El estudio, llevado adelante por Gabriela Starobinsky Marilyn D’Alessandro y Manuel Gonzalo, analiza estas dinámicas recientes y plantean interrogantes clave sobre el futuro de la actividad en la región y la orientación de las políticas públicas.
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La vitivinicultura, tiene un fuerte impacto socioeconómico en La Rioja. Según el estudio, el sector representa alrededor del 13% del valor agregado bruto provincial y genera empleo para cerca del 9% de los trabajadores formales del sector privado, con efectos indirectos que se extienden a nivel regional, especialmente durante la vendimia.
Uno de los principales hallazgos es la consolidación de modelos de integración vertical, tanto total como parcial, que implican una mayor articulación directa entre las distintas etapas de la cadena productiva. “En el contexto riojano, la integración vertical se refiere a la capacidad de una misma empresa de controlar diversas etapas de la cadena de valor, desde la producción primaria hasta la comercialización final”, explican los investigadores. Este fenómeno se expresa con claridad en bodegas modernas con inserción internacional —como Cooperativa La Riojana, Valle de La Puerta, Bodega Chañarmuyo y Bodegas San Huberto— que producen, elaboran, fraccionan y comercializan sus vinos. A su vez, coexisten formas de integración parcial, como productores que tercerizan la elaboración o bodegas que no fraccionan su producción.
El impacto de estos procesos es heterogéneo. Entre los pequeños productores un conjunto encuentra en esquemas cooperativos una vía de acceso a mercados y tecnologías, mientras que aquellos que quedan por fuera enfrentan mayores dificultades. “Quienes no logran integrarse quedan vulnerables a la heterogeneidad estructural, con bajos precios por su uva y limitaciones para competir”, señalan. En contraste, los productores medianos logran mejores niveles de productividad y pueden insertarse como proveedores de bodegas modernas, aunque el sector en su conjunto mantiene fuertes asimetrías.
Nuevas inversiones y tensiones en el desarrollo regional
En paralelo, la investigación identifica la irrupción de nuevos emprendimientos impulsados por capitales provenientes principalmente de Mendoza y otras provincias del NOA o Cuyo. Estos actores se caracterizan un mayor grado de tecnificación, la producción a gran escala y la incorporación de cepas de alta calidad enológica. “Existe una relación de tipo centro-periferia, donde capitales mendocinos adquieren o integran bodegas riojanas bajo su estructura, lo que permite modernizar el sector, aunque también puede desplazar capitales locales”, advierten. Estas inversiones se orientan mayormente a la producción primaria (especialmente en zonas como Chilecito, Famatina, Chañarmuyo), aunque también se registran articulaciones en etapas de elaboración y fraccionamiento.
Si bien no se observan grandes diferencias productivas entre estos nuevos actores y las bodegas locales integradas, sí aparecen contrastes en las capacidades comerciales y logísticas. En este sentido, los cambios generan tanto oportunidades como tensiones. “La modernización tecnológica mejora la calidad y permite diversificar la producción hacia vinos orgánicos, biodinámicos o desalcoholizados, abriendo nuevos mercados”, destacan. Al mismo tiempo, la creciente heterogeneidad del sector plantea desafíos para los actores más pequeños, en un escenario donde la competencia y la necesidad de innovación son cada vez mayores.
Desde el punto de vista de la competitividad, los investigadores sostienen que estos procesos pueden fortalecer al sector a partir de economías de escala, incorporación de tecnología y estándares de calidad. Sin embargo, advierten sobre los costos estructurales que enfrenta la provincia —como la escasez hídrica, el costo energético y la logística— que limitan su desarrollo. Además, subrayan que “no todos los productores están en igualdad de condiciones para afrontar estas transformaciones”, lo que puede profundizar las desigualdades existentes.
Desafíos para un desarrollo sostenible e inclusivo
En términos de sostenibilidad, el nuevo escenario plantea desafíos vinculados a la gestión del agua, la energía y la necesidad de equilibrar tecnificación con empleo. A esto se suma el riesgo de concentración económica: “El 85% de los productores son minifundistas y pequeños, mientras que un reducido grupo de explotaciones concentra gran parte de la capacidad productiva”, advierten, señalando la posibilidad de abandono o absorción de fincas.
Frente a este panorama, los autores proponen el diseño de políticas públicas diferenciadas, que contemplen la heterogeneidad del sector. Entre ellas, destacan la inversión en infraestructura, el financiamiento para la innovación y programas específicos de apoyo a pequeños productores. “El objetivo es pasar de instrumentos horizontales a estrategias orientadas que fortalezcan el entramado institucional y empresarial local”, concluyen.
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El estudio no solo ofrece un diagnóstico actualizado sobre la vitivinicultura riojana, sino que también se proyecta como una herramienta clave para la toma de decisiones en un escenario donde el principal desafío es consolidar el crecimiento del sector sin descuidar la equidad territorial y la sostenibilidad a largo plazo. En este sentido, los investigadores señalan que “se espera que este trabajo funcione como un insumo fundamental para que los hacedores de políticas y los actores del sector reconozcan la heterogeneidad de la provincia y utilicen este diagnóstico en el diseño de programas e instrumentos”. Asimismo, subrayan la necesidad de “avanzar desde instrumentos horizontales hacia estrategias que fortalezcan el entramado institucional y empresarial local, reduciendo los límites de la periferia de La Rioja en el mapa vitivinícola nacional”.