crucial para la supervivencia

Para atender una demanda de alimentos creciente es impostergable una producción sustentable. El doctor Mariano Merino, especialista en Ecología general y evolutiva, señaló la necesidad de “promover una conciencia que vaya más allá del alambrado” y remarcó la importancia de los bancos genéticos que se ocupan de la conservación de los recursos de especies de importancia.
Garantizar la biodiversidad, crucial para la supervivencia

La conservación y aprovechamiento del patrimonio genético del planeta será crucial para la supervivencia de la humanidad, que necesitará producir alimentos para una población cada vez más creciente. Así lo declaró la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en su última reunión de la Comisión de Recursos Genéticos, en la cual afirmó que para el sector agrícola la adaptación al cambio climático no es una opción, sino un imperativo para garantizar biodiversidad y seguridad alimentaria.

La mirada del mundo está puesta en cómo producir más cantidad en condiciones sustentables para el ambiente. La investigación, la transferencia de conocimiento y la adopción de nuevas prácticas resultan claves para enfrentar con menos sobresaltos escenarios futuros.

El doctor Mariano Merino, docente de Ecología general y evolutiva en la carrera licenciatura en genética que se dicta en la Universidad Nacional del Noroeste de la provincia de Buenos Aires, planteó que “la advertencia de la FAO revela que es necesario producir más, pero si se atienden los efectos colaterales sobre la biodiversidad que conllevan ciertas prácticas”.

El docente definió la biodiversidad como “el conjunto de seres vivos, sus relaciones entre ellos y con el medio” y explicó su estado en Argentina: “Éste es un país agroindustrial y la producción de cualquier cereal afecta la biodiversidad, que es como una ‘bolsita’ donde se va a meter la mano en el futuro para obtener un nuevo cultivo. Por eso, hay que ser muy cuidadosos con la sustentabilidad ambiental de las actividades agropecuarias”.

Respecto de cómo alcanzar este objetivo, planteó que se necesitan equipos interdisciplinarios para generar análisis a gran escala y promover una conciencia “que vaya más allá del alambrado”.

Rentabilidad versus cuidado

El doctor Merino opinó que los productores agropecuarios pueden ir detrás de un primer objetivo, como la eficiencia y rentabilidad, pero saben que el suelo es uno solo y que, si se degrada, no van a poder utilizarlo más: “Hay conciencia de los riesgos”.

“Hay que explotar cultivos no tradicionales y hacer más eficiente la producción desde el punto de vista ambiental. Tratar, desde la investigación, de que se adopten medidas de manejo que hagan la producción sustentable”, apuntó.

Arcas de Noé

Merino remarcó la importancia de que los bancos genéticos funcionen como reservorios: “Son como pequeñas Arcas de Noé donde se guardan muestras de cultivos, que en el futuro podrán replicarse”.

El docente consideró que es fundamental el rol del Estado en el fortalecimiento de los sistemas de investigación dedicados a “obtener soluciones para futuros problemas”. También refirió que a nivel estatal hay organismos encargados de la custodia de los recursos naturales, aunque remarcó que “casi siempre son varias jurisdicciones las que se solapan sobre esta temática”.

“Hay muchos interrogantes que se plantean en torno de la explotación agropecuaria tal cual está: cómo manejamos el agua, el transporte de cereales, la fauna asociada, cómo se controlan las plagas. Para resolver los problemas hay que generar acuerdos, algo que no es fácil en Argentina”, sintetizó.

Merino se mostró confiado en el impulso que en la actualidad se da a la investigación y señaló a la Universidad como “un ámbito que fomenta los consensos, porque lo que falta es balancear las ganancias y no sólo producir más, sino plantear nuevos esquemas de producción”.

Recursos genéticos: conservar hoy lo que se precisará mañana

Los profesores Marcelo Ferrer y Raquel Defacio señalaron a Argentina Investiga la conveniencia de invertir en la conservación y el uso responsable de los recursos genéticos. “Cuando hablamos de recursos genéticos estamos encuadrando las especies vegetales que usamos para alimentarnos en forma directa o indirecta como las forrajeras, además de otros usos como textiles (algodón), y esta fracción de la biodiversidad está en riesgo porque, a medida que crece la población mundial también crece el espacio que se necesita para vivir y para producir. Esto genera un desplazamiento que, a su vez, provoca que muchas especies se vayan perdiendo”, explicaron.

“Esta misma situación presentan los recursos zoogenéticos y los recursos genéticos microbianos”, advirtió Ferrer y agregó que “a través del mejoramiento genético y las herramientas biotecnológicas se da lugar a híbridos de alta productividad que reemplazan a las variedades poco productivas de los agricultores”.

La ingeniera agrónoma Raquel Defacio señaló que, debido al aumento de la demanda y a las exigencias del mercado, las especies se vuelven más uniformes y terminan por utilizarse especies mejoradas que desplazan a las poblaciones locales.

Reservas de calidad

Ferrer y Defacio explicaron que los bancos de germoplasma se ocupan de la conservación de los recursos genéticos de especies de importancia: “Allí se hace reserva de genes ante la inminencia de la pérdida genética que producen los cambios en los sistemas productivos”.

Marcelo Ferrer señaló que Argentina es pionera en esta materia y mencionó que el banco de germoplasma de la Estación Experimental de INTA Pergamino, responsable del cultivo de maíz y especies forrajeras de la región pampeana, hace este trabajo desde hace 44 años. “A nivel institucional, el INTA formó una red de bancos de germoplasma, pensados como reserva para afrontar cambios a nivel climático y de adaptación de ciertos cultivos, donde la genética juega un papel central para el mejoramiento”, apuntó el docente.

Respecto de cómo funcionan, la ingeniera Defacio explicó: “En el banco de germoplasma de INTA Pergamino se conservan materiales de maíz que a lo largo de la historia cultivaron los productores del país y que, a medida que avanzaron la genética y los híbridos, fueron dejando de cultivarse. Los materiales se mantienen, evalúan y, si se detectan características superiores como de hecho ha ocurrido, salen líneas para la formación de híbridos comerciales”.

“Esta es una de las formas en que el material de los bancos se transfiere al sistema productivo”, señaló la docente y planteó que “la genética juega un rol importante al volver los recursos genéticos a la comunidad”. “También hay formas de transferencia más directa, algo que no es tan común en esta región, pero en otras zonas donde se hace agricultura de subsistencia, determinados materiales se piden en forma directa al banco, cumpliendo con una serie de requisitos”, añadió.

“Los bancos de germoplasma son reservas que aportan seguridad alimentaria, ya sea para devolver el material al agricultor, como para asegurar que genes con determinadas características no se pierdan. Pero de ningún modo son ‘kioscos’ a los que los productores van a buscar semillas”, aclaró Ferrer.

El docente indicó que el material que se almacena es limitado: el máximo es un kilo y medio de semillas de maíz (entre 5 y 12 mil semillas) y los intercambios que se hacen, cumpliendo estrictos requisitos, no superan las 500 semillas. “El material es de libre disponibilidad. El INTA conserva el 96 por ciento de los recursos genéticos, ésa es una garantía de que es un patrimonio de todos y no es un almacén en el que cualquiera pide genes”, insistió Ferrer.

Garantizar la biodiversidad, crucial para la supervivencia

Mariano Merino, docente de Ecología General y Evolutiva

Ana Sagastume
Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires

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