Nota

Universidad Nacional de Villa María - Instituto de Ciencias Sociales

19 de Agosto de 2019 | 7 ′ 54 ′′

Usan lenguaje inclusivo como una manera de democratizarlo

Incorporan este estilo de redacción desde la academia con de la idea de que “la negación de la otredad en la forma de comunicar implica violencia simbólica”.
Usan lenguaje inclusivo como una manera de democratizarlo

A partir de una investigación en la que abordaron la “sostenibilidad de medios de comunicación alternativos y digitales”, investigadoras de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) incorporaron un estilo de redacción inclusivo. “Usamos este lenguaje porque quisimos ir de la mano con las transformaciones que vivimos como sociedad, y si en nuestras vidas tenemos ciertas militancias, por qué no en la academia”, resaltó Ailin Peirone. “Creemos que el lenguaje genera sentidos y nos aferramos a incluir a todas las personas y democratizarlo”, precisó.

Para realizar el trabajo consultaron a especialistas en el tema y decidieron utilizar términos genéricos, además del masculino y el femenino, para dar cuenta de “la batalla cultural”. No obstante, redactaron un anexo con una serie de recomendaciones de redacción como aporte a una comunicación inclusiva. “Se trata de un proceso que va a ir transformándose, por eso, en el anexo hicimos una guía para generar este tipo de trabajos; son como consejos que es importante ir construyendo y se pueden ir transformando en pos de tener una sociedad más libre”, resaltaron. En tal sentido, aseguraron que “si la universidad es de todas y todos, los y las futuras y futuros profesionales tienen que ir de la mano de esta integración para tener coherencia en todos los ámbitos”.

En el trabajo justificaron la opción por el lenguaje inclusivo o no sexista como “una manera de democratizarlo”. Partieron de la idea de que “la negación de la otredad en la forma de comunicar implica violencia simbólica”. Acerca de ello, destacaron que “el sexismo no está en la lengua, sino que existe un uso sexista del lenguaje que es el uso de un lenguaje que niega una ciudadanía plena de las mujeres y de la comunidad trans, por lo que discrimina y excluye a parte de la comunidad”.

Las investigadoras entendieron que “la lengua está viva y es maleable como la cultura”. A su vez, aprovecharon para subrayar que el ámbito académico “tiene que dar estas discusiones” y que “la universidad tiene que ser inclusiva e integradora para que generaciones profesionales futuras también lo sean”.

Por otra parte, recuperaron lo que manifiesta la Real Academia Española sobre el lenguaje como “la facultad del ser humano de expresarse y comunicarse con los demás a través del sonido o de otros sistemas de signos” para dar cuenta de que “el lenguaje es subjetivo y se ve influido por la cultura y las prácticas sociales” y “tiene el poder de influenciar en la construcción y concepción del mundo y la realidad”.

Finalmente, llegaron a diferentes consejos para generar nuevas formas de escritura académica con un lenguaje no sexista. “Se debe hacer una representación en el lenguaje de todos los tipos de identidades de género que coexisten, cuidando de no generar términos binarios que excluyan y discriminen, ya sea a través de la escritura o en cuanto a la representación audiovisual y fotográfica”, enfatizó Victoria Batiston.

Dentro de los materiales consultados, remarcaron la utilización de la Guía de Lenguaje Inclusivo de Género creado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes del gobierno de Chile (CNCA), las recomendaciones para un uso no sexista del lenguaje elaborado por la UNESCO y el trabajo para un uso inclusivo del lenguaje de la Oficina para la Igualdad de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.

“Hicimos un relevamiento de aquellos consejos que nos parecían principales para la escritura y que podían servir a quienes estén transitando este recorrido y que le surjan los mismos interrogantes que a nosotras respecto a cómo escribir desde una perspectiva de género”, aclararon. Al tiempo que señalaron que “los consejos propuestos son netas sugerencias para una utilización del lenguaje con perspectiva de género que pueden ser aceptadas, rechazadas o transformadas, según quién escriba”. Así, propusieron “usar pronombres y determinantes sin género; en el caso de nombrar mujeres y hombres alternar su orden; omitir pronombres o artículos; sustituir el artículo ‘uno’ por ‘alguien’ o ‘cualquiera’; evitar el uso de adverbios con marca de género, el uso del signo @ y de la barra inclinada; utilizar expresiones neutras”. Con ello, el objetivo es “entender al lenguaje como una construcción que genera sentidos y subjetividades y apostar en la formulación de los contenidos a una democratización e igualdad real de las personas y sus derechos”.

Medios alternativos y digitales

“Hicimos un estudio de caso, con hincapié en todo el recorrido que llevamos adelante desde este medio, generando otros contenidos a los que se encontraban en la ciudad”, explicó Batiston. El estudio busca visibilizar otras experiencias de medios de comunicación “teniendo en cuenta que en la actualidad los consumos están más arraigados a los dispositivos móviles y es más frecuente la lectura en este soporte”.

Por su parte, Peirone destacó la pertinencia de estudiar los medios alternativos porque “son los que vienen luchando por el derecho a la comunicación, que en el contexto actual encuentra ciertos obstáculos”. Las comunicadoras consideraron que la investigación es “un intento de visibilizar experiencias que implican la autogestión y entenderse como protagonistas” de sus propios relatos. “Este relato está conformado por experiencias alternativas, de arte, de cultura, de comunicación y de diferentes productores y productoras de la economía social y solidaria, que colaboran con publicidades y acciones que planificamos en conjunto”, precisaron.

Acerca de la “persistencia” de este tipo de medios, comprendieron que “la posibilidad de seguir produciendo contenidos o la intención de estos medios de sostenerse en el tiempo excede las lógicas financieras”, ya que “coexisten diversas dimensiones” por las cuales “un proyecto de comunicación alcanza cierta vigencia o recorrido”.

También, reflexionaron que “en un marco sociopolítico en que son múltiples las complicaciones para conseguir subsidios, publicidad o alguna forma de financiación reconocida” se sabe de manera anticipada que “será un desafío en términos económicos” que “se traduce en tiempo de los integrantes del medio y en las complicaciones que devienen de la no regulación legal”.

Luego de sistematizar la experiencia de La Ventolera, medio alternativo de Villa María, reconocieron un “modelo artesanal de acciones y estrategias” para afirmar que “no existe un modelo al cual se puede adherir o al cual acudir” para que el medio persista en el tiempo, “sino que se trata de una serie de estrategias que se van haciendo a medida que va construyendo este proyecto”. Reflejaron que es “indispensable la apropiación de la comunidad que concreta las intenciones iniciales”. En ese punto, resaltaron la vinculación con organizaciones sociales y la comunidad en un “trabajo colaborativo entre las diferentes ramas como son la cultura, la poesía, el arte, la política, distintas experiencias de autogestión y el periodismo”. De este modo, “la resistencia es colectiva” y se puede “escribir y construir la propia historia”.

Según Peirone, los medios alternativos se sostienen en “el trabajo colectivo” desde el cual “se pueden generar cambios y resistencias”. En tanto que Batiston consideró importante destacar al estudio como un antecedente de “procesos continuos para buscar salidas colectivas” a las distintas situaciones que enfrentan como medio.

Verónica González
Universidad Nacional de Villa María

Prensa y Comunicación
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