Nota

Universidad de Flores - Facultad de Administración

07 de Marzo de 2022 | 12 ′ 23 ′′

Criptomonedas: riesgos, beneficios y proyección

Marcelo López, contador y docente investigador de la Facultad de Ciencias Organizacionales y de la Empresa de UFLO Universidad, explica las características de este sistema económico alternativo que irrumpió en la agenda pública. Beneficios, desconfianzas y futuro de un mercado aún incipiente.

La visita del emprendedor ruso Vitalik Buterin, creador de la criptomoneda Ethereum y recibido aquí casi como un rockstar; el caso de una empresa financiera acusada de estafa piramidal y la familiaridad de toparse con términos como “Bitcoin” o “blockchain”, introdujeron en la agenda local una tendencia que en el mundo parece haber llegado para quedarse: la posibilidad de realizar transacciones de divisas alternativas digitales por fuera del sistema financiero tradicional. Si bien ha habido probados casos de su efectividad (Buterin, sin ir más lejos), su complejidad operativa y la prescindencia de cualquier tipo de respaldo estatal hacen que el uso cotidiano de las Criptomonedas genere cierta desconfianza. Se trata de un tema que paulatinamente gana terreno en la economía global.

Al tratarse de un recurso relativamente nuevo –Bitcoin, la primera criptomoneda, fue creada en 2009–, sus abordajes académicos son aún incipientes. Argentina Investiga conversó con Marcelo López, contador y docente investigador de la Facultad de Ciencias Organizacionales y de la Empresa de UFLO Universidad, sobre riesgos, beneficios y proyección de esta suerte de economía paralela.

–¿Qué es una criptomoneda?

–Es un activo digital, con la concepción vieja del activo contable, que es tener un derecho o la propiedad de una cosa, pero en este caso no lo podés tocar y está anotado o registrado en un lugar, que es una red encriptada. Es un criptoactivo, pero no todos los criptoactivos son criptomonedas. Hay monedas virtuales, por ejemplo, las que se usan para pagar en un videojuego. Pero para que una moneda sea considerada cripto debe tener su propia blockchain (red contable). Muchas de las que circulan hoy en realidad son tokens (en inglés, ficha), que son unidades de valor basadas en criptografías y emitidas por una entidad privada, pero vulgarmente se las conoce como criptomonedas porque pueden intercambiarse. Pero para que sea técnicamente considerada una criptomoneda debe tener una plataforma propia.

–En ese sentido, Bitcoin sería la más popular, ¿no? Al menos acá en la Argentina es la que más se menciona.

–Representa el 40% del mercado. Es algo así como la pionera que trascendió, porque seguramente hubo otras que quedaron en el camino. Bitcoin fue un proyecto académico presentado en 2008 por Satoshi Nakamoto, la o las personas bajo este pseudónimo, y la primera red encriptada se crea en 2009, con dos computadoras y luego se fue expandiendo. Acá comienza a hablarse con mayor asiduidad para finales del año 2017, cuando el Bitcoin subió hasta casi tocar los 20.000 dólares de cotización por primera vez; fue una subida muy importante. Luego empezó a bajar, y en el transcurso de un año y medio pasó a valer 3.000; perdió más del 80% de su valor.

–¿Cuál sería la razón de ser de este sistema monetario?

–La criptomoneda vino a suplantar al dinero papel, pero con el que seguramente va a coexistir hasta que las nuevas generaciones la adopten definitivamente por un tema biológico, dado que hoy ya se utiliza mucho la billetera virtual: Mercado Pago u otras plataformas fintech, para citar como ejemplo conocido, los códigos QR, etcétera. Proyectado en el tiempo, yo no creo que un nativo digital tenga la necesidad de ir a extraer dinero a un cajero automático de un banco en un futuro cercano. Eso no significa que el dinero tal cual hoy lo conocemos vaya a desaparecer en el corto plazo, pero su utilización va a ser cada vez menor, y entonces la capitalización del sistema del mercado de dinero va a ser tomada por monedas virtuales. No digo o puedo asegurar que sea el Bitcoin, pueden surgir otras. La tecnología es muy disruptiva: lo que en un momento vale mucho, en otro momento puede pasar a no valer nada, a quedar obsoleto. Por tal motivo, muchos proyectos quedan truncos y otros sí tienen utilidad, ya sea porque son más fáciles de usar y/o más económicos como Solana, Cardano, Polkadot y Tron, entre otras. Bitcoin, en cambio, es como el patrón oro de este nuevo sistema monetario porque fue la primera. El propósito de Nakamoto, su creador, fue diseñar un nuevo sistema monetario por fuera de los bancos centrales de los países. Una red monetaria descentralizada donde cada persona no necesite ni de su banco, ni de su tarjeta de crédito para validar una transacción.

–Esto debe generar mucha reticencia estatal.

–A los Estados, en general, no les gusta este sistema porque no tienen control efectivo sobre él. El día que Bitcoin pase a ser regulado deja de ser una criptomoneda. Dentro del espíritu del Bitcoin está su carácter descentralizado, es decir, que no haya un organismo que lo emita sino que se genere a través de todos los que participan del proceso de verificación de las transacciones (ecosistema). Porque, en realidad, cada persona puede conectarse a través de un software y puede ponerse a verificar algoritmos que hacen que esa operación sea única e irrepetible y quede registrada en la red. Para esto se requiere de conocimientos informáticos. Pero desde el momento que intervenga un Banco Central o una Reserva Federal ya deja de ser descentralizado, porque, como dijimos, esto puede hacerlo cualquier persona desde su computadora, desde cualquier parte del mundo.

–¿Cómo es ese proceso?

