Nota

Universidad Nacional de Córdoba - Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

29 de Noviembre de 2010 |

Colectivos: más rápidos de lo que parecen

Un estudio sobre el transporte urbano público revela que la percepción de los pasajeros sobre el tiempo que esperan el ómnibus es hasta tres veces mayor que el real. El análisis de la variable tiempo cobra relevancia a la luz de que este aspecto es uno de los más estimados cuando se evalúa la aceptabilidad del servicio. Si bien la investigación no hace un análisis valorativo de las frecuencias, reconoce la importancia de trabajar sobre ellas para la planificación del sistema.

Quienes utilizan el Transporte Urbano de Pasajeros sobredimensionan el tiempo que realmente emplean en esperar el colectivo, tanto que en el imaginario éste puede llegar a triplicarse en relación al real. Se comprobó que cuanto menor es el tiempo que permanecen en las paradas, mayor es la sobrevaloración que hacen los usuarios.

Esta conclusión se desprende de un estudio realizado por el Instituto de Estudios Superiores del Transporte (ISIT) de la UNC, que entrevistó a 292 usuarios de la capital cordobesa. La encuesta se realizó en 2008 y se repitió en 2009 durante distintos días de la semana. Se preguntó sobre aspectos relacionados con el servicio de transporte, como la distancia caminada desde el origen hacia la parada y desde el descenso del colectivo hasta el destino final, la comodidad del ómnibus, el costo del servicio, el tiempo de viaje y el tiempo de espera.

Sobre este último punto se realizaron análisis particulares. “Le preguntamos al pasajero cuánto esperó la ultima vez, y medimos la frecuencia real de llegada de los colectivos. Lo hicimos siempre a la misma hora durante días de semana, lo que es representativo de la frecuencia en esas horas” explica a InfoUniversidades Jorge Galarraga, director del ISIT. La conclusión fue contundente: “Ellos perciben que esperan más de lo que lo hacen en realidad”, agrega.

Estudiar la variable tiempo de espera responde a que este aspecto es uno de los más sensibles a la hora de evaluar condiciones de aceptabilidad del servicio. “Se percibe como la variable más influyente por la incertidumbre que genera en los viajeros desconocer cuándo llegará el colectivo. Un minuto esperando equivale a dos o tres viajando”, apunta el especialista.

El estudio muestra, además, que mientras más corta es la espera mayor es la distancia entre creencia y realidad. Así, quienes aguardan 5 minutos declaran que lo hicieron más de 15; quienes esperan por 10, creen haberlo hecho 20 y cuando demoran 20 minutos estiman que fueron 40. Esto demuestra una disminución en el “coeficiente de sobrevaloración”. En este sentido, el equipo de investigación afirma que la implementación de las llamadas “paradas inteligentes” -aquellas que anticipan el horario de llegada de la unidad- que comenzaron a instalarse en la ciudad, son una buena medida para contrarrestar el malestar de los pasajeros por el tiempo de espera. “Saber cuánto falta para que llegue el ómnibus disminuye el grado de incertidumbre de la gente”, explica Galárraga.

Aunque el trabajo no realiza un análisis valorativo de las frecuencias estipuladas por las empresas de transporte, ni de la tarifa vigente, concluye que ambas son las principales causas de insatisfacción percibidas por los usuarios del sistema, y señala que ambas requieren urgente atención en la planificación del servicio.

Igual, pero en Grecia

Una vez concluido, el estudio fue comparado con otro de características similares realizado en la ciudad de Atenas, Grecia, constatándose que los resultados fueron similares. “Los usuarios también sobrevaloran las esperas, no tanto como acá pero lo hacen”, afirman desde el ISIT.

Eliana Piemonte
Andrés Fernández
Mariana Mendoza
Universidad Nacional de Córdoba

Prosecretaría de Comunicación Institucional
comunicacion@rectorado.unc.edu.ar
www.unc.edu.ar


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