Nota

Universidad Nacional de Salta - Facultad de Ciencias Exactas

23 de Septiembre de 2013 | 7 ′ 58 ′′

Calefón solar de bajo costo para comunidades originarias

En comunidades originarias de Iruya, provincia de Salta, instalan calefones solares de bajo costo con transferencia de conocimientos para que puedan ser fabricados en el lugar. Fácilmente transportables y livianos y hechos con materiales resistentes a la alta radiación solar, los calefones están hechos de materiales de bajo costo como el PVC y el policarbonato. Se trata de una tecnología sencilla, que cuida el ambiente y mejora la calidad de vida de sus habitantes.

Lugareña comprueba temperatura del calefón solar

La instalación de los calefones solares se lleva a cabo en el marco del INENCO, Instituto de Investigaciones en Energía No Convencional, que tiene como sede a la Universidad Salta y trabaja en la obtención de tecnologías vinculadas a las energías renovables. Como primera experiencia se instalaron calefones solares en dos parajes del Iruya, San Juan y Chiyayoc. La actividad se hizo junto a un Programa de Voluntariado que convoca a jóvenes estudiantes universitarios.

Se trata de lugares de difícil acceso y que no cuentan con servicios de gas ni electricidad, lo que implica la utilización de arbustos y elementos de la zona para la obtención de calor con el fin de calefaccionarse o calentar agua a través de su combustión, poniendo en riesgo el ambiente de la región. Es importante destacar que una vez afectados gravemente, se torna muy difícil la recuperación de los ecosistemas naturales. Es por esto que la utilización de recursos energéticos renovables, amigables con el ambiente, es fundamental en un mundo donde el problema del agotamiento de los recursos convencionales resulta acuciante.

Argentina Investiga consultó al ingeniero Marcelo Gea, uno de los profesionales que participa en la investigación y en su desarrollo.

-¿Cómo son los calefones solares de bajo costo y de alta durabilidad?

-En la actualidad, la tecnología del calefón tiene un gran desarrollo y existe en el mercado, donde uno puede comprar calefones ya sea de fabricación nacional o de China. Éstos, normalmente, son calefones que, si bien son muy eficientes y robustos en su construcción, cuestan alrededor de cinco mil y diez mil pesos. Entonces, familias o empresas en Salta quizá puedan adquirirlo pero, por su costo, no está en las posibilidades del grueso de la población que es, además, la más necesitada. Resulta que quienes más necesitan de la energía solar porque no tienen acceso a combustibles, ya sea gas o kerosene, o viven en lugares donde hay poca leña, son los campesinos de las zonas áridas, los campesinos de producción familiar.

A partir de esa necesidad desarrollamos, en los últimos años, una tecnología que si bien no tiene ni brinda las prestaciones de los calefones comerciales, los diseñamos con las características necesarias para ser usados por quienes viven en la zona andina de la provincia. Es decir, fácilmente transportables y livianos, por un lado y, por el otro, hechos con materiales resistentes a la alta radiación solar. Y utilizamos PVC, policarbonato, materiales que tengan un costo accesible.

Ese nicho de mercado no está ocupado por nadie, porque no se considera un negocio producir calefones para la gente pobre o, como en este caso, de pueblos originarios que se encuentra en zonas rurales aisladas de la provincia. Entonces, es tarea de extensión de la universidad pública ocuparse. La experiencia la tuvimos en la zona alta de Iruya. En estos lugares, las temperaturas son muy bajas y la energía calórica se logra utilizando los recursos naturales combustibles de la zona.

Como es sabido, en esos lugares es cada vez más dificultoso conseguir la leña. Por otro lado, son lugares muy fríos pero, por la altura, disponen también de una altísima radiación solar; entonces, la tecnología que utiliza este tipo de energía para, en este caso, calentar agua es muy adecuada y para ellos contar con agua caliente sin necesidad de consumir leña es algo muy bueno. Como en la mayoría de los proyectos de transferencia de tecnología, hay que enfocar a conseguir que esa tecnología sea adecuada y que terminen apropiándosela. Para ello, hemos encarado este año dos proyectos nuevos de extensión que tienen como objetivo trabajar en ese sentido: por un lado, difundiendo la tecnología y, por otro, adecuándola a la interacción con los campesinos de esta zona alta de Iruya. Y, en esta etapa, trabajamos con estudiantes asociados con pobladores, agentes sanitarios, la parroquia; un conjunto de instituciones que nos pueden relacionar y ayudar a hacer el trabajo comunitario con los pobladores para difundir la tecnología adecuada.

-¿Cómo funcionan sus partes esenciales y de qué manera se aprovecha y adecua a las condiciones locales, a diferencia de los calefones chinos?

-Este calefón es una tecnología bien distinta, pero muy sencilla; es una bolsa negra de PVC. Este material es similar a los de la lona de los camiones, o de las “Pelopincho”. Es un material preparado para recibir radiación solar y resistir a la radiación ultravioleta. Entonces, la base del calefón, o sea el núcleo, es una gran bolsa de PVC. Para que el calor quede atrapado, esa bolsa está cubierta con un material transparente, el policarbonato, que también es un material liviano, de manera de producir lo que se conoce como el efecto invernadero: la bolsa negra recibe el calor de la radiación que atraviesa la cubierta transparente y ese calor queda atrapado y almacenado en la bolsa. Entonces, por estar hechas de componentes durables, por un lado, y ser componentes livianos, por otro, se constituye un equipo en principio apto para el lugar, porque los dos requisitos fundamentales son que tenga un costo accesible para un campesino de esta región y, en segundo lugar, que sea transportable por los caminos de montaña que hay que recorrer para llegar a los parajes.

El equipo que diseñamos cumple con estos dos requisitos y funciona. Ahora tenemos que difundirlo. Y el objetivo es conseguir que sean los pobladores quienes estén capacitados para fabricar los equipos en Iruya. Entonces, ahí cierra el circuito. Porque la tecnología se sostendría sola ya que el equipo se fabrica y mantiene en el mismo lugar y no tiene que venir a Salta.

-¿Hay una evaluación de cómo ha funcionado este calefón solar?

-Sí; instalamos estos aparatos hace cuatro años con un proyecto de voluntariado del ministerio de Educación de la Nación, que involucra a estudiantes universitarios. Lo hicimos en dos parajes que se llaman San Juan y Chiyayoc y que beneficiaron a 28 familias. Ellos los usaron y tuvieron distintas experiencias, que tienen que ver con la subjetividad de cada una de las familias. Hay personas que los emplearon para tener agua caliente en el baño y aprovechar su casa para recibir turistas, porque es zona de turismo aventura. Otros los usaron para los quehaceres y otros los dejaron de usar. Pero como tecnología probamos que funciona muy bien.

-¿Qué temperatura alcanza?

-En una estación media como el otoño o la primavera, un calefón como el que diseñamos es capaz de calentar alrededor de cien litros de agua a unos cuarenta grados. Durante la radiación de la mañana se llega al mediodía con cien litros de agua caliente que pueden usarse para el aseo personal o bien para precalentar el agua para cocinar, y la otra mitad de la jornada pueden volver a calentar otros cien litros de agua.

Marcelo Gea tantea temperatura del agua calefón solar

Raul Martin Vargas
Universidad Nacional de Salta

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