Nota

Universidad de Buenos Aires - Facultad de Ciencias Exactas y Naturales

23 de Noviembre de 2009 | 9 ′ 54 ′′

“En términos de creatividad artística y científica, nuestro país siempre está mostrando algo diferente”

Investigador y profesor de la UBA, Walter Farina utiliza a las abejas como modelos biológicos para desarrollar sus estudios y fue elegido entre más de 450 postulantes para recibir una de las prestigiosas becas Guggenheim. Su investigación se vincula directamente con el futuro de la humanidad, ya que éste depende del alimento, en su mayoría de origen vegetal y que debe ser polinizado por insectos, entre ellos, las abejas. Argentina es nuevamente el país de la región con mayor número de premiados. En entrevista con InfoUniversidades, el científico aseveró: “En términos de creatividad artística y científica, nuestro país siempre está mostrando algo diferente”.

"La abeja melífera poliniza casi todos los cultivos que consumimos", indica Farina.

Consultado por InfoUniversidades, Walter Farina cuenta las razones que lo llevaron a postularse para este premio y describe las líneas de investigación que se desarrollan en su laboratorio y sus posibles aplicaciones. El especialista evalúa la situación del sistema científico argentino y su ubicación en el marco regional.

-¿Cuál es el significado que tiene para vos esta beca?

-Estoy muy contento porque es un premio a la trayectoria de alguien que está en la mitad de su carrera, pero también es un subsidio para continuar con un proyecto de investigación. Y eso me hace muy feliz porque nos da garantías de que las líneas de investigación que estamos llevando adelante pueden desarrollarse con más facilidad y menos burocracia para usar determinados fondos. También me alegra el reconocimiento, claro. Y quisiera remarcar que haber ganado esta beca no puede entenderse si no como parte de un grupo de trabajo y que este premio es también para todos ellos.

-¿Qué te llevó a competir por la beca?

-Me pareció que las áreas de investigación que desarrollamos son originales y cobraron mucho empuje en los últimos años. Se trata de vincular la sociobiología con la cognición. Eso es algo novedoso y los insectos sociales son un muy buen modelo para llevarlo a cabo. Entonces armé un proyecto, presenté los antecedentes de mi carrera científica y tuve que elegir a cuatro evaluadores reconocidos internacionalmente en el área para que la Fundación envíe esa carpeta y que cada uno de ellos la evalúe. Después se reúne un jurado y termina de definir las propuestas que se van a avalar.

-¿En qué consiste el premio?

-Por un lado es el reconocimiento y, por otro es un monto en dinero. Este año son unos 27 mil dólares que, en mi caso, propuse aplicar para desarrollar un proyecto de investigación en los próximos doce meses.

-Recibir este reconocimiento ¿facilita la obtención futura de nuevos subsidios o becas?

-Creo que sí, pero en ese sentido nuestro grupo de investigación no puede quejarse porque siempre ha tenido subsidios nacionales para llevar a cabo proyectos. Quizás lo que sí es importante es poder sacar a la luz un modelo de estudio no tan frecuente. La abeja no es una rata de laboratorio, pero es un organismo muy lindo de estudiar en múltiples facetas y además con una gran capacidad de transferencia a la producción. Entonces que alguien que trabaja con este tipo de animales gane un premio, es importante para el área.

-¿El premio puede estimular a que nuevos grupos se sumen al trabajo con estos modelos biológicos?

-Espero que sí. No hay demasiados grupos en Argentina que tengan este tipo de visión. Creo que la abeja es ideal, como especie social, para estudiar lo que se llama biología integrativa, es decir, para trabajar en distintos planos del animal. biología molecular, fisiología y procesamiento de información en el sistema nervioso, respuesta individual, conducta social en una colonia artificial pero controlada, preferencias en el campo. Nosotros trabajamos desde la Neurofisiología y cómo es el marcado en una red cerebral que tiene una memoria dada, hasta en la forma en que poliniza un cultivo.

-En los últimos años los científicos argentinos fueron los que mayor cantidad de becas recibieron en la Latinoamérica. ¿A qué se debe?

-Me parece que realmente Argentina, en términos de creatividad ya sea artística o científica, siempre está mostrando algo diferente. Más allá de alguna estructura un poco caótica de nuestro sistema científico, se están viendo recursos humanos muy bien formados, autónomos, que pueden generar líneas de investigación propia y eso no es trivial, ni fácil de conseguir.

-Guillermo Jaim Etcheverry, presidente del jurado, atribuyó este éxito a la tradición argentina en investigación y advirtió que otros países de la región, como Brasil y Chile, están avanzando mucho. ¿Cuál es tu opinión?

