Universidad Nacional de Villa María - Instituto de Ciencias Humanas

27 de Abril de 2020 | 13 ′ 28 ′′


Enseñanza virtual, uno de los desafíos de la pandemia



El aislamiento social para prevenir la pandemia del Covid-19 modificó los hábitos y las conductas de la ciudadanía. Las tecnologías se volvieron imprescindibles y la educación afronta desafíos y transformaciones en las maneras de enseñar que perdurarán, incluso, cuando se regrese a las aulas. La brecha digital, la tarea docente en la virtualidad y la puesta en valor de los procesos educativos mediados técnicamente.

El Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) adelantó plazos en materia de educación. La suspensión de las clases presenciales en todos los niveles de enseñanza dio lugar a debates, reuniones y discusiones para buscar la manera de continuar con las prácticas de aprendizaje fuera del aula. Esta situación modificó las relaciones entre estudiantes y docentes. Las tecnologías se volvieron imprescindibles para sostener el vínculo y la enseñanza. Mediada por las TIC, la modalidad presencial repiensa sus prácticas. Pero, ¿estaba preparado el sistema educativo para asumir este desafío?

Lila Pagola es docente e investigadora de la Universidad Nacional de Villa María. Desde hace años analiza la relación educación-nuevas tecnologías y, en la actualidad, forma parte del Sistema Institucional de Educación a Distancia de esa casa de altos estudios. “Sin duda, este escenario es una instancia de demostración de potencial y de puesta en valor de los procesos educativos mediados técnicamente”, aseguró en una entrevista con Argentina Investiga. Además, adelantó que “si la experiencia de enseñar virtualmente en docentes habituados a la clase presencial motiva innovaciones en torno a nuevas estrategias para acompañar el aprendizaje de sus estudiantes, habrá transformaciones en las maneras de enseñar” cuando se regrese a las aulas.

–¿Cuál es el conocimiento que tiene usted sobre la aplicación de los modelos a distancia en todos los niveles y en este contexto?
–El ASPO ha generado un inesperado protagonismo de la educación a distancia en instituciones con desarrollos muy variados sobre el tema, en función de lo cual se dieron las respuestas. En los niveles educativos donde no se practica, los docentes han tenido que vincularse con herramientas nuevas, algunas solo usadas en modo social, y, sobre todo, de estrategias para llegar a sus estudiantes o a sus padres y mediar prácticas educativas. En el nivel superior la situación es mucho más diversa, en tanto que algunas universidades o institutos de educación superior ya tenían extensa trayectoria de uso de aulas virtuales y otros recursos para la mediación de procesos educativos con TIC. Sin embargo, la universalidad de la implementación, que alcanza a toda la comunidad educativa, también ha enfrentado a muchos docentes de la modalidad presencial con la necesidad de poner en uso herramientas y estrategias propias de la modalidad de educación a distancia en muy poco tiempo. Allí los “reflejos” institucionales han marcado diferencias cualitativas en la orientación y el apoyo al rol docente, adecuándose a las dinámicas de la virtualidad.

–¿Qué desafíos tiene el sistema educativo en este aspecto?
–Los desafíos son diversos. Los centrales se resumen en torno a la brecha digital de estudiantes y también de docentes, que no se reduce al acceso a la infraestructura o conectividad, sino también respecto de la “segunda brecha” de las competencias digitales; el acceso a los recursos educativos, especialmente crítico en los niveles educativos inicial, primario y secundario, que demanda una vieja discusión pendiente en torno a la inexistencia de excepciones educativas y la reforma de la Ley 11723, y la tarea docente en la virtualidad con varias dimensiones: la capacitación y el asesoramiento de “emergencia” con su consecuente limitación en resultados, y la sobrecarga de trabajo frente a la cual los docentes han demostrado un altísimo compromiso. Ante la extensión del ASPO comienza a resultar insostenible y conecta con las realidades de la precarización y la desregulación que ya se discutía previamente en torno a las tareas docentes en la virtualidad.

