Nota

Universidad Nacional de Río Cuarto - Facultad de Agronomía y Veterinaria

14 de Marzo de 2022 | 15 ′ 8 ′′

Investigan especies vegetales serranas para cubrir los techos de los edificios de Río Cuarto

Investigadores estudian las ventajas ecológicas de siete especies de gramíneas, en combinación con herbáceas y suculentas, para construir “techos verdes”. Sus beneficios son numerosos: aumentan la eficiencia energética, mitigan el efecto invernadero local que generan las moles de cemento y absorben buena parte del agua de lluvia que anega las calles.

Los espacios naturales son un bien escaso en muchas ciudades del mundo. En Río Cuarto, el volumen de cemento se expande año a año y pronto habrá que plantearse cómo remediar las consecuencias ambientales de ese crecimiento. Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Río Cuarto trabaja en una solución económica y sustentable. Estudian las ventajas de especies vegetales de las sierras de Córdoba para construir los denominados “techos verdes”, que se convierten en pequeños pulmones de oxígeno en medio de la selva de concreto.

Analizan el comportamiento de siete especies de gramíneas, de las cuales cuatro son nativas y tres exóticas, en una combinación con herbáceas y suculentas. Algunas se reprodujeron y mejoraron genéticamente para que tuvieran una adaptación más eficiente al medio, además de prestar servicios ecosistémicos beneficiosos para la salud, la economía y la calidad de vida de los habitantes de Río Cuarto.

Los techos verdes son sistemas que permiten el crecimiento de vegetación en superficies impermeables que cumplen varias funciones ecológicas. El resultado de las investigaciones y el desarrollo de la tecnología permiten que hoy en día esta práctica pueda ser empleada en edificios y casas, en los que pueden cultivarse especies nativas o exóticas, realizar diseños ornamentales o, incluso, convertir terrazas en verdaderos parques recreativos naturales.

Estas cubiertas verdes tienen ventajas comprobadas para los usuarios de edificios. Mejoran la eficiencia energética porque ayudan a moderar la temperatura de los interiores; ofrecen un mayor aislamiento acústico; mitigan el efecto de la denominada “isla de calor urbana” ya que a través del rocío diario y el ciclo de evaporación son capaces de enfriar las ciudades durante los meses de verano; mejoran la calidad del aire pues capturan las partículas de polvo y suciedad y filtran los gases nocivos; ayudan al control de las aguas pluviales porque reducen el escurrimiento y disminuyen la presión sobre los sistemas de alcantarillado en los momentos de mayor flujo; incrementan la producción de oxígeno y la absorción de dióxido de carbono; aumentan la biodiversidad al poder albergar una gran cantidad de plantas, insectos y aves; disminuyen la generación de residuos pues les dan más vida útil a las membranas impermeabilizantes y a los sistemas de ventilación, calefacción y climatización; y permiten el uso de materiales reciclados en el medio de cultivo, entre otros beneficios.

El futuro de muchos conglomerados grandes y pequeños se orienta en esa dirección. Córdoba Capital sancionó en 2016 una ordenanza por la cual el techo del décimo piso del Palacio Municipal 6 de Julio fue cubierto con vegetación nativa, en el marco de una experiencia que, a su vez, sirve para que los investigadores de la Universidad Católica de Córdoba -una de las instituciones pioneras en el estudio de este tipo de sistemas en la provincia- realice estudios más precisos respecto de su impacto y evolución. Antes, en 2013, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires había adoptado la misma decisión y, en 2017, se sumó la Municipalidad de Santa Fe, entre otras ciudades del país y del mundo. En Río Cuarto, el Concejo Deliberante también sancionó en 2018 una ordenanza que contempla el desarrollo de viviendas ecológicas y de techos verdes.

Se trata del diseño, desarrollo e implementación de un Sistema Modular Extensivo de bajo mantenimiento, que busca promover acciones público-privadas que contribuyan a incorporar tecnología con beneficios eco-sistémicos de los edificios ubicados dentro de la “isla de calor urbana”.

La ingeniera agrónoma Gisela Brandana, docente e investigadora de la Cátedra de Espacios Verdes de la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la UNRC, está estudiando, como parte de su trabajo de tesis de la Maestría en Ciencias Agropecuarias, las posibilidades de adaptar el sistema de techos verdes a las características climáticas y urbanas de Río Cuarto.

Las construcciones edilicias y el avance de obras públicas, como el asfaltado de calles, a mayor o menor ritmo, prosperan en la ciudad, lo que conlleva el aumento de las superficies impermeables, con impacto sobre el medioambiente. Los techos verdes se constituyen en una alternativa para hacer frente a esta situación.

