Nota

Universidad de Buenos Aires - Facultad de Agronomía

08 de Junio de 2015 | 5 ′ 50 ′′

Colza, un cultivo con buenas perspectivas

Pese a que se espera una menor superficie sembrada, esta oleaginosa invernal crece desde hace cinco campañas con mejoras en genética y manejo. Su aceite posee una excelente calidad, con beneficios para la salud humana. En la Argentina, donde aún tiene poca difusión, lentamente comenzó a generar un mayor interés y perspectivas de crecimiento. Investigadores trabajan para generar información agronómica y para alentar su siembra y su consumo.
Colza, un cultivo con buenas perspectivas

El aceite de colza doble cero o canola es el tercero más consumido en el mundo -después de los de palma y de soja-, valorado por su alta calidad y sus características excepcionales para la salud humana. Hace sólo dos campañas, su siembra alcanzó un récord cercano a 100.000 hectáreas, al tiempo que se aumentaron los rendimientos y la capacidad industrial, y se estableció un mercado con precios más transparentes.

El aceite de colza es muy saludable por su bajo contenido de ácidos grasos saturados (que afectan al sistema cardiovascular) porque tiene un alto contenido de ácido oleico (omega 9) y buena relación omega 3/omega 6. Esto afirma la docente de la cátedra de Cerealicultura de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Buenos Aires (FAUBA), Déborah Rondanini, investigadora adjunta del Conicet y miembro de un grupo de estudio que busca generar información agronómica, así como alentar su siembra y el consumo.

Con el objetivo de ofrecer una herramienta para mejorar el manejo del cultivo y asistir a la toma de decisiones de productores y asesores técnicos, el grupo de estudio sobre colza desarrolló el software Crono Canola (disponible en internet de manera libre y gratuita, ingresando a cronos.agro.uba.ar). Se trata de un modelo de simulación que permite predecir, de manera sencilla, la ocurrencia de distintos eventos fenológicos del ciclo del cultivo para una amplia variedad de cultivares comerciales disponibles en el mercado argentino, y tomar con mayor certeza decisiones anticipadas de manejo.

Según indicó la especialista a Argentina Investiga, la colza tiene condiciones agronómicas y comerciales para aumentar la producción. Además de las mejoras en genética y manejo, que elevaron los rindes promedio del cultivo en el país a 1.800 kg/ha, respecto de los 1.400 kg/ha históricos, es el único cultivo oleaginoso que se siembra en invierno (con lo cual permite proveer a la industria aceitera en épocas de capacidad ociosa) y representa una alternativa a la rotación trigo/soja, con la ventaja de liberar el lote un mes antes que los cereales invernales y dejarlo disponible para sembrar un cultivo de segunda más temprano.

“Su sistema radical permite extraer agua y nutrientes de estratos más profundos que los cereales de invierno, y pierde las hojas temprano en floración, devolviendo nutrientes que rápidamente están disponibles para el cultivo de segunda”, dijo Rondanini, y aseguró que “en algunas zonas también se ha probado con éxito la rotación colza-sorgo”.

Otra ventaja es la expansión del mercado y su menor carga impositiva: “Hoy tenemos más compradores y los precios se convienen en forma transparente”, destacó la docente, y recordó que la colza tiene menos derechos de exportación que sus competidores: su grano tiene un 10% de retenciones, contra el 23% del trigo y el 20% de la cebada. Los productos industrializados de colza (ricos en aminoácidos esenciales para la alimentación de animales de corral y peces) también tienen menos retenciones: un 5% el aceite y pellet de colza, contra el 13% de la harina de trigo y el 10% de la malta (que luego tiene un 3% de reintegro).

Tecnología para crecer

Rondanini reconoció que, pese a su excelente calidad para la salud humana y a sus ventajas productivas y comerciales, el cultivo de colza aún es muy limitado en la Argentina. De hecho, luego de cinco campañas de crecimiento en superficie, este año se espera una reducción del área sembrada, que podría quedar en 40 o 60 mil hectáreas, debido al aumento del precio del trigo y a las lluvias del otoño, que retrasaron la cosecha de granos gruesos e impidieron sembrar colza en el Litoral y en la provincia de Buenos Aires.

El área de siembra de la colza ha evolucionado respecto de los cereales de invierno (trigo y cebada), sus principales competidores. Desde la FAUBA, el grupo de estudio sobre colza

-compuesto por Rondanini y Daniel Miralles, de la cátedra de Cerealicultura; Javier Botto, de Fisiología Vegetal, y Nora Gómez y Pilar Vilariño, de Cultivos Industriales- advirtió que todavía muchos productores consideran que este cultivo es riesgoso, porque aún se registran lotes con bajos rendimientos y gran variabilidad entre zonas y años.

“Las principales limitaciones técnicas pasan por el manejo de la implantación en siembra directa, la tolerancia o evasión del estrés en floración y el momento oportuno de cosecha para evitar pérdidas. Estas limitaciones se superan en cada campaña al conocer mejor el cultivo y ganar experiencia”, señaló la investigadora.

Asimismo, recomendó que para obtener buenos rendimientos los productores deben cuidar el manejo sanitario (porque comparte muchas enfermedades fúngicas con otras oleaginosas, como soja), elegir genotipos de buen comportamiento frente a enfermedades y rotar con gramíneas. Y añadió: “No siempre los ciclos largos invernales rinden más que los primaverales, por lo cual los híbridos de ciclo intermedio-corto, con floración y maduración más pareja son una buena opción cuando se retrasa la fecha de siembra, como en este año”.

Juan Manuel Repetto (FAUBA)


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