Nota

Universidad Nacional del Litoral - Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas

16 de Julio de 2009 |

Crían yacarés en el bioterio de la UNL

La UNL cuenta con un bioterio de yacarés habilitado por la secretaría de Medio Ambiente de la provincia de Santa Fe para criar caimanes hasta los 14 meses de vida. Unico en su tipo en todo el territorio nacional, funciona en la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas. Allí se crían y mantienen yacarés en ambientes artificiales que imitan los hábitats naturales para estudiar los efectos de la exposición de los huevos a sustancias químicas que habitualmente se encuentran en el medio ambiente. Los investigadores comprobaron los efectos de agroquímicos sobre las células reproductoras de estas especies.

La ecolosión es asistida por los operadores.

Se trata de un espacio adaptado para la incubación y el mantenimiento de caimanes que se utilizan para el estudio de contaminación ambiental. Los huevos son recogidos en la naturaleza y luego se trasladan allí donde nacen y crecen hasta los 14 meses bajo condiciones controladas.

Anteriormente, los huevos de yacarés eran recogidos y criados hasta los diez días después del nacimiento en el laboratorio de la facultad, pero ahora los científicos tienen la posibilidad de estudiar a los animales hasta su estadio juvenil donde llegan a medir unos 80 centímetros, o un metro. “Este bioterio nos permite hacer estudios a largo plazo para ver qué efecto tienen estos químicos durante el desarrollo embrionario y si ese efecto es persistente en el tiempo”, explicó a InfoUniversidades el doctor Enrique Luque, director del Laboratorio de Endocrinología y Tumores Hormonodependientes (LETH).

“Cuando observamos un efecto por exposición durante el desarrollo embrionario a un reptil o a cualquier otra especie, inclusive el hombre, se produce una alteración en el material genético de las células -genoma- que se manifiesta en otro momento del desarrollo del organismo”, señaló el experto.

Desde el nido hasta el laboratorio

Cada diciembre, los investigadores del LETH esperan un llamado telefónico del Chaco, más precisamente de El Cachapé, el refugio que posee la Fundación Vida Silvestre para la preservación de humedales. “Ellos tienen identificados los nidos y nos avisan cuando una hembra puso los huevos. Nosotros los vamos a buscar los primeros días de enero”, comentó Marcelo Zayas, becario del LETH.

Cuando los nidos son ubicados se los identifica, se los mide, se observan y se registran tanto las condiciones del entorno como las distancias a los cursos de agua. “Abrimos el nido y lo trasladamos hasta poder depositar los huevos en unos maples, donde colocamos su material vegetal y los pulverizamos con agua para simular lo que hace la madre: ir y venir del agua permanentemente mojando el nido”, detalló. De un total de diez nidos que se suelen recolectar, sólo cuatro son llevados al laboratorio donde se identifica el estadio de crecimiento de los embriones dentro de los huevos y se los deja en incubadoras hasta el momento de eclosión. Es en el período de desarrollo embrionario en el que los científicos pueden exponer los huevos a los químicos en dosis similares a las que se encuentran en su ambiente originario.

El bioterio

El espacio cuenta con piletones y cada uno posee un sector seco y otro húmedo. Tanto la temperatura ambiente como la del agua se mantienen a 28ºC, regulados por acondicionadores de aire, lozas radiantes y estufas de aceite. Como los yacarés son animales de sangre fría, en su hábitat natural pasan muchas horas al sol para activar su metabolismo, mientras que en el bioterio eso se suplanta con 30 minutos de luces ultravioletas. Los ejemplares son estudiados para determinar curvas de crecimiento, variables hematológicas y bioquímicas con el fin de establecer cuáles son los valores basales y cuáles los modificados por los contaminantes ambientales.

De esa manera, cuando los científicos estudien yacarés criados en la naturaleza podrán alertar sobre el grado de contaminación del medio ambiente en una determinada zona.

Para estudiar

Según explicó Luque, muchos de los compuestos químicos que contaminan los ecosistemas acuáticos son hormonalmente activos, es decir que imitan la acción de las hormonas e interfieren con el funcionamiento del sistema endocrino en general, y del sistema reproductor en particular.

Los investigadores administran una pequeña cantidad de uno de los químicos que estudian en los huevos en el momento preciso del desarrollo donde se produce la diferenciación sexual. “En el caso de los yacarés, el sexo es determinado por la temperatura, entonces a 30 o 33 grados, dependiendo de la temperatura van a nacer machos o hembras. Si nosotros le colocamos una gotita de un químico que tiene acción estrogénica a un huevo que se encuentra a 33 grados, por los resultados experimentales que observamos, el sexo inducido por la temperatura se modifica y nace una hembra”, detalló.

Hasta el momento, los investigadores del LETH obtuvieron interesantes resultados en el estudio de los perturbadores endocrinos. El más conocido refiere a la acción estrogénica del Bisfenol A, sustancia que se agrega a los plásticos para darles rigidez. También estudiaron agroquímicos como el Endosulfan y la Atrazina, que si bien no revirtieron el sexo de los yacarés, sí provocaron modificaciones en la morfología de los órganos reproductores, gónadas, y de los niveles de las hormonas que sintetizan.

Romina Kippes
Elizabeth Furlano
Andrea Vittori
Universidad Nacional del Litoral

Comunicación - Universidad Nacional del Litoral
avittori@unl.edu.ar
www.unl.edu.ar


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