–¿Puede este escenario adelantar un cambio en las maneras de enseñar en la Argentina?
–Sin duda este escenario es una instancia de demostración de potencial y de puesta en valor de los procesos educativos mediados técnicamente. Pudimos articular propuestas de adecuación a la modalidad virtual porque ya existía un rico sustrato de experiencias y personas formadas, como docentes pero también como estudiantes de propuestas de educación a distancia. Como efecto de mayor proyección podríamos decir que si logramos superar la tendencia a reproducir la experiencia del presencial en la virtualidad, la solución “videoconferencia en el horario de clase”, la modalidad desplaza el rol del docente como transmisor de información hacia el de dinamizador de procesos de aprendizaje. Si la experiencia de enseñar virtualmente en docentes habituados a la clase presencial motiva innovaciones en torno a nuevas estrategias para acompañar el aprendizaje de sus estudiantes, sí habrá transformaciones en las maneras de enseñar, cuando podamos elegir.

–¿Qué diferenciación puede hacerse según los niveles de enseñanza?
–Una diferencia central es la intermediación requerida a las familias en el nivel inicial y el primario y, en menor medida, en el nivel secundario. Esa intermediación profundiza la problemática de la brecha digital y desempodera a la escuela como agente de movilidad social. Otra diferenciación importante, que se acentúa en los niveles mencionados, pero se encuentra presente como problemática disciplinar en el nivel superior, es la dificultad específica que supone la virtualización de la enseñanza de ciertas disciplinas. Todas aquellas que implican performatividad de algún tipo, donde la virtualización requiere equipos y competencias técnicas de mayor nivel (registrar audiovisual, editar, compartir), y en algunos casos, sigue siendo una mediación insuficiente para dar cuenta de lo que debe ser enseñado, o la demostración de lo aprendido.

–Como miembro del Sistema Institucional de Educación a Distancia de la UNVM, ¿qué balance hace de su aplicación en el sistema universitario? ¿Se cuenta con la infraestructura necesaria?
–En el caso del SIED-UNVM, nos encontramos en etapa de implementación inicial desde que fue aprobado por CONEAU en octubre pasado, y se estaban trabajando las condiciones necesarias para la implementación de las primeras carreras en modalidad a distancia en 2021. Se hicieron experiencias piloto de los módulos comunes del ingreso 2019 y 2020, y se virtualizó una parte del módulo de Química del Ingreso 2020 en la carrera de Medicina Veterinaria con muy buenos resultados. Se hicieron formaciones para tutores, como el nuevo rol docente de apoyo, clave en la virtualidad, y que ha resultado ser muy valioso en el proceso de adecuación que inició la secretaría académica por el ASPO. La pregunta por la infraestructura es compleja: en términos absolutos podemos decir que no contamos con la infraestructura requerida para el uso que estamos haciendo hoy. De forma relativa, la infraestructura existente está acompañando la inusitada escalada en la demanda de forma aceptable. En el caso de la UNVM, el Campus Virtual multiplicó por 10 aproximadamente la cantidad de aulas y triplicó la cantidad de usuarios, con un nivel de actividad permanente, y la infraestructura no ha tenido mejoras significativas, solo optimización de lo disponible y la eficiente automatización de procesos llevada adelante por la coordinación técnica del Campus Virtual.

–Muchos padres, de primario sobre todo, consideran que falta el soporte áulico, puesto que las instituciones recurrieron a textos, consignas y tareas. ¿Cómo se puede encarar una clase mediada por la tecnología?
–Las enseñanza mediada por TIC antes que nada requiere repensar la práctica docente con el aprendizaje del estudiante en el centro, y en función de eso diseñar la acción docente, sin intentar reproducir la experiencia de la modalidad presencial. La relación con el tiempo se transforma en la virtualidad y será necesario flexibilizar atendiendo a los procesos, con estrategias de seguimiento y apoyo para que los estudiantes se afiancen en sus propios modos de vincularse con las actividades propuestas, en las condiciones en las que se encuentren.

–¿Cuáles son las barreras que se encuentran y cuáles los beneficios?
–Algunas barreras ya las mencionamos: la brecha digital, acceso a equipos y conectividad; y alfabetización digital, un conjunto de condicionamientos que recaen principalmente en las personas, salvo iniciativas puntuales como la liberación de consumo de datos de telefonía móvil para las IP de las universidades, para mencionar estrategias del Estado para enfrentar esas problemáticas. Los beneficios son muy claros: es la posibilidad concreta de ejercer el derecho a la educación en condiciones de ASPO. De no existir propuestas educativas virtualizadas, la opción es esperar al retorno a la presencialidad. Considero que incluso con las limitaciones y las deficiencias que se han dado estas adecuaciones de emergencia, representan alternativas saludables y experiencias valiosas frente a la inacción.

