Nota

Universidad Nacional de La Plata - Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales

26 de Septiembre de 2022 | 11 ′ 13 ′′

Investigadores analizan la restauración de los bosques de tala en la provincia de Buenos Aires

Investigadores del grupo LISEA (Laboratorio de Investigación en Sistemas Ecológicos y Ambientales) de la Universidad Nacional de La Plata reflexionan acerca de las consecuencias de la degradación de los Talares de la provincia de Buenos Aires y estudian alternativas para restaurar y conservar este tipo de bosques.

Desde el grupo del LISEA (Laboratorio de Investigación en Sistemas Ecológicos y Ambientales de la UNLP), un equipo de investigadores compuesto por Facundo Sánchez Acosta, Carolina A. Pérez y Marcelo F. Arturi, viene trabajando desde hace varios años en el ecosistema de los talares, en zonas donde se verifican procesos de invasión biológica y en sitios impactados por la minería de conchillas, buscando responder la pregunta: ¿es posible recuperar el bosque perdido en estos sitios?

En la provincia de Buenos Aires los pastizales representan la vegetación dominante; sin embargo, los bosques nativos aparecen sobre los cordones de conchillas del este de la Provincia. Estos bosques están dominados por el “tala”, una formación conocida como “talares”. Estos brindan numerosos beneficios para los seres humanos, entre los que se destacan la protección de cuencas hídricas, la conservación del suelo, de la flora y la fauna nativa, y son generadores de bienes naturales de diferentes tipos (medicinales, alimenticios, etcétera), entre otros. Entre las actividades que comprometen su conservación se encuentran la explotación minera de los materiales calcáreos del subsuelo, que provoca la pérdida de cobertura de estos bosques, por lo que resulta de interés preguntarse, ¿hay técnicas de manejo que permitan recuperar estos bosques degradados?

Los bosques albergan la mayor parte de la biodiversidad terrestre del planeta, aunque sólo cubren el 31% de la superficie continental. Es evidente, entonces, que la conservación de la biodiversidad del mundo depende primordialmente de la forma en que interactuamos con los bosques. Pese a que desde hace muchos años tenemos conciencia de la importancia de estos ecosistemas, la deforestación y la degradación de los bosques siguen avanzando a un ritmo alarmante, lo que contribuye a la actual pérdida de biodiversidad. Se estima que desde 1990 se han perdido unos 420 millones de hectáreas de bosque nativo a causa del cambio de usos del suelo.

Frente a estos procesos de degradación y pérdida de los ecosistemas surge el concepto de restauración ecológica, que busca recuperar los ecosistemas que han sido dañados, degradados o destruidos.

En la provincia de Buenos Aires se desarrolla una singular formación boscosa conocida como los “Talares”, que ocupa la franja costera del río Paraná y del estuario del Río de la Plata, al este y noreste de la provincia. Esta constituye una de las pocas formaciones boscosas que posee la Provincia, y se destaca por su extensión y composición. Su nombre se debe a que la especie predominante es un árbol conocido vulgarmente con el nombre de Tala, cuyo nombre científico es Celtis tala. También se encontraron otras especies leñosas que acompañan al Tala, una de las más destacables por su abundancia es el Coronillo (Scutia buxifolia).

Esta vegetación a su vez provee de un hábitat adecuado para muchas especies animales como el gato montés, el zorro gris, el zorrino, los roedores como el tuco tuco, especies de lechuzas, cardenales, y la mariposa bandera argentina, emblemática de los talares. Estos bosques y sus ambientes contiguos conforman la zona de mayor biodiversidad de la Provincia, tal es así que fueron incluidos en el programa El Hombre y la Biosfera (MAB-UNESCO) con la creación del Parque Costero del Sur entre las localidades de Magdalena y Punta Indio. Entre estas localidades también se encuentra una superficie importante de talares, los cuales se ubican sobre depósitos de material calcáreo (conchillas) que se generaron por ingresiones marinas hace tres mil a ocho mil años, conocidos como talares sobre cordones de conchilla.

Al igual que en gran parte de los bosques del mundo, los talares han sufrido degradación y pérdidas de superficie a causa de procesos de cambio del uso del territorio en la región. Entre las principales causas se encuentran la expansión no planificada de zonas urbanas, desmontes a causa de la ganadería y la minería de los cordones de conchillas sobre los cuales se desarrolla el bosque. Otro proceso importante de pérdida de bosque nativo se da por la invasión de especies arbóreas exóticas como el “ligustro”, Ligustrum lucidum y el “almez”, Celtis australis.

Estas especies fueron introducidas por el ser humano, y, en algunas situaciones puntuales, tendieron a reemplazar completamente al bosque nativo por bosques “nuevos”, con una dominancia prácticamente absoluta de las especies invasoras. Esto genera una drástica pérdida de biodiversidad tanto vegetal como animal. Ante esta problemática surge la pregunta: ¿la reforestación con especies nativas podría resultar una alternativa de restauración ecológica viable para recuperar la mayoría de las funciones ecológicas perdidas, como la conservación de la biodiversidad, el almacenaje de carbono y los reservorios de agua subterránea?