La vegetación que conforma las cubiertas naturadas está sometida a condiciones medioambientales extremas, más aún en zonas de escasas precipitaciones y marcadas amplitudes térmicas, como la de Río Cuarto. Para que sean perdurables, debe encontrarse la combinación de especies que tolere los factores bioclimáticos del lugar. Este es uno de los objetivos medulares que guía la investigación de la ingeniera Brandana.

Una alternativa ante el cambio climático

En un trabajo de reciente publicación, esta docente universitaria, junto con sus colegas de la Cátedra de Espacios Verdes, Sergio José Estévez y Diego Ariel de Yong, señalaron: “Río Cuarto es la segunda ciudad de importancia en la provincia y se encuentra en pleno crecimiento. Los techos verdes representan una alternativa viable para hacer frente a posibles consecuencias relacionadas al cambio climático”.

Fue la ausencia de investigaciones y conocimiento sobre el tema a nivel local, por un lado, y los avances en ordenanzas, programas, documentos y tecnologías referidos a techos verdes en el contexto provincial, nacional e internacional, por el otro, lo que motivó a estos científicos de la Universidad a conformar un grupo de trabajo que se aboque al estudio de esta problemática.

Brandana, Estévez y de Yong subrayaron que la contribución al avance científico “es alta, puesto que la investigación basada en el desarrollo de germoplasma ornamental a partir de recursos genéticos nativos es escasa, principalmente para su uso en techos verdes”. Por eso, “la caracterización de materiales nóveles abrirá nuevas áreas de conocimiento para su utilización y cubiertas naturadas sobre las cuales existe poca información, más aún, si se consideran las condiciones medioambientales particulares (tanto el régimen térmico como el hídrico)”.

“Desde el aspecto tecnológico, la singularidad reside en la generación de conocimiento y materiales novedosos a partir del uso de varias especies en conjunto, adaptadas a las condiciones climáticas locales, lo que permitirá asegurar la sustentabilidad del sistema”, explicaron a Argentina Investiga y agregaron que, con estas acciones, “se producirá conocimiento y materiales con impacto económico y social, ya que generará la valoración ornamental de algunas especies como las gramíneas nativas de la provincia de Córdoba, además de poner en valor las gramíneas exóticas en estas condiciones espaciales”.

Destacaron, además, que la aplicación de la tecnología de techos verdes con adaptación hídrica “permitirá incorporar masa vegetal al espacio urbano-edilicio y contribuir al ahorro energético de los espacios interiores. Esta incorporación conforma una estrategia de mitigación de los efectos de antropización (transformación que ejerce el ser humano) sobre el entorno y contribuye a valorar la calidad energética y ambiental, logrando un uso racional de los recursos disponibles de la región, como el agua, la radiación solar y la energía para climatización”.

Explicó la ingeniera Bandana: “Estamos hablando de una cobertura vegetal que puede ser en un techo o en un balcón, y lleva muy poco espesor de sustrato, es decir del medio de cultivo donde crecerán estas plantas. Por eso, es necesario estudiar qué especies se adaptan a este sistema y a nuestro clima en particular. Recordemos que Río Cuarto tiene precipitaciones concentradas en los meses de verano, con temperaturas muy altas. Después, sigue un largo período sin lluvias y un invierno con bajas temperaturas”.

Las especies que están evaluando los investigadores locales deben adaptarse a esas condiciones, más aún, como señaló Brandana, cuando se trata de techos verdes con poco espesor de sustrato, y que, por lo tanto, tendrán una limitada capacidad para almacenar agua. Además, estarán expuestas a fuertes vientos y a la fuerza del sol, ya que normalmente no reciben sombra.

“Estamos estudiando el comportamiento de gramíneas nativas y exóticas, en una combinación con herbáceas y suculentas, también nativas y exóticas. Es decir, no evaluamos un monocultivo en particular, sino el comportamiento de comunidades de especies, que prestarían servicios ecosistémicos beneficiosos para la salud, la economía y la calidad de vida de las personas de Río Cuarto”, subrayó.

Cada especie tiene su propia arquitectura. Las gramíneas son más altas, pero hay otras que son rastreras y conservan más la humedad del sustrato. De esta manera, sus características se combinan para hallar aquellas que sean más convenientes para el clima de la ciudad.

“La combinación de especies no solamente está vinculada con la adaptación climática sino que también realiza un aporte estético de manera que los techos se vistan con una vegetación permanente todo el año. Hablamos, por ejemplo, de especies que se mantengan siempre verdes, se auto-resiembren y brinden floraciones escalonadas en distintos meses”, comentó Brandana y detalló: “El sistema con el que trabajamos se llama modular de techo verde intensivo y posee un sustrato de doce centímetros de espesor. Las plantas se cultivan en bateas de polietileno, que diseñaron y patentaron investigadores de la Universidad Católica de Córdoba y de Conicet. Constan de un reservorio de agua en la parte inferior, relleno de perlitas que retienen la humedad y permiten que las raíces de las plantas puedan llegar hasta allí en los momentos de sequía. Cada batea tiene medio metro cuadrado, es decir que son de 1 metro por 50 centímetros y, en total, el ensayo que estamos llevando adelante en la terraza de uno de los pabellones de la Facultad de Agronomía y Veterinaria tiene doce metros cuadrados”.

