Nota

Universidad Nacional de Río Cuarto - Facultad de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales

19 de Septiembre de 2022 | 12 ′ 38 ′′

Diez especies de aves de Río Cuarto se benefician por el manejo orgánico

Una investigación de la Facultad de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales de la UNRC demostró que los bordes vegetados que se emplean en la agricultura ecológica resultan claves para la conservación de una amplia variedad de aves silvestres en los ecosistemas agrícolas.

Dentro de las insectívoras, la tijereta es una de las más beneficiadas por el manejo orgánico.

Una investigación del Departamento de Ciencias Naturales de la Facultad de Ciencias Exactas, Físico-Químicas y Naturales evidenció el efecto positivo de la agricultura ecológica a favor de la ocupación de aves. Fue a partir del estudio de toda el área bajo este régimen, certificada a gran escala en el sur oriente de la provincia de Córdoba.

La investigación estuvo a cargo del biólogo local Facundo Contreras en su tesis doctoral “Efecto de la agricultura orgánica y convencional sobre las comunidades de aves de bordes en agroecosistemas del centro de Argentina”, quien exploró más de ocho mil hectáreas de la localidad de Alejo Ledesma, en Córdoba, un tercio de las cuales son superficie orgánica y el resto de manejo convencional.

Comprobó que diez especies que habitan esta región central del país son afectadas positivamente por el manejo orgánico de los campos. Se trata de la tijereta, el tordo renegrido, la perdiz, la martineta colorada, el doradito, el corbatita, el misto, el pijuí cola parda, las torcacitas y el tachurí canela, categorizado ya como vulnerable. Además de la implementación del manejo orgánico, se plantea el mantenimiento de los bordes de cultivos como una buena medida para la conservación de las aves en los agroecosistemas.

En el último cuarto de siglo, se ha constatado una progresiva disminución de las aves, atribuida a la intensificación de la agricultura, el consiguiente aumento de la mecanización, el empleo de pesticidas, los cambios en las especies agrícolas cultivadas y los métodos de laboreo; el mayor tamaño las explotaciones, la eliminación de árboles, la modificación de la época de siembra y de cosecha y el incremento de los monocultivos.

La superficie con régimen de agricultura ecológica es muy escasa y siempre son parcelas rodeadas por grandes extensiones regidas por el modelo centrado en la labranza intensiva, monocultivos, irrigación, aplicación de fertilizantes inorgánicos, control químico de plagas y manipulación genética de los cultivos.

El investigador hizo eje en el efecto de la calidad del hábitat de borde de cultivo en el manejo agrícola orgánico y convencional sobre la ocupación de la comunidad de aves.

“Los bordes vegetados son un factor clave para la conservación de aves y los potenciales servicios ecosistémicos asociados a ellas en los agroecosistemas”, concluye el estudio.

“De este trabajo surge la recomendación de que, a pesar de que un campo no se pase de convencional a orgánico, es importante que por lo menos se dejen los bordes de cultivos, esos espacios donde están los alambrados que delimitan los lotes, sin fumigar para que haya más ocupación de las aves”, explicó a Argentina Investiga el doctor Contreras, a la vez que comentó: “Muestreamos los únicos tres campos orgánicos certificados que hay en el sur de Córdoba, los cuales están rodeados por una enorme cantidad de campos convencionales. Por más que se haga todo bien ahí adentro, no alcanza con solo tres orgánicos”.

“Los cultivos que no reciben agroquímicos tienen un poco más de malezas, que redundan en mayor cantidad de alimento para las aves. Al comparar los dos tipos de cultivos, se vio claramente que lo orgánico afecta positivamente a las aves” señaló el especialista y agregó: “Las aves necesitan alimentarse de artrópodos, sobre todo en época reproductiva para los pichones. Vimos que esa disponibilidad de alimento afecta positivamente la ocupación de algunas especies como, por ejemplo, el tachurí canela, que se encuentra categorizada como vulnerable”.

“Los hábitats lineales de pastizales y arboledas –bordes de cultivos– y manejos agrícolas alternativos –orgánico–, ofrecen tanto una oportunidad como un desafío para la conservación de la biodiversidad y sus potenciales servicios ecosistémicos para la agricultura”, puntualizó el investigador.