–Hay muchas personas (en verdad, procesadores) validando a la vez, hasta que uno encuentra el algoritmo, lo cierra y lo inscribe en la cadena de bloques (blockchain). Lo interesante de Bitcoin, a diferencia de las otras monedas, es que su sistema es finito: son 21 millones y no hay más. En cambio, las otras no tienen esa finitud, pueden ir creándose nuevas, con lo cual eso haría que sean monedas inflacionarias. El Bitcoin, al tener un tope, es deflacionario, porque todo lo que exista después va a hacer que suba de precio. La oferta va a ser menor y la demanda mayor, más aún teniendo el 40% de la concentración del mercado cripto. Ahora, es necesario tener presente que puede aparecer una tecnología nueva que la convierta en obsoleta. Cada criptomoneda depende del éxito de su proyecto para su subsistencia en el tiempo.

–¿Cualquiera puede crear una criptomoneda?

–Cualquier persona o empresa puede crear un token o una criptomoneda, el tema es qué funcionalidad se le va a dar. Porque detrás de eso hay que brindar una función de transacción dentro de la cadena de bloques. En ese caso, el “dueño” de una blockchain se la presta o alquila a otros proyectos para que hagan sus transacciones en ella. La cadena de bloques sería el libro contable o la escribanía donde se certifican las operaciones. Después hay otros proyectos que tienen su propia cadena de bloques y otras criptomonedas que no tienen ningún proyecto detrás, sólo buena estrategia de marketing, como las llamadas “memecoins”.

–¿Qué otro tipo de criptomonedas existen?

–Hay otras criptomonedas que en realidad son tokens y se llaman stablecoins. Tienen paridad uno a uno al dólar. Sirven para las operaciones de corto plazo. Yo puedo comprar cualquier otra moneda, espero que suba, la vendo, la cambio por esta moneda estable y las convierto en dólares. Después, espero que baje, y vuelvo a comprar esperando el rebote. Es una manera de entrar y salir del mercado cripto.

–Otra variante de la que se ha hablado son los NFT (token no fungible)

–Eso es algo muy nuevo. Como dijimos, hay activos digitales que llegan a criptomonedas y otros que son tokens. Esos tokens, a su vez, tienen un valor generado por sus propias características. Pueden ser tokens de utilidad, de funcionalidad o de propiedad, incluso pueden representar, por ejemplo, la propiedad de un inmueble. En el caso de los NFT, a diferencia de los anteriores, no pueden cambiarse por otros. Es como una representación digital de algo único, como tener el título de propiedad de una obra de arte pero en formato digital. Muchas cosas se pueden “tokenizar”. El precio lo pone el mercado. Hay mercado para todo. Por ejemplo, se subastó el primer tuit de la historia: se tokenizó y se subió a una blockchain, como si fuera un certificado de autenticidad. Hay cuadros de arte que son verdaderos y otros que son imitaciones o réplicas, y la verdad es que al ojo del no entendido son iguales, pero hay gente que dice: “Yo pago por el verdadero”. También se encuentran en NFT jugadas de la NBA, que son jugadas que se pueden buscar fácilmente en YouTube pero a las que la tokenización les da valor de piezas únicas. Viene acompañado por una especie de firma digital.

–¿Coincide con que no es un sistema fácil de utilizar?

–Para alguien que no conoce, llevarlo a la práctica puede resultarle complicado. Estas operaciones son irreversibles: si vos enviás criptos por una red equivocada, al destinatario nunca le llega y no lo podés recuperar más. Hay que tener mucho cuidado; en la blockchain queda todo registrado y, para conservar la transparencia, no pueden deshacerse transacciones, ir para atrás. El principal riesgo de entrar en el mercado de criptomonedas es no saber. Hay que saber qué billetera crear –puede ser virtual o física y su clave de acceso privada la sabe sólo uno–, saber con cuál red operar, saber registrarse, saber si la persona a la que le vas a intercambiar cripto tiene buena reputación. Existen variadas formas de ganar dinero con las criptomonedas para el que entiende su operatoria. Hay empresas (Brokers o Exchange) donde podés comprar criptomonedas y dejarlas para que generen tasa como un plazo fijo, pero también hay que ser muy pero muy cuidadoso, porque nada está regulado. El problema son aquellas empresas que prometen rentabilidades muy por fuera de la media y terminan estafando a sus clientes inversores, dañan la credibilidad en todo este sistema y hacen que todo lo que se ha avanzado en este sentido y que cuesta mucho instalar culturalmente, se desmorone.

–Para operar, además de conocimiento, parece que se necesita fe.

–Imaginate que todo sistema monetario es una cuestión de fe, en el sentido de confianza entre las partes. Si te ponés a pensar en algo mínimo: ¿cuál es la diferencia operativa entre un billete de curso legal y uno falsificado? Que uno es aceptado por la contraparte y el otro no. Si ese billete falso en algún lado es aceptado pasa a ser operativamente válido. Con el Bitcoin sucede lo mismo. Lo que pasa es que, al no ser algo tangible, hay mucha gente que lo desconoce, lastimosamente se mete y cae en lugares de estafas o instancias de las cuales no tiene o no sabe la forma de salir. En un plazo fijo o una cuenta bancaria tenés una regulación del Banco Central que garantiza hasta tantos pesos los depósitos. En el caso de las criptomonedas no hay un organismo detrás, la confianza se construye y aporta desde la tecnología (blockchain) descentralizada. De todas maneras, algunos bancos ya están adoptando la tecnología subyacente de las criptomonedas, la blockchain, a la par de que las nuevas generaciones toman con naturalidad el hecho de no tocar más dinero físico en sus transacciones comerciales.

Hernán Cortés
Universidad de Flores

Departamento de Prensa
hernan.cortes@uflo.edu.ar
www.uflo.edu.ar


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