-Yo noto un cambio muy grande en los últimos cinco o seis años que está dando forma a un sistema científico predecible en términos de becas, de subsidios, de cambios de categoría. Por ese lado me parece positivo. Además creo que Argentina siempre tuvo una mayor tradición científica en relación con otros países de la región, pero el crecimiento que tiene Brasil es espectacular. A lo mejor todavía no se nota porque aún no producen cosas de altísima calidad, pero su cantidad de producción es muy importante. Creo que el gran desafío de Argentina es armar un verdadero sistema científico donde sus elementos componentes puedan interactuar y generar así propiedades emergentes mucho más ricas que cada unidad trabajando por separado.

-¿En qué consisten las líneas de investigación que llevan adelante en el laboratorio?

-Nuestras líneas trabajan el comportamiento animal eligiendo un modelo altamente social como el de la abeja. A partir de ahí, seleccionamos una actividad muy relevante para las colmenas: la recolección de alimentos. Una vez que se descubre un alimento, se distribuye dentro de la colmena, se almacena, se propaga la información y nuevos individuos van en busca de ese alimento; por lo tanto, hay una recolección colectiva. Con ese objetivo, se arma una red dinámica de interacciones con una cantidad muy grande de canales de comunicación. En esas interacciones ocurren procesos de aprendizaje que se pueden estudiar a nivel individual, y se arma una “información social”. Con esa información la colonia trabaja para recolectar un campo de un cultivo dado, o de una flor natural. Esto es lo que nos interesa: cuáles son los mecanismos de cada individuo, pero sin sacar a ese individuo de la red donde circula esa información, como también las propiedades de esa red. ¿Cuánto dura la información adentro de la colonia?, ¿cómo se puede sesgar la preferencia recolectora de toda una colonia? Todo esto utilizando distintos enfoques, que van desde la fisiología, el comportamiento individual, la interacción entre individuos y estudios en cultivos específicos.

-¿Las abejas constituyen en sus colmenas redes de información muy complejas?

-Absolutamente; y como estas redes tienen muchos individuos y todos tienen distintas edades, experiencias y habilidades cognitivas, eso hace que la red sea más compleja aun. Esto hace que sea más perdurable en términos de la información, porque los individuos más jóvenes, que están adentro de la colmena, en un extremo muy alejado de la entrada, tarde o temprano se transformarán en recolectoras, pero sin borrar las memorias que aprendieron cuando eran muy jóvenes.

-¿Es una suerte de movilidad social?

-De alguna manera hay una fluctuación de las distintas subcastas sin borrarse esas memorias. Por eso a nosotros nos interesa cuánto dura una información social, porque con ella podemos sesgar la actividad sobre un cultivo específico, por ejemplo. De hecho, es la línea que estamos empezando a desarrollar. Esto significa que es posible tirarle cierta información a la colmena para que se construyan memorias que correspondan a un determinado tipo floral y no a otro. Entonces, eso predispone a las abejas que salen a recolectar para sesgar su preferencia y aterrizar en esa floración y no en otra.

-El funcionamiento de la memoria que tiene un insecto como la abeja ¿guarda similitudes con el de un mamífero?

-Tiene similitudes en cuanto a que se observan distintos tipos de memoria, que van desde corto y mediano a largo término. Nosotros determinamos que estas memorias que se producen en un ambiente muy social pueden durar varios días, que es lo necesario para que cuando una abeja recolecte, invierta toda su vida con esa única memoria, buscando determinada especie.

-¿Cuánto hace que estás trabajando en este tipo de líneas con abejas?

-Desde que comencé mi tesis doctoral en el año ‘89. Quería trabajar en biología social y me acerqué a Josué Núñez, que fue mi director y me transmitió una enorme pasión. Después estuve unos años en Alemania trabajando con otro insecto, pero cuando regresé y me instalé acá, en el año ‘94, retomé el trabajo con abejas y no lo abandoné más.

-¿De qué manera se podrían llegar a aplicar los resultados de sus investigaciones?

-El futuro de la humanidad depende del alimento y la mayoría es de origen vegetal y tiene que ser polinizado por insectos. La abeja melífera poliniza casi todos los cultivos que consumimos. Si pudiéramos trabajar sobre lo que se conoce como polinización dirigida, o sea sesgando la conducta de colonias para hacer más eficiente la polinización de cultivos y así mejorar en cantidad y calidad la producción, yo creo que sería un paso enorme.

Martín Cagliani
Universidad de Buenos Aires

Comunicación – Divulgación Científica Secretaría de Relaciones Institucionales, Cultura y Comunicación
mcagliani@rec.uba.ar
www.uba.ar

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