Indicadores de la salud ambiental

Contreras señaló que “a causa de la elevada tasa de expansión agrícola que viene ocurriendo a partir de la irrupción de la soja, los agroecosistemas de la región central se caracterizan por ser manejados intensivamente, con lotes de gran extensión y homogeneidad”.

Se están produciendo descensos asombrosos en las poblaciones de aves. Una situación que se advierte en todo el planeta. Según revela la federación ambiental BirdLife en el informe preliminar “El estado de las aves del mundo 2022”, el 48% de las especies de aves ha perdido parte de su población en las últimas tres décadas.

Para admirar y preservar

Las aves son parte integral de la cultura y poseen gran importancia social y recreativa, a la vez que ayudan al control biológico, puesto que se alimentan de insectos, algunos considerados plagas; muchas son capaces de polinizar las plantas, llevando polen de unas flores a otras; y otras se convierten en agentes de dispersión por incluir semillas en sus deposiciones, lo cual permite que puedan crecer especies de plantas y árboles.

“Son necesarios cambios contundentes en la gestión ambiental y la interacción de los humanos con la naturaleza”, afirma el autor de este trabajo de investigación.

El borde es un ambiente más estable dentro de un agroecosistema

Primero fueron a los campos para ver las especies presentes y determinaron su prevalencia en el borde, por encima de los cultivos. “Ese espacio donde están los alambrados es el lugar en el que más posan, cantan, comen y anidan las aves. El borde es un ambiente más estable dentro de un agroecosistema, a diferencia del resto del lote que es intervenido constantemente. Principalmente en los modelos convencionales, las aves usan más el borde de cultivo”, señaló el biólogo Contreras.

Y agregó: “El manejo orgánico afecta positivamente a diez especies de aves de la zona, sobre todo a las insectívoras. La más beneficiada es la tijereta”.

Analizó un establecimiento puramente orgánico, uno convencional y dos mixtos. “Trabajamos uno enteramente orgánico, Las dos hermanas, que está en la zona rural de Alejo Ledesma, de 2.101 hectáreas en la parte productiva y una reserva de pastizales de otras 1.900 hectáreas. Se dedican a la producción agrícola y a la ganadería -bovinos-. Otro campo, Las Gaviotas, está al sur del anterior. Tiene los dos tipos de producciones. La mayor cantidad de hectáreas la ocupa la agricultura convencional -1.359 hectáreas- y 330 son orgánicas. Y un establecimiento de Las Acequias llamado Altos Verdes, que tiene los dos tipos de producción, 346 hectáreas orgánicas y 664 hectáreas convencionales. Se sumó El Chañarito, que es totalmente convencional, de 1.193 hectáreas. Este se usó para hacer la comparación entre los dos manejos”.

El investigador puntualizó: “Lo orgánico, por sí solo, al estar rodeado de convencionales, no alcanza. Lo importante es que los campos convencionales dejen esos bordes vegetados, lo cual permitirá que haya más aves, esa es la recomendación. Ahí pueden anidar, forrajear, posarse, tener refugio”.

Beneficios para insectívoras, omnívoras y granívoras

Otra de las conclusiones de este estudio es que la proporción de cultivos anuales aumenta las probabilidades de ocupación de algunas especies en agricultura orgánica.

En este sentido, Contreras indicó: “Los lotes con pasturas no son tan intervenidos. Los cultivos anuales –soja, maíz, maní, trigo y girasol– tienen más aplicaciones de agroquímicos, se mete maquinaria adentro del lote, y eso genera disturbios para los pájaros”.

“Afecta de manera positiva a la tijereta, el doradito, el misto, el tordo renegrido y el pijuí cola parda, dentro de las insectívoras. Y entre las omnívoras, son beneficiadas las perdices y las martinetas coloradas, estas últimas vienen registrando disminución de su población a causa de la persecución por parte de los cazadores y la pérdida de ambiente. Estas dos especies se ven mucho en los campos orgánicos. Y se agregan las torcacitas, dentro de la categoría de las granívoras”, explicó.

