Nota

Universidad Nacional de San Martín - Escuela de Ciencia y Tecnología

25 de Noviembre de 2013 | 8 ′ 37 ′′

Todos podemos generar energía

La posibilidad de que cualquier usuario de la red eléctrica pueda convertirse a la vez en proveedor -con paneles fotovoltaicos en el techo de la casa- ya está transformando la matriz energética en países de Europa. En Argentina es una novedad absoluta, en la que hoy hace punta el proyecto IRESUD, a cargo de un consorcio que incluye a la Escuela de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de San Martín.

Paneles solares

No hay quien no esté al tanto hoy de la imperiosa búsqueda, en todo el mundo, de energías renovables y “limpias”, capaces de suplantar a los omnipresentes hidrocarburos (que en la actualidad representan el 83% del consumo mundial de energía) sin dañar el medio ambiente. La energía solar se perfila como una de las alternativas más viables: países más avanzados ya generan alrededor del 5% de su electricidad mediante paneles fotovoltaicos, lo cual no es poco, teniendo en cuenta que en Alemania -la quinta economía mundial- ese porcentaje aparentemente pequeño es comparable al total de la producción eléctrica en nuestro país. En este sentido es importante tener en cuenta que las energías limpias y renovables representan un paso adelante dentro de un problema central, como es el de los recursos energéticos.

En rigor, para producir energía eléctrica sólo se necesita una célula o panel fotovoltaico, capaz de transformar la luz solar que impacta en él en una corriente eléctrica, y un sistema que convierta esa corriente continua obtenida, que naturalmente varía según la hora del día y las condiciones climáticas, en una señal eléctrica alterna estable que pueda ser inyectada en la red sin causar trastornos, es decir, en electricidad “lista para ser consumida”. Técnicamente, esos sistemas se conocen como “inversores”.

Disponer de esa tecnología haría posible que cualquiera, con un panel fotovoltaico instalado en el patio, en la terraza, o en el fondo de casa, sea parte de la red de suministro eléctrico con sólo aprovechar la generosidad del sol. “Nuestro proyecto es impulsar estas formas de generación distribuida de energía eléctrica en la Argentina -explica a Argentina Investiga Julio Durán, director del departamento de Energía solar de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y profesor asociado de la Universidad, quien se encuentra a cargo del proyecto-. En la actualidad se ha hecho una compra importante de paneles solares: primero 500, y después entre 100 y 200 más, con el objetivo de hacer instalaciones en la Universidad, en la CNEA y en varias provincias, algunas de ellas en organismos públicos, como el Ente Nacional de Regulación Energética y la secretaría de Energía de la Nación. Y, por otra parte, se está trabajando en la regulación, en el marco de la Asociación Electrotécnica Argentina, porque no existen normativas locales sobre cómo conectar sistemas fotovoltaicos a la red”.

-¿Cualquiera podría ser proveedor de la red eléctrica con esta tecnología?

-Sí, sería como tener una centralita: uno pone paneles solares en su casa y le puede vender energía a la red. Para eso hace falta que haya regulaciones, tarifas, etcétera. Pero es así, uno puede ser proveedor de la red, y hasta incluso podría no ser consumidor. En Europa ha sucedido que hay quienes alquilan un techo para montar una central de este tipo.

-¿Qué capacidad tendrían estas instalaciones?

-En este proyecto pensamos en unidades para casas individuales. Pero en Europa se utiliza en empresas, con grandes superficies. Los sistemas que se van a instalar ahora tendrán ocho paneles de 1,70 m por un metro. Habrá algunas de 12 paneles, y otras de 20. Una instalación de 12 paneles sería capaz de proveer aproximadamente el consumo eléctrico de la vivienda si se lo calcula en forma promediada.

-¿En qué horarios se dan los picos de consumo?

-Las curvas de consumo en los días de mucho calor en verano indican claramente que alrededor de las 14 o las 15 se dan picos de consumo más altos que los de la noche. Y en los días no tan soleados puede ser que el pico de mediodía no sea tan alto como el de la noche, pero siempre hay un pico de consumo eléctrico a mediodía.

