Nota

Universidad Nacional de Tucumán - Facultad de Ciencias Naturales e Instituto Miguel Lillo

31 de Octubre de 2008 |

Ruinas de La Ciudacita

A más de 4.000 metros sobre el nivel del mar se elevan las ruinas del único bastión incaico en Tucumán. El Instituto de Arquelogía y Museo de la UNT coordina un proyecto para conocer el legado de una historia enmarcada por nieves eternas.
Ruinas de La Ciudacita

La Ciudacita: último bastión del Camino del Inca.

Los 5.200 kilómetros del Camino del Inca se enroscaban entre las cumbres andinas de toda América del Sur. Uno de sus latigazos envolvía los nevados del Aconquija y finalizaba en el oeste tucumano, a 4.200 metros sobre el nivel del mar. Hoy, ese lugar es llamado “Ruinas de Pueblo Viejo” o, simplemente, “La Ciudacita”.

Para descubrir y difundir los secretos que guarda este sitio está en marcha un proyecto del Instituto de Arqueología y Museo de la UNT, en conjunto con la Administración de Parques Nacionales y el Ente Cultural de Tucumán.

“Es un proyecto a largo plazo que incluye investigación, conservación, manejo y difusión. El enfoque es innovador porque estas etapas, normalmente, se trabajan por separado”, explica Alejandra Korstanje, directora del Instituto y coordinadora general del proyecto. Los jefes de las tareas arqueológicas son Verónica Williams y Carlos Aschero.

“Todas las ruinas son importantes: son pasado humano. Lo que sí se puede decir de éstas es que son diferentes, por su emplazamiento en un lugar con un panorama espectacular, y porque son muy grandes. Además, son las únicas ruinas incaicas de Tucumán”, detalla Korstanje.

Toda la distancia

En Pueblo Viejo todo está lejos, en tiempo y espacio. Las ruinas están separadas por unos 1.000 años del momento en que fueron estrenadas por sus constructores (lo deducen por la cerámica y el tipo de estructuras) y por cuatro horas del lugar del pedemonte tucumano, donde hay que comenzar a caminar o cabalgar para llegar al lugar. Y, físicamente, 150 kilómetros las distancian de San Miguel de Tucumán; mientras que 1.000 son los metros que hay entre las dos grandes áreas donde se distribuyen las antiguas construcciones.

“La Ciudacita era un lugar donde podía entrar mucha gente pero, aparentemente, no tenía una gran población estable. Hay mucha escenografía, enormes espacios públicos. Se cree que era un lugar de reunión, peregrinaje y trabajo”, cuenta Korstanje, quien agrega que otra hipótesis es que era una zona fronteriza, porque los límites más peligrosos de los Incas eran, precisamente, aquellos que mantenían con las poblaciones de la selva y la llanura, al este. Lo cierto es que todavía son más las dudas que las certezas respecto de este sitio, que comenzó a ser nombrado en informes de fines del siglo XIX.

El proyecto

Precisamente, para conocerlo en profundidad, se está desarrollando este proyecto, del que toman parte, desde 2002, una veintena de especialistas. Se está gestionando la construcción de un refugio en La Ciudacita. “Es indispensable por las condiciones climáticas”, sostiene la coordinadora. Para que sirva para investigación debe tener, además de dormitorios y cocina, un lugar para desplegar el material de estudio y dejar la mayoría de las cosas, en lugar de traerlas de vuelta al llano con cada viaje. “Quizás en algún momento se pueda hacer allí un museo de sitio o, al menos, un centro de interpretación”, adelanta la especialista. Otro paso inmediato será la sensibilización y capacitación de los baqueanos. “Ellos tienen sus ideas acerca de las ruinas; nosotros queremos contarles lo que nosotros estamos descubriendo”, dice la coordinadora del grupo que ya viajó cinco veces al lugar.

Las condiciones climáticas que los reciben, tras dos días de travesía, no son de lo más bondadosas. “Subimos por Catamarca, desde los 1.800 metros, porque por el lado tucumano es más largo y llueve más y las sendas se borran más fácilmente. Una vez arriba no permanecemos más de seis días, por el frío. Esto hace que los días de trabajo no puedan ser muy largos”, cuenta. También se suman los peligros de las tormentas eléctricas y la ocasional nieve.

Deterioradas, pero recuperables

“Los turistas caminan por las paredes, llegan hasta adentro a caballo. Si comparamos con los registros fotográficos de hace 20 años, ya hay cambios”, asevera la especialista, que destaca la calidad de la construcción: “El pircado que hacían los Incas es más sólido que el de otros pueblos”.

Si bien siempre hubo consenso respecto de que fue este imperio precolombino el que fundó el Pueblo Viejo, los descubrimientos ya comenzaron a arrojar sorpresas: “Hay una zona en La Ciudacita que, por su arquitectura, parecería ser previa a los Incas; pero aún hay que seguir estudiándola”, informa Korstanje, quien, a su modo y desde su especialidad, continúa la línea que marcaron durante el siglo XX varios hombres de la UNT, como Enrique Würschmidt y Orlando Bravo, entre tantos otros. No obstante, ésta será la primera vez que la Universidad participe en un proyecto de esta clase como institución (todavía resta firmar el convenio entre las partes).

“Muchos llegan allí y piensan: ¿qué hacía esta gente aquí?”, se pregunta la encargada del proyecto. Su propia respuesta sorprende: “Y, ¡nada! Simplemente es su hábitat: son pueblos andinos. Para ellos, quizás, lo raro era ver gente que vivía en la llanura, con el calor, como nosotros. Allí, todo es historia”.

La iniciativa en la que participa la UNT se superpone con otro proyecto, denominado Qhapaq Ñan (en quechua, vía principal). El objetivo de éste -en el que intervienen seis países- es que la Unsesco declare Patrimonio de la Humanidad a ciertas zonas del Camino del Inca. En Tucumán, el tramo elegido por la Nación es La Ciudacita, donde, justamente, finalizaba el Qhapaq Ñan, considerado el brazo más importante del recorrido incaico que abarca, en Argentina, otras seis provincias: Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan y Mendoza.

Daniela Orlandi
Universidad Nacional de Tucumán

Dirección de Medios y Comunicación Institucional
danielaorlandi@rectorado.unt.edu.ar
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