Para analizar el efecto de la invasión biológica el equipo de investigadores del LISEA estudia talares ubicados en la reserva privada llamada “El Destino”, ubicada en el partido de Magdalena y que forma parte del Parque Costero Sur. En esta zona el proceso de invasión del ligustro avanzó en tal magnitud que llegó a reemplazar en algunos sitios prácticamente a todas las especies arbóreas nativas.

Ante esta situación, en el año 2010 se realizó un ensayo de eliminación de la especie invasora, generando espacios o claros en los que se plantaron talas producidas en vivero, de dos años de edad. Las plantas fueron implantadas en tres posiciones dentro del claro, bajo el dosel o copas del ligustro en la periferia del claro, en el borde con una cobertura parcial del dosel de ligustros, y en el centro de los claros con ausencia del árbol invasor. En total se plantaron 206 talas; en los tres años siguientes se realizó el monitoreo de la supervivencia y el crecimiento de los individuos plantados y se constató una mayor supervivencia en los claros, principalmente de las plantas ubicadas en el centro de las parcelas. Así pudo verificarse el efecto positivo de la remoción de ligustro sobre la supervivencia en los primeros años de la plantación, aunque por causas no claramente establecidas; la mortalidad continuó quedando en menos del 5 % de los individuos plantados al cabo de diez años.

El segundo caso de estudio (efecto de la minería) se recurrió a las canteras de conchillas ubicadas en la localidad de Castelli. Para realizar la actividad minera de extracción de conchillas, se realiza una tala rasa del bosque, luego se remueve el suelo superficial, que contiene la capa más fértil, para llegar a la conchilla que se encuentra a unos 30 cm de profundidad. Como consecuencia de esta intervención se genera una depresión de 3 a 4 m de profundidad, y posteriormente se nivela recomponiendo parcialmente la topografía del lugar. Cuando esto sucede el daño ya está hecho y es prácticamente irreversible, ya que la regeneración espontánea del bosque resulta muy baja debido a las condiciones ambientales tan adversas que se generan y la baja disponibilidad de tierra fértil.

En este caso, para favorecer la recuperación del talar, se realizaron tareas de nivelación en canteras (ubicadas en el partido de Castelli) disponiéndose en la superficie el material limoso que constituye el suelo orgánico original del sitio (el cual no se extrae con la minería).

En septiembre de 2014 se plantaron 48 individuos de tala de dos años de edad. Se evaluaron cuatro alternativas de implantación: 1) con una condición de reparo o protección artificial; 2) con un desmalezado alrededor de las plantas; 3) una combinación de reparo y desmalezado; (4) un testigo al cual no se le agregó ninguna de las técnicas descritas. Durante el primer año se constató la supervivencia de las plantas instaladas en el área. Después de cuatro años de iniciada la experiencia de implantación el tratamiento que mostró mayor supervivencia fue el desmalezado (50%), seguido por reparo+desmalezado (42%) y reparo (8%), en el testigo la supervivencia fue nula. La competencia con herbáceas afectó a la supervivencia y el crecimiento de las plantas de tala. Pese al esfuerzo en la implantación, se observó un proceso de mortalidad de las plantas de tala que continuó en el sitio hasta la actualidad, constatándose la supervivencia de pocas plantas y sólo en el extremo donde la capa de suelo superficial tiene mayor espesor. En este caso, al igual que con la invasión de ligustro, se verificó que las alternativas de reforestación evaluadas no resultaron suficientes para lograr el establecimiento de las plantas de tala.

Los investigadores no se dieron por vencidos y exploraron otra alternativa: una plantación empleando otras especies nativas de la zona. A partir de nuevos ensayos se obtuvieron resultados preliminares prometedores, algunas de las especies empleadas mostraron una mayor tendencia a soportar las condiciones ambientales adversas de la cantera (poca disponibilidad de sustrato fértil, topografía desfavorable, fuertes sequías estivales, pH alcalinos, entre otras). Entre las especies que mejor se adaptaron se encuentran el “molle” (Schinus longifolius) y el “coronillo” (Scutia buxifolia), demostrando una tendencia hacia el establecimiento definitivo de ejemplares en la cantera de estudio.

En la actualidad, desde el LISEA llevan a cabo nuevos ensayos con otras especies nativas que muestran mejores aptitudes de establecimiento frente al impacto que generan los desmontes por ganadería, la minería, y la invasión de exóticas como el ligustro o el almez.

Los especialistas observaron que que, paradójicamente, el tala no es la especie más adecuada para iniciar la recuperación en talares degradados, aunque no descartan poder emplearla en estados más avanzados y aprovechar el efecto “nodriza” y amortiguador de otras especies nativas con mayor capacidad de establecimiento. Las características de un sitio después de la explotación minera ya no serán como las del cordón de conchilla con un bosque dominado por tala y eso significa que la “restauración ecológica” es impracticable. En cambio, la plantación de otras especies de la zona, aptas para las nuevas condiciones, pueden mejorar las funciones ecológicas provistas por el nuevo ambiente que conforman las canteras abandonadas y eso se denomina “rehabilitación ecológica”. Entonces, estas especies podrían ser la respuesta para la futura rehabilitación de sitios afectados por diferentes procesos de degradación de los talares.

Producción Periodística:


Responsable Institucional:
Eduardo Spínola
Universidad Nacional de La Plata

Dirección General de Comunicación Institucional
gonzalo.albina@presi.unlp.edu.ar
www.unlp.edu.ar


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