Nota

Universidad Nacional de Córdoba - Facultad

26 de Abril de 2010 |

Jane Goodall: “Las poblaciones de chimpancés se están extinguiendo”

La primatóloga británica recibió el título Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba. En una entrevista exclusiva con InfoUniversidades, recordó su primera observación, evaluó el impacto de sus estudios en diferentes disciplinas y bregó por las acciones individuales para la protección de las especies. En sus palabras, “lo excitante de estudiar los chimpancés es que nunca se sabe lo que se va a descubrir”.

Quien se haya aproximado a los estudios del comportamiento sobre chimpancés en su hábitat natural, ineludiblemente habrá recalado en el trabajo que desde junio de 1960, y durante cuatro décadas, Jane Goodall llevó adelante en Gombe, Tanzania, en el este de África.

Esta primatóloga británica no sólo subvirtió los estándares del método observacional de la etología sino que protagonizó un abanico de descubrimientos científicos que revolucionaron la forma de comprender a estos simios y su relación con el hombre.

“Lady Chimpancé”, como también se la conoce, logró reconocer en estos primates un amplio espectro de habilidades cognitivas. Descubrió que los chimpancés utilizan herramientas rudimentarias para proveerse de alimento, como deshojar una rama y utilizarla para extraer termitas de su nido; establecen relaciones de amistad con otros miembros de su grupo; tienen memoria y son capaces de mantener actitudes muy agresivas para defender y extender su territorio. Sobre este último punto, la especialista observó la “guerra” que durante cuatro años mantuvieron dos grupos de chimpancés, que concluyó con el aniquilamiento de la totalidad de miembros de uno de ellos.

En forma complementaria, también derribó la creencia de que estos simios son vegetarianos, ya que a partir de sus observaciones pudo establecerse que se organizan para cazar animales pequeños y comer su carne.

Desde 1986, Goodall proclama la urgencia de resguardar la biodiversidad y de proteger las especies en extinción en sus conferencias por el mundo. Además, integra el grupo que impulsa el proyecto “Gran Simio”, que propone conceder a estos animales algunos de los derechos que resguardan a los seres humanos e impulsa el programa “Raíces y brotes”, que procura inculcar el respeto a todos los seres vivos en niños y adolescentes. En su primer viaje a Latinoamérica, y de paso por Córdoba para recibir el título Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba, Goodall dialogó con InfoUniversidades.

-Usted no sólo observó habilidades cognitivas en los chimpancés, sino también rasgos de personalidad, sentido del humor y emociones. ¿Cómo fueron recibidos estos descubrimientos en la comunidad científica internacional? ¿Son materia de controversia?

-En principio, cuando estuve un año y medio con los chimpancés, mi mentor Louis Leakey me advirtió que necesitaría un título para conseguir fondos. Me recomendó que aspirara directamente a un doctorado, porque no había tiempo para un curso de grado. Él arregló que fuese a la Universidad de Cambridge y fui la octava persona en la historia de esa institución en conseguir un doctorado sin título previo. Al llegar allí me dijeron que había hecho mal todos mis estudios. Fue una sorpresa muy grande. Señalaban que hubiera sido más científico darles números a los chimpancés, en vez de concederles nombre. No debían describirse personalidades, mentes o emociones, porque en aquel entonces se pensaba que estos atributos eran exclusivos de la especie humana. Y me acusaron de un terrible antropomorfismo (atribuir comportamientos humanos a seres no humanos).

En aquel entonces, recordé a un docente de mi infancia, que me había enseñado que todos los animales tenían personalidades propias. Ese maestro fue mi perro Rusty. En forma gradual, la comunidad científica internacional llegó a entender que no existe una línea divisoria nítida entre los seres humanos y el resto del reino animal. Pero llevó mucho tiempo, y todavía hoy existe resistencia de parte de algunos científicos. Los que no están dispuestos a admitir que los animales tienen características de personalidad y sentimientos son aquellos que de alguna forma están involucrados en investigaciones invasivas. No sólo se trata de científicos, sino de mucha otra gente. Todos los días se dan muchísimos casos de abuso que involucran animales en todo el mundo, como la cría intensiva de animales como fuente de comida, su uso en entretenimiento, la caza deportiva, y una lista muy extensa que uno podría citar.

-Se sabe que el hombre y los chimpancés comparten el 96 por ciento del ADN y un antepasado común hace siete millones de años. A partir de sus estudios, se conoce que estos primates están cerca de los humanos, no sólo biológica sino también socialmente. ¿Qué implican estos descubrimientos a nivel científico, moral y ético?