Resultados alentadores

La pandemia de COVID-19 demoró la iniciación de este proyecto, que finalmente logró ponerse en marcha en diciembre del año pasado. “La fecha no fue la óptima para iniciar la plantación, por las altas temperaturas y porque es una época muy estresante para las especies vegetales, pero con muchos cuidados los resultados que obtuvimos hasta ahora son muy alentadores”, remarcó la docente universitaria.

El trabajo considera distintas variables. La cobertura es una de ellas y se realiza a través de tomas fotográficas periódicas, que se procesan mediante un programa informático para poder comparar los porcentajes de verde. “Se hace cada quince días para establecer cómo aumenta la cobertura o cómo disminuye ante la eventualidad de sequías o heladas”, señaló Brandana. Y acotó: “También medimos el estado sanitario de las plantas. Es decir, la apariencia de cada especie durante las distintas épocas del año. En este caso, pudimos comprobar que algunas gramíneas resultaron muy afectadas por las fuertes heladas, pero otras no, e inmediatamente empezaron a florecer. Además, relevamos otras variables como la altura de las plantas, el momento y la duración de la floración y la presencia de polinizadores”.

“Queremos proponer un sistema de techos verdes que requiera un mínimo mantenimiento. Si se implantara el techo de un edificio, lo óptimo sería realizar una escasa inversión en un sistema de riego por goteo con un temporizador que reemplace el trabajo manual de una persona y nada más. Por supuesto que en los primeros meses habrá que desmalezar, hasta que se logre una cobertura total del techo. Una vez que eso ocurra, la falta de luz impedirá que crezcan las malezas. Tampoco se necesitan tareas de poda, el único mantenimiento que podría requerir es una fertilización dos veces al año. Las plantas que se adaptan a este sistema son de bajo porte, las gramíneas que estamos estudiando, como mucho, pueden llegar a medir 1 o 1,5 metros”, ejemplificó.

Un equipo de científicos de la Universidad Católica de Córdoba viene trabajando con este tipo de sistemas desde hace más de quince años, domesticando especies vegetales extraídas de distintos lugares serranos del territorio cordobés. Algunas se reprodujeron y mejoraron genéticamente para que tuvieran una adaptación más eficiente al medio. Estas especies nativas y exóticas son las que se están evaluando aquí en la UNRC. Son las mismas que se implantaron en el techo de la Municipalidad de Córdoba.

Una iniciativa para Río Cuarto

“Muchas ciudades del país adoptaron este tipo de sistema a través de sus respectivas ordenanzas. Nuestro objetivo es que, desde esta Universidad, podamos proponer un sistema de techos verdes suficientemente estudiado, que sea de bajo costo y mantenimiento y que cualquiera pueda llevarlo adelante sin la necesidad de realizar modificaciones en las estructuras edilicias, ya que sólo generan un peso de entre 100 y 110 kilogramos por metro cuadrado cuando el sustrato está húmedo”, dijo la investigadora local.

“La propuesta puede resultar prometedora para Río Cuarto, sobre todo porque la ciudad ha venido creciendo de manera constante en los últimos años. Las superficies cementadas se expanden y ya no quedan espacios para plazas o pulmones verdes”, sostuvo Brandana.

El cemento de las ciudades provoca un fenómeno conocido como “isla de calor”. Es una especie de efecto invernadero local, que los techos verdes pueden ayudar a contrarrestar. Sin ellos, las grandes moles de concreto absorben el calor y no permiten que se disipe, ni siquiera de noche. Entonces, los sistemas de refrigeración en la ciudad forman un círculo vicioso. Por un lado, enfrían el interior de los edificios pero, por el otro, su funcionamiento genera más calor y así se incrementa aún más la temperatura exterior.

Además, los techos verdes retienen buena parte del agua de lluvia que, de otra manera, escurriría por completo desde los techos hacia las calles. Así podrían evitarse los anegamientos de algunos sectores de Río Cuarto cuando se registran precipitaciones abundantes. Incluso, hay investigaciones que están estudiando la capacidad de estos sistemas para el secuestro de carbono y sustancias contaminantes del aire, y como captadores del polvo del medio ambiente. En ese contexto, el proyecto de los investigadores universitarios locales suma una estrategia más para tener en cuenta en la lucha contra el cambio climático.

Fredy Dutra
Universidad Nacional de Río Cuarto

Departamento de Prensa y Difusión
prensa@rec.unrc.edu.ar
www.unrc.edu.ar


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