Nota

Universidad Nacional del Litoral - Facultad de Ingeniería Química

14 de Mayo de 2009 |

Las chicharras, ¿afinan?

Las escuchamos cantar en coros al mismo tiempo pero, ¿se esfuerzan por interpretar una misma nota? Eso se preguntaron investigadores de la UNL, que desarrollaron un modelo que describe cómo es la “dinámica de la afinación” y comprobaron que la interacción acústica entre las chicharras no es nula. Este trabajo del campo de la biofísica es el único estudio sobre chicharras que se realizó en el último medio siglo en el país.

Los investigadores diseñaron un modelo que explica cómo funciona su dinámica y saber si, efectivamente, las chicharras afinan.

Con los oídos aguzados, físicos y biólogos por igual se dedicaron a recolectar chicharras, identificarlas y poner a prueba su canto para saber si cuando están juntas tienden a cantar una misma nota, es decir, si tratan de hacer coincidir la frecuencia del sonido.

“Las chicharras parecen sincronizarse en su canto, pero la pregunta es si están afinadas. El concepto de ‘sincronización’ es temporal, mientras que la afinación tiene que ver con la frecuencia”, explicó a InfoUniversidades el Dr. Pablo Bolcatto, docente e investigador de la UNL. Los investigadores compararon los registros del sonido de la “Quesada gigas” -también conocida como coyuyo- cuando cantaban solas, en coros naturales y un coro artificial. De esta experiencia los investigadores pudieron concluir que si bien las chicharras no se afinan como lo hacen los cantantes, tampoco están completamente desafinadas.

“Hay una especie de afinación porque algo se escuchan entre sí, pero no prestan suficiente atención para hacerlo completamente”, explicó el Dr. Raúl Urteaga, investigador del Instituto de Tecnología para el Desarrollo de la Industria Química (Intec) de la UNL y el Conicet.

Matemática de la afinación

Con esta investigación se logró describir, a través de un sistema de ecuaciones, cómo llegan los individuos a cantar la misma nota, esto es la dinámica de la afinación. Para descubrirlo, se experimentó con un coro de personas. Tras pedirle a un par de miembros que comiencen cantando dos notas diferentes y luego lleguen a interpretar la misma, los investigadores registraron los sonidos y los analizaron para entender cómo ocurre. Así, al graficarlo en un sonograma, se puede ver que cuando las personas cantan afinadamente, las frecuencias se superponen de manera precisa, como si fuera una única voz. Ésta es la dinámica que luego interpretaron para conformar un modelo matemático y fenomenológico.

De esta manera, desarrollaron una herramienta para cuantificar el grado de afinación de un sistema. El modelo toma en cuenta el timbre y la nota con la que empezó a cantar cada una de las personas. Además, incorpora un parámetro que expresa cuánto se está escuchando un sujeto al otro. “Indica qué tan receptiva está una persona a modificar su frecuencia tratando de alcanzar la de la otra. Si no se escuchan -si ese valor es cero- no hay posibilidad de afinarse”, detalló Urteaga.

El modelo se diseñó en base a las experiencias con cantantes, pero los investigadores lo aplicaron para estudiar el canto de las Quesada gigas. “Las chicharras son más complicadas porque no tienen su primer armónico a dos veces exactas de su frecuencia fundamental, como sucede con las personas, y su espectro de frecuencias tiene otra serie de picos. Es un sistema mucho más difícil de afinar que el de los cantantes”, afirmó Bolcatto.

Cuando todos los insectos cantaban al unísono no se alcanzaba un estado de afinación completa, pero tampoco se comportaban como si la interacción acústica fuese nula. “Esa idea salió de la realidad, porque teníamos algunas grabaciones donde había un par que cantaban muy afinadamente. Vimos que había cierta tendencia a afinarse de a dos, entonces empezamos a aplicar así el modelo”, contó. “El modelo nos permite interpretar ese estado de pseudoafinación, como el de un coro numeroso que se afina parcialmente o segmentadamente de a parejas”, resumió Bolcatto.

Más que física

La pregunta por la afinación del canto derivó no sólo en el estudio físico del sonido, sino en toda otra serie de cuestiones ligadas a la biología de los insectos de la familia de los cicádidos, es decir, la familia de los insectos que producen estos tipos de ruidos estridentes.

Los investigadores recorrieron distintas zonas de la ciudad buscando las chicharras a través de sus sonidos y capturándolas para poder identificarlas. Esa tarea tampoco fue fácil. “Para identificar una especie hay claves que señalan distintas características, que son las que permiten distinguirla. Pero para chicharras no había, por lo que fue más difícil el proceso”, dijo Bolcatto. Encontraron seis especies diferentes y cada una produce un sonido específico, aunque en todos los casos es una habilidad exclusiva de los machos. El sonido se genera por la vibración de unas membranas a partir de la expansión y contracción de músculos abdominales. Esas vibraciones resuenan porque el insecto es hueco, algo similar a lo que ocurre cuando se sopla en la boca de una botella.

Del trabajo de identificación de especies surgió el conocimiento de su distribución en el país, de lo que sólo se contaba con un registro incompleto de hace 60 años. Además, el equipo hizo el catálogo de cicádidos para el Museo de Ciencias Naturales “Florentino Ameghino”. Este trabajo sirve de referencia para estudios que se realizan desde países como Australia, Inglaterra o Sudáfrica.

Romina Kippes
Elizabeth Furlano
Andrea Vittori
Universidad Nacional del Litoral

Comunicación - Universidad Nacional del Litoral
avittori@unl.edu.ar
www.unl.edu.ar


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