En este estudio, queda al descubierto que en esta zona, “tanto orgánicos como convencionales, son manejados intensivamente”, a lo que se suma que “son muy pocas las áreas de producción orgánica” lo que “explica el débil efecto positivo de la agricultura ecológica sobre las probabilidades de ocupación de las aves”.

Los orgánicos estudiados son lotes de gran tamaño –con la consecuente menor cantidad de bordes– y todos bajo producción.

–El trabajo aporta información sobre el efecto de la agricultura orgánica en la comunidad de aves en la región pampeana de la Argentina. ¿Eso es novedoso?

–No hay antecedentes. Hay muchos trabajos hechos en la Argentina sobre el impacto de la agricultura en las aves, pero todos están centrados en la agricultura convencional. También se ha estudiado cómo se expande la agricultura sobre zonas naturales. Pero no hay otro estudio en esta región productiva -La Pampa, Entre Ríos, Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires- que compare los dos manejos agrícolas.

–A la hora de pensar en la conservación de aves, ¿qué suma este trabajo?

–Primero, aporta una información de base para describir el panorama. Y refuerza la idea de la importancia de conservar, por lo menos, los ambientes de bordes. Lo ideal sería ir hacia lo orgánico o a la agroecología, aunque sabemos que es complejo que los agricultores pasen de un manejo a otro, es una cuestión de dinero. Un camino podría ser que en estos agroecosistemas se dejen lotes sin cultivar; pero la medida más simple es que no se fumiguen los bordes.

–En la zona estudiada, ¿las aves disponen cada vez de menos recursos? ¿Ha habido una disminución de las aves en esta región?

–Hace cien años, la cantidad de aves en la zona era mayor. La intervención del hombre ha sido muy negativa. Hay efectos adversos. Algunas aves que toleran más esa agricultura, pero otras no. Hay muchas especies que están disminuyendo su cantidad. Y eso está relacionado con la intensificación agrícola, es la principal causa.

Es un proceso creciente. Archivos de 1920 describen para la zona de Río Cuarto tordos amarillos, una especie de la que hoy quedan sólo 300 individuos en Iberá y se está por extinguir. El yetapá de collar estaba en Villa María, ahora sólo quedan en los Esteros del Iberá. La loica pampeana está casi en extinción, quedan muy pocos ejemplares en Buenos Aires y La Pampa; y antes estaba también en esta zona.

–¿Insectos, arácnidos, mosquitos, moscas, arañas, son clave?

–El tachurí canela es un ave que está categorizada ya como vulnerable. Tiene un cierto grado de peligro. Y resultó ser una de las diez afectadas positivamente, y es por la cantidad de artrópodos que hay en el borde. Mientras más artrópodos haya, más disponible podría estar esta especie de ave. Por eso, es necesario cuidar los bordes. La cantidad de artrópodos está en directa relación con el volumen de vegetación. La mayoría de las aves, en la época reproductiva, para alimentar a sus pichones necesita insectos, que son los que más proteínas les aportan.

–¿Por qué es importante pensar en las aves y su preservación?

–Para la producción son beneficiosas, porque remueven insectos plagas y semillas de malezas, y polinizan. Desde el punto de vista cultural, tienen un importante valor social, estético.

–¿La agricultura ecológica debiera ser una política de conservación de la biodiversidad en gran escala?

–Tendría que haber un fomento a la cultura orgánica a nivel estatal. Dejar los bordes sería una verdadera buena práctica agrícola, una alentadora metodología de trabajo. Es importante comenzar a pensar en la necesidad de corredores biológicos, con pastizal entre las zonas productivas. Diez metros de ancho de pasto. Espacios naturales o modificados que permiten la conexión entre ecosistemas y poblaciones de especies silvestres, para favorecer la conservación de la biodiversidad. Y fomentar una transición hacia la agricultura orgánica o agroecológica.

Deolinda Abate Daga
Universidad Nacional de Río Cuarto

Departamento de Prensa y Difusión
prensa@rec.unrc.edu.ar
www.unrc.edu.ar


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