-Los últimos trabajos sobre ADN indican que hay una semejanza de más del 98 por ciento. Se puede recibir sangre de un chimpancé; ellos pueden infectarse con todas nuestras enfermedades contagiosas, pero lo más interesante es que los cerebros de los chimpancés y los de los seres humanos son casi idénticos, aunque los de los chimpancés son un poco más chicos.

Lo que me ha fascinado son los ejemplos de comportamiento inteligente de estos primates, tanto en la vida silvestre como en cautiverio. Pienso que los chimpancés evidencian diferencias culturales primitivas, porque su uso de herramientas varía según la zona. Los jóvenes chimpancés aprenden a partir de observar a los mayores y ésta es una de las definiciones del aprendizaje cultural, aquel que pasa de generación en generación. Demuestran un montón de comportamientos intelectuales que nosotros antes pensábamos eran exclusivos de la especie humana.

Todo esto nos ayuda entender que los seres humanos no estamos separados del reino animal, sino que formamos parte de él. No somos los únicos seres con personalidad, mente y emociones. Una vez que uno comprende que no hay una gran distinción entre los seres humanos y el resto de los animales comienza a dimensionar la poca ética que hay en nuestro comportamiento. La gran tragedia es que tampoco somos muy éticos en nuestro comportamiento con otros seres humanos.

-El proyecto “Gran Simio” (Great Ape Project) plantea incluir a los antropoides no humanos en una comunidad de iguales, es decir, concederles protección moral y legal idéntica a la de los hombres. Esta extensión de derechos sólo a los primates ¿no sería otra forma de antropocentrismo?

-No se trata de extender todos los derechos humanos a los grandes simios, sino algunos de los derechos básicos. En particular, el derecho a la libertad sin límites y el derecho a una vida sin torturas, entre otros, pero son muy específicos. Por otra parte, pese a que hemos firmado una carta de derechos humanos, todavía sigue habiendo abusos de ellos en forma diaria en todo el mundo. Aunque una carta de derechos podría ser útil para los animales, mi intención es tocar la responsabilidad humana en cuanto a todos los derechos humanos y extenderlos a otros animales.

-¿Qué puede hacer el hombre común para proteger a los animales y detener estos procesos de extinción de especies?

-Depende de quién seas. Distintas personas pueden hacer diferentes cosas. Lo primero es descubrir qué pasa en realidad; luego hay varias posibilidades: contribuir con fondos para las organizaciones, trabajar en el campo por los derechos de los animales, ser voluntario en esas organizaciones, hacer lobby enviando cartas a legisladores y tratando de cambiar las leyes. Es más simple responder a un individuo solo porque él sabe hasta dónde llega su capacidad de influencia. Pero lo principal es no quedarse callado y hacer escuchar la voz propia. Y es muy importante escuchar a los opositores, saber qué piensan y conocer sus argumentos para poder combatirlos. El mundo no es blanco y negro y es necesario trabajar paso a paso para llegar a la meta.

-Usted atesora cuatro décadas de investigación en Gombe, ¿cómo recuerda su primera experiencia de observación de chimpancés en su hábitat natural?

-Mi principal problema al llegar a Gombe fue que los chimpancés son muy conservadores y nunca habían visto un mono blanco antes, entonces desaparecían dentro de la selva. El mayor obstáculo en esos primeros días fue vencer ese temor y adueñarse de su confianza. Y esto se logra a través de la paciencia y la perseverancia, trabajando todos los días en el campo. Ni bien amanece, estar en el campo y permanecer hasta la noche. Y escribir todas las observaciones, porque uno nunca sabe qué puede resultar útil a la larga. Cuando fui a la Universidad de Cambridge, mis supervisores me sugerían que me enfocara en un comportamiento en particular. En ese momento esto resultaba ridículo porque se sabía muy poco sobre el comportamiento de los chimpancés. El comportamiento específico ocurre dentro de un contexto y si uno no comprende el contexto, entonces es imposible llegar a conclusiones al respecto.

-¿Cuál de sus descubrimientos le provocó mayor asombro?

-El que mayor impacto negativo me causó fue descubrir que los chimpancés tienen un lado oscuro en su personalidad, como nosotros; y que son capaces de ser brutales como nosotros. Pero, por otro lado, ha sido muy sorprendente y gratificante observar el altruismo y compasión que existe en estas comunidades de chimpancés.

