Nota

Universidad Nacional de San Juan - Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

25 de Mayo de 2009 |

Hallan el primer dinosaurio herbívoro con pico

Un animal que vivió hace unos 200 millones de años en lo que hoy es la provincia de San Juan acaba de convertirse en el primer dinosaurio herbívoro sauropodomorfo, con irrefutable evidencia de haber tenido pico. Se trata de un descubrimiento que arroja nueva luz sobre la evolución temprana de esta clase de animales, que alcanzaron los mayores tamaños en la historia de la fauna mundial. Así, San Juan se posiciona como un lugar clave para estos estudios, ya que es el primer hallazgo de dinosaurios del período Jurásico Inferior en toda Sudamérica.

El nuevo animal fue bautizado como Adeopapposaurus mognai que en latín significa “lagarto que come lejos” y hace referencia a su cuello largo, que le permitía alcanzar comida ubicada a más altura en relación a sus antepasados, que no llegaban a la parte superior de arbustos y árboles.

Durante años los investigadores se preguntaron cómo los sauropodomorfos -dinosaurios herbívoros, cuadrúpedos, de cabeza chica y cuello largo- evolucionaron desde animales carnívoros, pequeños y primitivos, a moles gigantescas, con estructuras hasta 20 veces más pesadas que un elefante actual. La clave principal para entenderlo fue la observación de los cambios evolutivos vinculados a su alimentación. Por eso se puso atención en tres aspectos fundamentales: el estiramiento del cuello, que les permitió alcanzar vegetación más alta; la morfología especial de los dientes, adaptados para cortar fibra vegetal y la presencia de gastrolitos, es decir piedras en el estómago, que les ayudaban a triturar la comida ingerida.

A esa lista de adaptaciones especiales habrá que agregar ahora la incidencia del pico, ya que Adeopapposaurus tiene evidencia inequívoca de su presencia. Por tratarse de una especie primitiva, es esperable que animales posteriores también hayan desarrollado esta “herramienta”. El pico, utilizado como tenaza o pinza de corte para tallos y ramas, pudo ser una eficaz ayuda en una dieta a base de vegetales. Incluso su temprana aparición pudo ser clave para el desarrollo de estos dinosaurios, que eclosionaron de golpe y tuvieron una expansión maravillosa frente a otros animales herbívoros que nunca desarrollaron pico, como algunos protomamíferos y protococodrilos, y que para la misma época padecieron una retracción que prácticamente los eliminó del planeta.

El Adeopapposaurus era cuadrúpedo, de cuello largo y cráneo pequeño. Ocasionalmente podía levantarse y tripodar, es decir, levantar las patas delanteras apoyándolas en un árbol mientras se equilibraba con los miembros posteriores y la cola sobre el suelo. Era una estrategia para llegar más alto y alcanzar los brotes tiernos en la parte superior. Pudo haber alcanzado unos cuatro o cinco metros de largo, entre ejemplares adultos. Es factible que haya vivido en manadas aunque de esto no hay prueba directa, se supone porque es una estrategia común entre los herbívoros de gran tamaño.

El rastro que permitió detectar la presencia de pico consiste en una plataforma ósea llena de forámenes, que se aprecia en el premaxilar superior e inferior. “Se trata de la organización típica que se ve en un hueso cuando hay un ajuste de estructura córnea”, explicó Martínez a InfoUniversidades. El paleontólogo dijo que no hubiera sido posible descubrir esas sutiles marcas si los restos de Adeopapposaurus no estuvieran tan bien conservados. Esta preservación, por su calidad, es equiparable a los restos fósiles del Cretácico de Mongolia, considerados por muchos científicos como los mejor conservados del mundo.

Como no están deformados y se preservaron los mínimos detalles, fue posible hacer la descripción completa del esqueleto -algo que no sucede a menudo- e incluso se encontraron ejemplares articulados, es decir, con los huesos dispuestos en la forma en que quedaron cuando murió el animal. “La extraordinaria preservación posiblemente se debe a que los restos hayan tenido muy poca carga de roca por encima”, explicó Martínez.

El especialista sacudió recientemente a la comunidad paleontológica mundial al publicar el hallazgo de Panphagia protos, el antepasado más primitivo del linaje sauropodomofo, que también fue encontrado en la provincia de San Juan. Las características de Panphagia, animal de 228 millones de años habilitado para comer carne y vegetales, rápidamente lo ubicaron como el eslabón perdido entre los herbívoros y los carnívoros de los que descienden todos los integrantes del sauropodomorfa.

Esta última investigación también se dio a conocer al mundo en la prestigiosa publicación científica especializada “Journal of Vertebrate Paleontology”, que le dedicó 21 páginas al descubrimiento.

Un dato novedoso es que Adepapposaurus no se halló en Ischigualasto, el principal y más conocido yacimiento de fósiles de San Juan, sino en un nuevo depósito ubicado en Mogna. Ischigualasto corresponde a sedimentos triásicos, mientras que los de Mogna (localidad ubicada unos 90 kilómetros al Norte de la ciudad de San Juan) a depósitos del Jurásico Inferior. Ésta también es una novedad: Adeopapposaurus se constituyó como el primer hallazgo de dinosaurios del Jurásico Inferior para toda Sudamérica, y Mogna es el primer ejemplo de Jurásico en precordillera.

La investigación de Adeopapposaurus se hizo íntegramente en San Juan, en los laboratorios del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de la provincia, con personal científico y técnico formado por la Facultad de Ciencias Físicas, Exactas y Naturales. Los primeros restos se encontraron en 1995 y desde entonces, en campañas sucesivas a ese lugar, se hallaron nuevos ejemplares. Al cabo de 14 años de investigación, Martínez pudo describir el esqueleto completo de este animal, primer representante para San Juan de una fauna correspondiente al Jurásico.

Susana Roldán
Fabián Rojas
Fernanda Borcosque
Universidad Nacional de San Juan

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