Nicolás Beltramino, integrante del equipo de investigación.
El modelo empresarial tradicional cambió de manera considerable. Esto hizo que muchos de los procedimientos resulten obsoletos o inadecuados para ser competitivos en un contexto cada vez más incierto, en el cual las organizaciones buscan ventajas competitivas respecto de sus competidores y de los clientes.
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El mundo está en las puertas de una nueva economía: la economía del conocimiento, que se caracteriza por la diseminación de tecnologías de la información, el desmantelamiento de las jerarquías nacidas a mediados del siglo pasado y la relevancia del conocimiento y la información compartida, en tanto fuentes de riqueza principales.
Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Villa María desarrolló una investigación en base a la importancia que tiene conceptualmente la gestión del capital intelectual como un componente estratégico para la generación del conocimiento en las empresas y generar ventajas competitivas sostenibles.
“El capital intelectual y el capital social de las pymes como base para el desarrollo” fue un proyecto de investigación estructurado en dos partes, que se inició con el objetivo de conocer el nivel de gestión de estas variables por parte de las pequeñas y medianas empresas de Villa María y su región de influencia. “En una primera instancia realizamos una síntesis del estado del conocimiento en la materia y de los principales conceptos que conforman su modelo teórico. Y en la segunda parte se muestran los resultados alcanzados en el trabajo de campo realizado, en el que se indagó a las pymes sobre el manejo que poseían de la gestión del capital intelectual”, explicó Nicolás Beltramino a Argentina Investiga.
Para llevar adelante la investigación se utilizó un método exploratorio y descriptivo sobre la población de pymes de una región comprendida por un radio de aproximadamente 100 kilómetros, tomando como centro la ciudad de Villa María. A partir de ello, se conformó una muestra no paramétrica de 443 empresas de las diferentes localidades que se encuentran comprendidas en el radio establecido, de las cuales el 84 por ciento tiene una antigüedad superior a 5 años y son, en su mayoría, empresas familiares. Menos del 36 por ciento de estas firmas enfrentó la crisis de transmisión generacional de la primera a la segunda generación y aproximadamente el 8 la superó con éxito y son administradas por la tercera generación. Otros datos importantes que consideraron los investigadores estuvieron relacionados a que más del 60 por ciento de las empresas consultadas reconoció estar de acuerdo con involucrar a sus empleados en la gestión del negocio y que el 88 afirmó que su personal “se encuentra suficientemente capacitado para ejecutar las tareas vinculadas al puesto que ocupa”.
Al finalizar el relevamiento de datos, los investigadores concluyeron que existe en las empresas analizadas algún tipo de conocimiento y manejo del capital intelectual, siendo aún descuidados elementos del capital relacional y del capital estructural. “En muchos casos, si bien las empresas manifiestan poseer conocimiento sobre el tema desde lo dialéctico, esto dista de las prácticas demostradas”, señalaron.
Según añadió Beltramino: “El nivel de manejo de las variables del capital intelectual se demuestra observando la antigüedad promedio de las empresas, la que se encuentra en algo más de 21 años de existencia, antigüedad a la que es imposible llegar si no se manejan los factores intangibles que son los que posibilitan la competitividad y la supervivencia empresaria en entornos cada vez más competitivos”.
Cabe destacar que en el trabajo también se contemplaron factores externos como el origen cultural de los empresarios, a partir de lo cual se determinó que, en su gran mayoría, provienen de una corriente migratoria del norte de Italia, lo que acentúa ciertos valores que luego prevalecen en las culturas organizacionales de las empresas como “el trabajo duro, el valor de la palabra, la lealtad, la tolerancia al riesgo, el respeto a las instituciones y la tenacidad, entre otros”.
No obstante, Beltramino agregó que “un interrogante a resolver está dado por determinar cuál es la brecha existente entre lo que los empresarios manifiestan que hacen y lo que realmente hacen en materia de capital intelectual”.
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El equipo de investigación estuvo integrado por Edgardo Veraheghe, Nicolás Beltramino, María Cecilia Conci, Cledis Peccoud, Marcelo Ingaramo, Ana Laura Piekenstainer y Mario Tamagno.