-Usted desarrolló una metodología innovadora de trabajo, nombró a los animales que observaba, tuvo un trato personalizado y estableció vínculos sociales y afectivos con ellos. ¿Cómo influyó su forma de trabajo en la Etología?

-No creo ser la persona apropiada para responder esa pregunta, pero todo el mundo me dice que mis descubrimientos tuvieron un gran impacto sobre la Etología. Uno de los principales es la cantidad de estudiantes mujeres que decidieron estudiar esta ciencia tras haber leído mi libro cuando estaban en el colegio.

Una de las influencias más clara es el método de estudio a largo plazo, esto es, la posibilidad de observar el cambio de comportamiento en individuos, seguidos a través de períodos prolongados.

-Sus trabajos también influenciaron la Psicología...

-Cuando empecé a hablar sobre la relación madre-hijo en los simios y el efecto que tenía la muerte de un pariente cercano, fueron los psicólogos infantiles los que mostraron mayor interés inicialmente. En ese momento, los etólogos animales no sabían cómo manejar y utilizar esta información, porque no encajaba con lo que ellos sabían. Uno de los hallazgos claves en la psicología de los primates es el efecto de la experiencia temprana en niños y cómo afecta su desarrollo. Es justamente lo que se está enfatizando en la psicología infantil en estos días, la tremenda importancia que tienen las experiencias de los primeros dos años de vida.

-En el Jane Goodall Institute ustedes realizan investigaciones no invasivas de ADN en chimpancés para indagar sobre el origen del VIH, ¿cuáles son los avances de este trabajo hasta el presente?

-Colaboramos con investigadores de la Universidad de Alabama. Ellos demostraron con seguridad científica que el VIH de los chimpancés fue contagiado a los seres humanos a través del uso de carne de chimpancé y la matanza ilegal de estos animales. Una vez que ese virus ingresó en la sangre humana, mutó y se transformó en lo que conocemos como el virus del sida. Esto ocurrió dos veces, con dos poblaciones distintas de chimpancés (VIH1 y VIH2, dos cepas distintas del virus). Nosotros recolectamos muestras de las heces de los chimpancés en Gombe y otras reservas y las enviamos para su análisis hacia la Universidad de Alabama.

-Junto a Dian Fossey (que estudió los gorilas de Virunga, Congo) y Birutés Galdikas (que se abocó a los orangutanes de Borneo) conformaron el grupo de investigadoras incentivadas por el paleontólgo Louis Leakey. Evidentemente el género constituye un fuerte componente en este equipo. ¿A qué se debe la elección de mujeres para esta clase de estudios?

-Leakey se sentía más cómodo trabajando con mujeres. Opinó que las mujeres, por ser más pacientes, eran mejores observadores de la naturaleza. Teníamos una imagen menos amenazadora para los animales. Hubo un ejemplo práctico cuando los chimpancés recién se habían acostumbrado a mí y a nadie más: observamos a unos chimpancés que escuchaban hablar a un hombre y una mujer. Ella hizo un comentario, los animales le prestaron atención y luego continuaron con sus acicalamientos. Pero, cuando el hombre dijo unas palabras, se fugaron. Es porque el sonido de la voz masculina es más parecido al que emiten los chimpancés cuando hacen amenazas. De todos modos, hubo otro factor que quizás contribuyó a nuestro éxito y es que iniciamos nuestro trabajo antes del feminismo. Entonces no hacíamos investigación para obtener un título.

-¿Qué es lo que aún se desconoce acerca de los chimpancés?

-Todavía no comprendemos el grado de diferencia de los comportamientos entre diferentes poblaciones y quizás nunca lo logremos porque las poblaciones se están extinguiendo. El análisis de ADN posibilitó identificar relaciones filiales y se ha podido comprobar que existe una relación padre-hijo, a pesar de los múltiples apareamientos entre chimpancés. Ahora tenemos dos mellizas de 11 años, en edad de tener cría. Esto es un ejemplo, pero debido a la escasez de la población habrá que esperar años antes de poder observar otro caso de mellizas mujeres. Y los machos tienen diferentes técnicas para subir en jerarquía en la comunidad. Lo excitante es que nunca se sabe lo que se va a descubrir porque los chimpancés son individuos y sus comportamientos varían.

Eliana Piemonte
Andrés Fernández
Mariana Mendoza
Universidad Nacional de Córdoba

Prosecretaría de Comunicación Institucional
comunicacion@rectorado.unc.edu.ar
www.unc.edu.ar


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