Nota

Universidad Nacional de Quilmes - Departamento de Ciencia y Tecnología

23 de Noviembre de 2020 | 6 ′ 47 ′′

Coronavirus: investigadores siguen sus rastros en aguas residuales

Entrevistado por Argentina Investiga, el docente y especialista Gabriel Iglesias describe en qué consiste la metodología aplicada en 15 barrios bonaerenses. “La utilidad práctica es determinar en tiempo real en qué lugares circula el virus y conocer su dinámica, por dónde se propaga”, señala el investigador.
Coronavirus: investigadores siguen sus rastros en aguas residuales

La lista de iniciativas, para orgullo de quienes forman parte de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), es frondosa y variopinta. Las instituciones de educación superior debían demostrar que estaban a la altura de un conflicto de ribetes globales como el Coronavirus, y la UNQ –desde el comienzo de la pandemia– se ha constituido en un auténtico emblema. En esta oportunidad, la referencia es para un trabajo vinculado a la detección del material genético del Sars CoV-2 en aguas residuales. Como en un número considerable de las personas infectadas, el patógeno se secreta con la materia fecal, por lo que el control y la evaluación de las cloacas puede funcionar como un sistema de vigilancia epidemiológica.

En este sentido, seguir los rastros del material genético del coronavirus puede contribuir a develar su dinámica de propagación y su presencia a nivel poblacional. En diálogo con Argentina Investiga, Gabriel Iglesias –docente, investigador y codirector del Laboratorio de Virus Emergentes de la UNQ– narra los detalles de su proyecto como asesor del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS), que opera como la autoridad de aplicación de la normativa ambiental bonaerense; al tiempo que es conducido por otro referente de la casa, Juan Brardinelli.

-¿Cómo surgió la idea de identificar la presencia de Sars CoV-2 en aguas residuales?

–Cuando comenzó a expandirse el virus, desde OPDS pensamos cuál podría ser nuestro aporte, teniendo en cuenta que el foco estaba puesto en el ambiente. Revisamos los primeros trabajos internacionales que abordaban la problemática con este enfoque en EEUU y Europa y, aunque teníamos mínima experiencia, advertimos que estábamos en condiciones de detectar al patógeno en muestras de agua. Contábamos, a nuestro favor, con todo el background que significaba haber investigado dengue durante tantos años. Sabíamos que el coronavirus, en un porcentaje importante de personas (aproximadamente en el 30%) se excretaba con la materia fecal.

–Ese dato es crucial. Es por ello que decidieron seguir sus rastros en las cloacas.

–Sí, de hecho, pusimos manos a la obra y nos contactamos con ADA, la Autoridad del Agua en la Provincia. Enseguida iniciamos las pruebas con el objetivo de poner a punto el método. Pensábamos que a partir del análisis y de la evaluación de las aguas cloacales estaríamos en condiciones de realizar una adecuada vigilancia epidemiológica. En concreto: ver por dónde estaba circulando el virus. Bajo esta premisa presentamos un proyecto al MinCyT y obtuvimos el financiamiento, específicamente del Programa de Articulación y Fortalecimiento Federal. Asimismo, recibimos apoyo del Programa Iberoamericano para el Fortalecimiento de la Cooperación Sur-Sur. También nos llamaron para formar parte de la Unidad Coronavirus (conformada por el Ministerio, el Conicet y la Agencia) con todos los otros equipos de expertos que tenían antecedentes de detección de material genético viral en aguas residuales.

–De manera que con el método bien calibrado se dirigieron a recolectar muestras en barrios bonaerenses.

–Sí, tomamos muestras de 15 barrios populares de Buenos Aires. Se decidió recolectar agua en aquellos puntos geográficos en los que todavía no había casos. Procurábamos, básicamente, adelantarnos y señalar que el patógeno ya estaba circulando aunque nosotros no lo viéramos y a pesar de que el sistema sanitario aún no lo había reportado. Sabíamos, asimismo, que los brotes en sectores vulnerables son mucho más complicados y las consecuencias bastante más complejas que en clases más acomodadas y con mejor capacidad de respuesta. Un inconveniente adicional era que muchos de los lugares a los que iban no tenían red cloacal, o bien, contaban con sistemas muy precarios.

–¿Y qué vieron cuando retornaron con las muestras al laboratorio?

–Empezamos a detectar el material genético del coronavirus en muchas de las muestras que traíamos. Desde mayo hasta la fecha hemos muestreado de manera semanal e informamos los resultados al Ministerio de Salud bonaerense y al MinCyT. La utilidad práctica es determinar en tiempo real en qué lugares circula el virus y conocer su dinámica, por dónde se propaga. Podemos advertir, por ejemplo, si con el paso del tiempo la cantidad de material genético se incrementa, disminuye o se mantiene igual en una zona particular. Es una herramienta adicional que se complementa perfectamente con los tests de diagnóstico y los serológicos, con la triangulación y el rastreo de llamadas telefónicas que recibe el sistema sanitario y el Plan Detectar que, en conjunto, permiten identificar brotes potenciales.

–En el presente, todo el Conurbano está con casos. Si el propósito es identificar brotes potenciales, quizás, la herramienta podría servir en otras ciudades del interior provincial sin tanta incidencia.

–Exacto, queremos aplicarla en los cordones siguientes y más alejados del Conurbano. También podría utilizarse en escuelas o, incluso, poniéndonos más específicos, podría ser de mucha utilidad en edificios. Podría saberse si un inmueble cualquiera está libre de COVID-19. En fin, las aplicaciones son múltiples.

–Un aspecto a tener en cuenta es que el trabajo que ustedes realizaron es el fruto de la articulación de muchos organismos provinciales.

–Sí, claro. Además de las instituciones que ya nombré, participó el Ministerio de Salud bonaerense, que nos ayudó a seleccionar los barrios en los que la técnica podía ser probada y demostrar eficacia. También intervino el Organismo Provincial de Integración Social y Urbana (Opisu). Nosotros compartimos nuestra experiencia con instituciones de alcance nacional para que pueda ser aplicada en otras partes del país. Hay laboratorios por todo el territorio que cuentan con la capacidad de emplear esta metodología.

–¿Las mediciones de aire se complementan con las de aguas residuales?

–Sí, son complementarias. Medimos material particulado, es decir, las partículas que quedan suspendidas en el aire. Al igual que en las aguas cloacales, identificamos material genético del virus. Aquí también nos preocupamos por evaluar la circulación del Sars CoV-2 en un determinado lugar. Todas las acciones tienen el mismo enfoque: el propósito es preguntarnos cómo podemos contribuir con nuestro conocimiento para enfrentar la pandemia. Hasta ahora estamos satisfechos, pero esto sigue.

Coronavirus: investigadores siguen sus rastros en aguas residuales

Leticia Spinelli
Universidad Nacional de Quilmes

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