“El público tiene una actitud positiva hacia la ciencia”

Universidad Nacional de Córdoba - Facultad

08 de Junio de 2009 |


“El público tiene una actitud positiva hacia la ciencia”


Vladimir de Semir es periodista especializado en Periodismo Científico, profesor en la Facultad de Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y miembro del comité ejecutivo de la red internacional Public Communication of Science and Technology, entre otros. El especialista disertó en la UNC sobre una tesis central: el periodismo científico, en el mundo de la comunicación, va a ser un eje estratégico de la sociedad del conocimiento que se construye día a día. Aseguró que está demostrado que son los investigadores que más sociabilizan su propia ciencia, comunicándola, los que reciben más subvenciones para seguir investigando y propuso la fórmula C + C + C = C3, (ciencia + comunicación + cultura), que refiere a la posibilidad de crear una sociedad más crítica y competente.

A través de un decreto rubricado por Barak Obama, se revocó la prohibición de investigar sobre células madre embrionarias con fondos federales. En consonancia con la medida, se solicitó a un grupo de expertos la elaboración de un documento que separe, al menos teóricamente, lo que es ideología y religión del desarrollo científico y tecnológico. La decisión, que marca un cambio de rumbo radical respecto de la política de la gestión norteamericana anterior, fue el punto de partida que el especialista eligió para iniciar su conferencia “Comunicación científica y sociedad del conocimiento”.

Para él, el encargo evidencia la necesidad de que exista una confianza social en los temas científico-tecnológicos, al tiempo que avala la postura de que los avances deben ser transmisibles al público. “Es un acto democrático la sociabilización del conocimiento científico y tecnológico que, por definición, no es privado sino público y, por lo tanto, debe difundirse”, fundamentó.

Los antecedentes del periodismo científico

Al rastrear los hitos del periodismo científico, De Semir recordó que parte de la pugna ideológica de la Guerra Fría se produjo en el campo tecnológico y comunicativo. “El lanzamiento del Sputnik, en 1957, marcó un antes y un después por la afrenta tecnológica que representaba la posibilidad de que un satélite enemigo pasara cuatro veces por día sobre el territorio norteamericano”, apuntó.

Precisamente, ese año aparecieron los primeros estudios sobre percepción pública de la ciencia, que procuraron determinar cómo entienden, interpretan y siguen los avances los destinatarios. El resultado, que no varió demasiado desde entonces, indica que la población tiene una actitud positiva hacia la ciencia, aunque sus conocimientos en esta materia son pocos. Este diagnóstico impulsó iniciativas para inculcar a la población una actitud científica que ayude a enfrentar problemas cotidianos en forma lógica y racional.

Entre 1957 y 1969, año en que se produce la llegada a la luna, se genera un desarrollo periodístico de relevancia. “Para aclarar a la población esa pugna ideológica (EEUU vs. URSS) aparece en los medios la figura del periodista abocado a explicar los desarrollos científicos y tecnológicos”, apuntó De Semir. Un hito en este proceso ocurrió en 1978, cuando el diario “New York Times” comenzó a publicar su suplemento “The Science Times”, que desde entonces creó una marca dentro de la divulgación de la ciencia en la prensa escrita.

De la sociedad industrial a la del conocimiento

El mundo vive una traslación de la sociedad industrial a una nueva sociedad del conocimiento. “El rol que juega el periodista científico en esta transformación es, claramente, informar sobre lo que está cambiando al planeta, donde aparece un amplio abanico de temas científicos”, explicó De Semir.

Tras señalar que en España todas las encuestas coinciden en que la población posee una imagen positiva de la ciencia y la tecnología, que no se corresponde con la información que los ciudadanos creen tener y recibir, el especialista avanzó sobre la relación entre científicos y periodistas. Un artículo reciente sobre un relevamiento efectuado en Francia, Alemania, Japón, Reino Unido y Estados Unidos, indica que la interacción entre investigadores y comunicadores, que antes fue complicada, se produce en la actualidad con más frecuencia y fluidez.

“Un porcentaje alto de investigadores ha tenido buenas relaciones con los medios de comunicación y la mayoría está satisfecho con la experiencia”, afirmó De Semir y señaló que la motivación para establecer esa conexión fue la evidencia práctica de que la comunicación aumenta el reconocimiento público por la ciencia y el valor de quienes la desempeñan. Además, los científicos participantes tienden a ser los más productivos y ocupar posiciones de liderazgo. “Implícitamente, está demostrado que quienes más comunican más sociabilizan su propia ciencia, también son, en buena parte, los que más reciben subvenciones para seguir investigando”, agregó.

“Durante muchos años el mundo científico ha establecido un monólogo respecto a la sociedad -nosotros somos los que conocemos, venid, escuchadnos-. Hoy está demostrada la necesidad de aumentar la difusión de la ciencia y el paso a una etapa de diálogo. En primer lugar, por el mundo globalizado donde existe una gran interacción, y en segundo lugar, porque hay que motivar a un público que piensa que esto no va con ellos, pero cuya vida cotidiana está afectada por estas decisiones”, apuntó el periodista.