–Hace unos años participó de un libro (La educación alterada) en el que hacían mención a la relación entre las tecnologías de la información y la escuela. ¿Cuánto cambió ese panorama con el actual? ¿Qué impacto tuvo el Plan Conectar Igualdad? ¿Cuánto perjudicó su interrupción en los últimos años?
–Cuando escribimos aquel libro, en 2010, el PCI empezaba a desplegarse. Durante los años siguientes, participamos en los estudios evaluativos del PCI que realizó el Ministerio de Educación con 15 universidades nacionales. En esos estudios se veía claramente que el objetivo de la inclusión digital de las netbooks entregadas a los estudiantes se había cumplido cabalmente. Los objetivos pedagógicos empezaban a verse cumplidos, de forma parcial y estrechamente vinculados con otros factores institucionales y personales de docentes y directivos que no se daban de forma homogénea en la diversidad de las escuelas del país. Ese proceso se interrumpió abruptamente con el cambio de gestión, y para los procesos en curso representó en muchos casos su detenimiento también. Ya se vislumbraba en aquel momento la relevancia cada vez mayor de las tecnologías móviles como dispositivo de acceso principal, o único, a las TIC, reforzando la relación que propone el modelo 1 a 1, con algunas diferencias centrales, que las instituciones escolares deben atender: las limitaciones de los dispositivos móviles para las actividades de producción frente a las de consumo, y el corrimiento del Estado como igualador de acceso a la tecnología, con las consecuencias que derivan de ello en la calidad de la experiencia, o la potencialidad para el uso en educación.

–Usted planteaba que la tecnología y los medios cuestionan a la institución escuela y sostenía que las TIC son herramientas irremplazables en la gestión de la información y en los procesos de aprendizaje. ¿Esto quedó evidenciado ante el ASPO producto de la pandemia? ¿Las y los docentes estaban preparados para incorporarlas?
–Definitivamente ha quedado demostrado. Muchas de las falencias en las propuestas de virtualización que se implementen en el ASPO se beneficiarán del acceso irrestricto a la información y las competencias de búsqueda que tengan desarrolladas previamente las y los estudiantes. Los y las docentes no necesariamente estaban preparados/as para incoporarlas, muchos probablemente “descubrirán” su potencial en esta instancia. Sin embargo, es importante que recordemos que el conocimiento disciplinar y la formación en investigación, por ejemplo, representan competencias mucho más complejas de desarrollar, y que las y los docentes las poseen, por lo que estas experiencias de curar contenidos y recursos para la virtualidad tornarán evidentes esas diferencias respecto del mismo “universo” de información disponible. Son oportunidades extraordinarias para la apertura de las prácticas educativas.

–Cristóbal Cobo Romaní propone “incentivar muchas prácticas de educación no formal” y “buscar nuevas maneras de evaluar los aprendizajes que surgen desde el uso de las tecnologías”. ¿Usted cree que se logró incentivar espacios creativos en las distintas disciplinas?
–La educación no formal y la innovación en la evaluación de competencias existentes en los estudiantes se relacionan con la dificultad de las instituciones educativas para mirar por fuera de sus “rituales” e indicadores de éxito de los estudiantes, que en muchos casos no se corresponden con conocimiento realmente usable, o en el caso de la enseñanza universitaria con la vieja discusión respecto de las competencias profesionales a desarrollar, especialmente aquellas que han sido transformadas por las mediaciones técnicas. Hay muchos ejemplos alentadores de reconocimiento de estas competencias nuevas presentes en los estudiantes por parte de sus docentes, o de las llamadas profesiones invisibles, con aún escasa propuesta académica que complemente los saberes instrumentales y relacionales con fundamentos y principios éticos en los cuales los futuros profesionales orienten sus acciones con responsabilidad social. Es una tarea insoslayable para un sistema educativo formador de profesionales idóneos, pero también y antes que nada, ciudadanos responsables y solidarios.

Rodrigo Duarte
duarte.rod@gmail.com
Secretaría de Comunicación Institucional


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