Nota

Universidad Nacional de Cuyo - Facultad de Ingeniería

05 de Abril de 2010 |

Tecnologías limpias para la gestión de “basura pesada”

Una investigación revela que el auge de las construcciones en las ciudades trae aparejada una creciente contaminación ambiental. Una parte de los residuos de la construcción se compone de sustancias inflamables, corrosivas y cancerígenas. Además de la contaminación superficial del agua y el suelo, generan emisiones de sulfuro al aire y modifican las condiciones para la flora y la fauna, entre otras consecuencias nocivas. Es por esto que urge la necesidad de legislar sobre este tipo de basura, su tratamiento y disposición final.

Una reciente investigación, con origen en la facultad de Ingeniería de la UNCuyo, saca a la luz otro problema ambiental que se cierne sobre las grandes urbes: el de los residuos de la construcción. Con el boom inmobiliario, en muchas ciudades florecen edificios y grandes obras de infraestructura que, como un espejo de dos caras, tienen su pro y su contra. Y es que, en general, el sector de la construcción no realiza la segregación de residuos, ni gestiona los residuos peligrosos como tales.

Este es el disparador que llevó a la ingeniera Irma Mercante a analizar la problemática que se genera por la contaminación con residuos de construcción, ya que “prácticamente el 100% se destina a eliminación por vertido incontrolado”, revela a InfoUniversidades. Por esto aclara que “es preciso adoptar tecnologías limpias que minimicen la generación de residuos y produzcan los mismos edificios, o mejores, con menos materias primas y menor consumo energético”.

Las estadísticas arrojan que el 80% de estos residuos se compone de inertes, es decir, hormigón, ladrillos, tejas, revestimientos cerámicos y pétreos, mientras que el resto son metales, maderas y papel. Y aunque en relación a los residuos sólidos municipales presentan bajo riesgo para la salud humana y el ambiente, se transforman en un problema a la hora de gestionar su disposición final, debido a su gran volumen y, como consecuencia a los costos de transporte y espacio necesario disponible que implican. Pero además, aclara Mercante, debe considerarse una fracción de residuos peligrosos en su composición -como sustancias inflamables, tóxicas, corrosivas, irritantes, cancerígenas- “que habrá que gestionar adecuadamente a fin de prevenir daños ambientales”.

“La recogida en obra es, en general, caótica. Con amontonamientos de residuos en distintos o un mismo lugar de la obra, o en su perímetro o vías de circulación peatonal vecinas. Esta forma de actuar ocasiona problemas de tipo ambiental, y además dificulta la productividad de la obra y aumenta el riesgo de accidentes”, agrega Mercante.

La hora del Estado

En muchos países la cantidad de residuos de construcción generada supera a los residuos sólidos urbanos. En Argentina no existe legislación específica sobre la clasificación, gestión y vertido de este tipo de residuos y sólo algunos municipios han legislado sobre el tema. Es por esto que Mercante advierte que el vertido incontrolado produce impactos paisajísticos y contaminación ambiental difíciles de remediar. Los efectos nocivos son la “contaminación superficial del agua y del suelo, emisiones de sulfuro al aire, modificación de las condiciones para la flora y la fauna, degradación del paisaje, devaluación de propiedades, costos de limpieza, ocupación de la vía publica”, enumera la investigadora.

Por eso, en su trabajo propone implementar un plan de gestión interna para las empresas constructoras, pero para ello es necesaria la intervención del Estado: “El funcionamiento actual del sector de la construcción hace difícil que los operarios, las empresas subcontratistas y los propios responsables de la empresa constructora lleven a cabo tareas medioambientales si no se establecen ciertos incentivos económicos o imposiciones legislativas importantes”. El plan elaborado por Mercante propone incidir en la cultura del personal de la obra respecto de la gestión de los residuos, a la vez que predecir y minimizar el posible impacto ambiental de los residuos de la obra.

En este sentido, las empresas deberían prever, durante la fase de planificación de la obra de construcción, las actividades y los costos económicos en cada etapa del proceso que origina la gestión de residuos. Es decir, “conocer la cantidad de residuos que se producirán, sus posibilidades de valorización y el modo de realizar una gestión eficiente”, explica la investigadora.

En su trabajo, explicita métodos de reciclaje de los residuos de construcción. Por ejemplo, los ladrillos rotos pueden ser triturados y utilizados como agregado; la madera, molida y reutilizarse en la fabricación de combustibles o en conglomerados; y el asfalto, triturado y usado como agregado para base de caminos o para material de relleno. Pero para este aprovechamiento, -aclara Mercante- es clave el vertido controlado en depósitos de inertes, de residuos no especiales y de residuos peligrosos, según la clasificación adoptada por la Comunidad Económica Europea.

“Si es inerte, se puede disponer en un vertedero controlado que al menos no altere el paisaje; si es ‘no especial’, se puede disponer en vertederos de residuos domiciliarios; si es especial, ha de ser depositado en vertederos específicos para residuos peligrosos, y en algunos casos sometidos a tratamiento a fin de que no representen una amenaza para el medio ambiente”, concluye.

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