-¿Existen acumuladores que permitan “guardar” esa energía y resolver ese desfase?

-En Alemania, donde la capacidad de generación de electricidad por sistema fotovoltaico instalada es mayor que toda la capacidad de generación eléctrica en la Argentina, les preocupa mucho ese tema y lo están estudiando. En el proyecto IRESUD los sistemas planteados son conectados a red, sin acumulación: la energía producida debe ser inyectada inmediatamente en la red para ser consumida.

-¿Funciona los días nublados o lluviosos?

-Generan mucho menos. Por debajo de la décima parte.

-¿A qué apunta este proyecto en materia económica?

-A que cualquiera pueda convertirse en proveedor de la red eléctrica. Nuestro principal objetivo es introducir esta tecnología en el país, y que exista una normativa técnica que le permita instalar este tipo de sistemas a cualquiera que desee hacerlo. En la Argentina la energía eléctrica es muy barata porque está subsidiada; en Europa se utiliza un sistema de tarifas diferenciales: quien además de consumir genera tiene beneficios, ya que la electricidad que produce tiene un precio mayor de la que consume. Eso ya es una decisión política.

Por otro lado, es necesario armar laboratorios para la certificación de los componentes, formar recursos humanos (porque en el país hay muy poca gente especializada en redes de energía solar) y producir equipos y sistemas. A nivel mundial se calcula que los paneles cuestan un dólar por cada vatio instalado. En Europa cuesta entre 0,2 y 0,3 dólares por vatio. En Argentina estamos alrededor de 2 dólares por vatio, mucho más caro, porque aún no hay mercado para estos componentes. Hay que desarrollar proveedores.

-¿Para qué servirán estas instalaciones piloto que están realizando?

-Por un lado, para la formación de gente. Por el otro, para mostrarle a la gente, en especial a las empresas distribuidoras de energía eléctrica y a los funcionarios, que esto funciona: cumple con normas de seguridad y no genera perturbaciones en la red. La mejor manera de demostrarlo es a través de instalaciones que permitan ensayar los equipos y los componentes.

Hacerlo con tecnología propia

“¿Hay peligro de electrocutarse al tocar los paneles solares?”, es la pregunta del profano ante la instalación ubicada en la terraza del Centro Atómico Constituyentes. “En las partes expuestas de los paneles no circula corriente eléctrica -asegura el ingeniero Hernán Socolowsky-. El usuario no tiene forma de acceder a cables o componentes metálicos por donde circule corriente eléctrica. Esta es una tecnología en la que se pone mucho énfasis en la seguridad. Además, esta parte de la instalación sólo debe ser manipulada por un técnico especializado”.

El proyecto IRESUD se inició en 2011 y está financiado por el FONARSEC, implementado por el ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación a través dela Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica para favorecer iniciativas de cooperación mixta público-privadas. Por la parte pública integran este consorcio la Universidad y la CNEA, mientras que el sector privado está representado por Aldar (proveedora de sistemas fotovoltaicos), la compañía de tecnología agrícola Eurotec, interesada en incursionar en este nuevo mercado, las empresas electrónicas Q-Max y Tyco, y Edenor.

Hernán Socolowsky y Ezequiel Fernández Wortman, becario de la Universidad, junto con personal de Q-Max-, trabajan en el desarrollo que permitirá, “dentro de dos o tres años”, fabricar inversores para la red. Los inversores convierten la corriente continua que generan los paneles solares en corriente alterna estable de 220 volts y 50 ciclos: “No son equipos complejos desde el punto de vista de los componentes, pero sí desde el punto de vista del sistema, porque va a estar conectado a la red eléctrica, que es propensa a situaciones de cortocircuito, descargas atmosféricas (rayos) y otras alteraciones

-explica Socolowsky-. El equipo debe ser muy confiable y no alterarse con esas perturbaciones”.

Dolores Caviglia
Universidad Nacional de San Martín

Comunicación Institucional
dbarrera@unsam.edu.ar
www.unsam.edu.ar


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