Nota

Universidad Nacional de Cuyo - Instituto Balseiro

02 de Marzo de 2009 |

El observatorio de rayos cósmicos más grande del mundo está en la Argentina

El Observatorio de Detección de Rayos Cósmicos “Pierre Auger” fue diseñado en 1990 y construido bajo el liderazgo del premio Nobel de Física 1980, James Cronin. Es el más importante del mundo y acaba de inaugurarse en Malargüe, Mendoza. Mide de dos maneras las cascadas de partículas que se producen cada vez que un rayo cósmico choca contra las moléculas de la atmósfera superior. Se planea la construcción de uno similar en Estados Unidos.

En la construcción del Observatorio de Detección de Rayos Cósmicos “Pierre Auger”, iniciada en 2000, se invirtieron 53 millones de dólares, y está conformado por 1.600 detectores de superficie distribuidos en 3.000 Km2, 24 telescopios, y detectores de fluorescencia, que observan la tenue luz ultravioleta producida por la lluvia de partículas secundarias que es originada por el rayo cósmico primario a medida que se desplaza por la atmósfera.

En el observatorio colaboran más de 400 físicos de 70 instituciones de Alemania, Argentina, Australia, Bolivia, Brasil, Eslovenia, España, Estados Unidos, Francia, Holanda, Italia, México, Polonia, Portugal, República Checa, Reino Unido y Vietnam.

Esta unidad académica participa en este proyecto aportando recursos humanos e infraestructura del Instituto Balseiro y mediante la Fundación Universidad Nacional de Cuyo, encargada de administrar los fondos nacionales.

Un poco de historia

El monumental complejo fue diseñado en 1990 y construido bajo el liderazgo del premio Nobel de Física 1980, el estadounidense James Cronin. El prestigioso físico nuclear es actualmente profesor emérito de la Universidad de Chicago y portavoz del proyecto Auger.

La odisea científica comenzó ese año, cuando un grupo internacional de investigadores empezó los estudios para emplazar un nuevo observatorio de rayos cósmicos.

En noviembre de 1995, la UNESCO decidió que Argentina sea sede del complejo y en 1999 se colocó la piedra fundamental con la presencia de Cronin, que también fue protagonista en la inauguración.

Entre 2000 y 2004 se instalaron detectores de superficie y de fluorescencia, además de habilitarse el edificio de oficinas y base de datos. En 2006 se terminó el cuarto y último edificio de detectores de fluorescencia.

La última etapa fue la instalación de la red de 1.600 detectores de superficie y los cuatro detectores de fluorescencia, que permiten que a partir de ahora el observatorio pueda trabajar con toda su potencialidad durante los próximos 20 años, según se comunicó a InfoUniversidades.

Los científicos del Pierre Auger están entusiasmados con los resultados obtenidos hasta el momento y planean para 2010 la construcción de un observatorio gemelo en el Estado de Colorado, Estados Unidos.

Cómo funciona la detección de rayos cósmicos

El centro de investigación mide de dos maneras las cascadas de partículas que se producen cada vez que un rayo cósmico choca contra las moléculas de la atmósfera superior. Una se vale de una red de 1.600 detectores de superficie, distanciados 1,5 Km. entre sí, cubriendo una superficie de 3.000 Km2. La otra se realiza mediante un conjunto de telescopios de alta sensibilidad que, en las noches despejadas, sin luna, escudriñan la atmósfera para observar la tenue luz ultravioleta que producen las cascadas de rayos cósmicos.

Ingomar Alekotte, subgerente de la Fundación Pierre Auger, señaló que es un proyecto “de ciencia básica”, o sea “de tratar de comprender y entender el universo que nos rodea, lo que hay allí afuera”.

En noviembre de 2007, el observatorio fue noticia a nivel mundial cuando los científicos revelaron que los rayos cósmicos de muy alta energía no vienen desde todas las direcciones con igual probabilidad, sino de direcciones preferenciales, que están relacionadas y tienen una distribución en el cielo hacia un cierto tipo de galaxia, con un núcleo activo y un gran agujero negro muy poderoso en su centro. La investigación fue publicada en la prestigiosa revista “Science” y reconocida como una de las diez más importantes del año.

“Si bien no es una demostración de que estas galaxias son su origen, es una primera hipótesis para analizar cuando tengamos más datos, si éstas son las verdaderas fuentes y fenómenos que producen estos rayos cósmicos energéticos”, señaló Alekotte.

Martina Funes
Universidad Nacional de Cuyo

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