Un futuro económico ligado a la ciencia

En 2000, el Consejo Europeo estableció “La estrategia de Lisboa”, donde se consensuó que para lograr la economía más competitiva del mundo era indispensable una imbricación del desarrollo científico-tecnológico. El objetivo es poder destinar en 2010, el 3 por ciento del PBI a esas actividades. En los últimos años, España incrementó su inversión del 0,8% al 1,2% del PBI.

En el mismo sentido, la Comisión Europea estableció en 2001 un primer documento y un plan de acción titulado “Ciencia y sociedad”, en el que se advierte que el desarrollo científico y tecnológico debe ir acompañado de un debate y promoción de la ciencia en la sociedad, para que ésta entienda, acompañe y sea cómplice de los avances, porque muchas oportunidades laborales vendrán del desarrollo de estas nuevas líneas de empleo.

El cuadro se completa con la situación que atraviesan muchas ciudades europeas, donde las fábricas convencionales -que en su momento fueron bienvenidas- están reubicándose en otros países por diversas razones, entre ellas las económicas y ecológicas, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo.
Para la transición de la sociedad industrial a la del conocimiento, Barcelona recibió asesoramiento de Richard Knight, un economista teórico que sostiene que las comunidades deben impulsar sus universidades, sus centros de investigación, crear polos de desarrollo científico-tecnológicos, y clusters biotecnológicos. “De esta forma, el conocimiento ha de ser definido y percibido por la sociedad como una forma de riqueza, y lo más importante es que el público comprenda la función de los recursos del conocimiento a partir de la educación básica y la información que le llegue a través de los medios de comunicación y de la actividad cultural”, apuntó el periodista.

La prospectiva a 2020 sobre los requerimientos de formación en Europa indica que los puestos de alta calificación crecerán un 6%, los de media capacitación aumentarán un 2%, y los de baja calificación disminuirán un 8%. Así, con la crisis del cambio de sociedad, las posibilidades de empleo estarán destinadas a personas que posean una capacidad educativa. “Y ahí hay una responsabilidad política de dar igualdad de oportunidades a todo el mundo”, puntualizó De Semir.

El periodista recordó que siempre se sostuvo que la ecuación I+D+I (investigación más desarrollo más innovación) es la reacción en cadena esencial para el crecimiento de la sociedad. Él postula que para funcionar adecuadamente, la fórmula debe agregar una “C”, de comunicación, cultura científica, conocimiento y complicidad ciudadana, de manera que la divulgación científica se convierta en estratégica en la sociedad.

“La cuestión de compartir el conocimiento en libertad se logra incluyendo a la comunicación periodística, institucional, de relaciones públicas, divulgativa y cultural, como una acción estratégica en este mundo de construcción de la sociedad del conocimiento. Entonces, propongamos otra fórmula C + C + C = C3, (ciencia + comunicación + cultura). Ésta expresa la posibilidad de crear una sociedad más crítica, capaz, competente y una ciudadanía del conocimiento”.

Finalmente, De Semir cerró su presentación con una máxima de Bernardo Houssay, el premio Nobel argentino de Medicina y Fisiología (1947) que, según reconoció, aprendió de sus alumnos argentinos que cursaron el posgrado en periodismo científico: “No hacen ciencia los países que son ricos, sino que son ricos los países que hacen ciencia”.

Vladimir de Semir, currículum vitae:

- Profesor en la Facultad de Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona
- Director del Máster en Comunicación Científica, Médica y Medioambiental en el Instituto de Educación Continua (IDEC) de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona desde 1995 y del Diploma de Postgrado en Comunicación Científica en Buenos Aires (Argentina) desde 2008.
- Miembro del grupo de expertos Monitoring Policy and Research Activities on Science in Society (MASIS) de la Comisión Europea.
- Miembro del Comité Consultatif de Déontologie et Éhique de l’Institut de Recherche pour le Développement (IRD).
- Miembro del European Science Communication Network (ESConet).
- Director de la revista “Quark” (Ciencia, Medicina, Sociedad y Cultura).
- Miembro del Consejo científico y estratégico del programa Young people within the building of a European knowledge based society, creado por la Presidencia Francesa de la Comisión Europea e impulsado desde el Centre National de Recherche Scientifique (CNRS) y la Asociación “Les petits débrouillards”.
- Columnista habitual de las revistas “Muy Interesante” y “El Cultural” del diario “El Mundo”.
- Miembro del Patronato de la Fundación Víctor Grífols i Lucas.

Andrés Fernández
comunicacion@rectorado.unc.edu.ar
Andrés Fernández
Prosecretaría de Comunicación Institucional


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